El 11 de Septiembre es una fecha que figura por diferentes motivos en el calendario a sangre y fuego.

Ese día se cumplen 45 años del trágico golpe de estado en Chile y la posterior muerte de su Presidente Salvador Allende. Después sangre, sudor y lágrimas. Años de represión, tortura y muerte que afortunadamente ahora son sólo una pesadilla para recordar y evitar.

También se cumplen 17 años de otro acontecimiento trágico, el atentado de las Torres Gemelas y el Pentágono en los EE.UU. Más dolor, sufrimiento y miedo que cambiaron ese país y también el mundo. Sus consecuencias aún las estamos pagando todas y todos.

En nuestro país tiene que ver con Catalunya. Hasta 2010 era una fecha que pasaba relativamente inadvertida para el resto. Sólo alguna referencia informativa a las manifestaciones que especialmente en Barcelona se realizaban para conmemorar ese 11 de Septiembre de 1714, fecha en la que después de años de enfrentamiento los Borbones vencían a los Austrias y como el Principado de Catalunya había apoyado a estos últimos, los vencedores entraron en la ciudad a sangre y fuego.

Esa conmemoración fue bautizada como la Diada y desde entonces era un día para reivindicar el catalanismo de manera tranquila. Así fue hasta que en el 2010 adquirió un relieve de importancia y a día de hoy se puede decir que ya afecta a toda España.

Fue precisamente antes de la Diada 2010, concretamente el 28 de Junio, cuando se produce la quiebra como consecuencia de la sentencia del Tribunal Constitucional, que se pronunciaba a instancias del recurso del PP contra el Estatut de Catalunya.

Quienes participamos activamente en las Diadas 2009 y 2010 pudimos detectar con claridad, que algo muy profundo se había quebrado en la sociedad catalana con esa sentencia. En la primera sólo se vieron senyeras y ni un solo grito a favor de la independencia, al siguiente años la esteladas sustituían a la bandera oficial de Catalunya y el alboroto alterador al silencio respetuoso

Que gentes independentistas y muchos que no lo eran se sintieron agraviados, atacados en su dignidad al desactivar un Estatut que había contado con una amplia mayoría en el Parlament y en el referéndum posterior, debe hacernos reflexionar.

Qué paradoja que 8 años después se siga hablando de referéndum pero ahora de autodeterminación. En apenas unos años hemos pasado de tener a la mayoría de catalanes encantados con su estatuto de autonomía, a cabreados ahora reclamando su independencia, por lo menos el 47 %.

¿No habría sido mejor para ambas, Catalunya y España, que les  hubiéramos dejado en paz, permitiendo su andadura pacifica y no traumática por ese Estatut con el que la mayoría se conformaba entonces? Algo mejor nos habría ido a ambas.

La torpeza política, la falta de generosidad, el filibusterismo electoral, llevó a algunos a provocar ese estallido que ahora nos conmociona y afecta a todos, nos sintamos o no españoles.

Pero en esa dicotomía entre si vemos la botella medio llena o medio vacía debemos inclinarnos, al menos este 2018, en hacerlo por la primera. ¿Estamos ambas, España y Catalunya, mejor ahora que en el 2017?

Parece evidente que sí, porque en el Gobierno de Madrid están gentes dialogantes y no frentistas, mientras que enfrente el sector independentista se quiebra. Por un lado ERC y sectores influyentes del PDeCat han escogido la vía sensata y pragmática, por el otro Puigdemont, Torra y la CUP la de confrontación y choque. Incluso se detectan signos de diferencias profundas entre Òmnium, CDR y ANC como reflejo de lo anterior.

Estas circunstancias nos permiten ser relativamente optimistas y apostar y animar, en primer lugar a Pedro Sánchez y su Gobierno para que se abran vías de comunicación, puentes por los que encontrarnos al menos los más sensatos de ambas orillas de este río de aguas turbulentas.

Es necesario buscar puntos de encuentro y acuerdo, aunque quizás el primero de ellos sería favorecer la salida de los políticos presos a la calle. Junqueras puede y debe jugar un papel esencial en la resolución de este peligroso conflicto.

Vistas así las cosas este 11 de Septiembre parece que tiene una carga menor de tensión que el anterior. Ojalá acertemos en el diagnostico y la previsión. Catalunya y España pasan un primer test ese día.

Después vendrán otros; el 1 de Octubre, el juicio a los Jordis, etc. Ojalá que el próximo invierno podamos decir que lo peor ya ha pasado y el paciente, o quizás sería mejor decir los pacientes, mejoran de manera satisfactoria. De ahí a la cura definitiva quedará aún un largo trayecto, pero sería bueno comenzarlo con buen pié.

Veremos…………..

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