Este 14 de Abril se conmemora el 87 aniversario de la proclamación de la República,  después de unas elecciones municipales, en las que los partidos republicanos ganaron la mayoría, por decisión expresada por los votos y las luchas del pueblo,  lo que produjo la caída de la monarquía huyendo al exilio el Rey Alfonso XIII. Eso supuso la apertura de una fase ilusionante y esperanzadora para un cambio democrático y pacífico de modelo de sociedad, saludado con júbilo por millones de trabajadores, jornaleros y clases populares, que de forma masiva habían luchado y depositado la confianza en un nuevo régimen republicano.

Una de las primeras tareas acometidas por la República fue la batalla por la cultura, reformando la enseñanza. El acceso al conocimiento en general y  a la educación, por las masas oprimidas, venía siendo una de las principales reivindicaciones de las organizaciones obreras, junto con la mejora de las condiciones de vida y de trabajo, que eran aspiraciones legítimas de las fuerzas de izquierdas en un país empobrecido y corroído por el analfabetismo crónico.  Una vez proclamada la República, en medio de una gran fiesta popular, la clase trabajadora tomó las calles celebrando luego la reforma del sistema educativo con los primeros decretos del Gobierno.

El Ministerio trazó un plan quinquenal para la construcción de 17.151 nuevas escuelas, lo que representaba un incremento de más de un 50 % sobre el censo de entonces,  que era de 32.680 centros docentes, creándose 7.000 el primer año y 5.000 cada año sucesivo. En 1934 ya había 50.000 maestros de los cuales 34.000 estaban afiliados a la FETE-UGT. Otro aspecto de las conquistas alcanzadas era la dignificación del magisterio, junto a las mejoras salariales, completando su propia formación muy escasa hasta entonces y mermada por las trabas a la ciencia impuesta por la reacción eclesiástica dominante en el anterior régimen. 

El Golpe de Franco y sus rebeldes fascistas sofocaron en sangre al nuevo régimen democrático republicano que existió desde 1931 a 1936. Los bandazos a izquierda y derecha de los distintos gobiernos afectaban bastante a la política educativa. No obstante, los avances conseguidos,  pese a los frenos que representaba la reacción, fueron importantes. Hubo grandes controversias entre las aspiraciones de cambios y transformaciones sociales por parte de la abrumadora mayoría de la población que había conquistado la República y los intentos de la  minoría que representaba a la clase dominante de frenarlas, compuesta por los grandes latifundistas, el clero y la burguesía que continuaban los sabotajes e impedimentos con los que mantener el orden capitalista.

Por lo tanto, las fuerzas reaccionarias convirtieron este sector de la Educación en su campo de batalla preferido.  La máxima representación del antiguo régimen monárquico, encarnada en la Iglesia Católica, que había disfrutado de privilegios enormes y mantenido el sistema educativo con un modelo monopolístico, representó un potente obstáculo para poder desarrollar algunas reformas progresivas en el sector de la enseñanza, al igual que los caciques y terratenientes se oponían a la Reforma Agraria a sangre y fuego.   

La Iglesia en Santa Alianza con la clase dominante, acostumbradas a siglos de dominio ejerciendo una fuerte represión ideológica y una moral estricta en la sociedad,  abarcando todos los ámbitos de la actividad económica, social y cultural, se esforzaba con su clásico inmovilismo a cualquier avance y modernización, porque la vinculación de la mayoría del clero con la burguesía y los terratenientes era muy profunda.

En 1931, de los poco más de 25 millones de la población española, un 32,4 % eran analfabetos y más de UN millón de niños estaban sin escolarizar y desnutridos.   El clero estaba formado por 160.000 personas. La Iglesia tenía la propiedad de 9.093.400 fanegas de tierra (Una fanega: aproximadamente 4.225 m2, el espacio necesario para cultivar una fanega de grano). Según datos del Ministerio de Justicia, en 1931 había en España 35.000 sacerdotes, 36.569 frailes, 8.396 monjas que habitaban en 2.919 conventos y 763 monasterios. Estos datos eran muy incompletos, ya que siete diócesis, de las 55 existentes, se negaron a colaborar con la República en la encuesta encaminada a obtenerlos. Se calculaba que, teniendo en cuenta todas las diócesis, se podía estimar en esa cifra el número aproximado de miembros del clero secular y regular que vivían en España en 1931.

Los más destacados miembros de la Iglesia Católica vivían en el lujo gracias a sus privilegios. El cardenal primado cobraba 40.000 pesetas al año; el obispo de Madrid-Alcalá, 27.000. Los otros obispos tenían sueldos que oscilaban entre 20.000 y 22.000 pesetas.  Mientras que por otra parte, la miseria y la pobreza eran insoportables y los obreros cobraban míseros salarios en torno a 2,50  y 3,25 pesetas al día.  La explotación salvaje de asalariados y jornaleros representaba la base de la riqueza inmensa de la burguesía y los terratenientes y siempre se negaban a destinar recursos a la educación.

El analfabetismo había venido siendo utilizado por la burguesía como una herramienta de dominación, para oprimir y explotar a la clase trabajadora.   También los esfuerzos que representaba para la Institución Libre de Enseñanza, junto a la lucha de socialistas, anarquistas,  comunistas y demás fuerzas de las izquierdas en la batalla por la educación, contra las fuerzas reaccionarias, donde había sido necesario utilizar las Casas del Pueblo de UGT y CNT como verdaderos centros culturales donde enseñar a la clase obrera a leer y escribir.

Durante la república, las masas humildes seguían luchando por transformar de arriba abajo la sociedad capitalista y hubo choques entre los dos enfoques, el de la burguesía reaccionaria y el de los trabajadores y campesinos  que estaban afiliados en las principales organizaciones obreras, como PSOE, PCE, UGT y CNT, siendo la educación un campo de batalla más en la pugna por modernizar el país. La Asociación General de Maestros-UGT acordó en 1932: “La enseñanza pública, en todos sus grados, será pues, gratuita y el Estado proveerá becas de estudio para los no pudientes. La enseñanza en todos sus grados será Laica”(…).

Después del Golpe de Estado de Franco y durante la dictadura, cientos de miles maestros, obreros, intelectuales, sindicalistas y demás fuerzas políticas y sociales de izquierdas,  fueron asesinados, internados en campos de concentración, torturados,  vejados, arrojados a las prisiones y al exilio. Los que continuamos defendiendo los ideales de la República, del Laicismo, del Socialismo, del Federalismo,  queremos recuperar la Memoria Histórica que es una demanda de Justicia y Reparación para los familiares de aquellos que lucharon, ofreciendo con un valor y generosidad sin precedentes sus vidas, en su contienda contra el fascismo asesino y por una sociedad mejor.

La burguesía representada por el PP bajo la batuta de M. Rajoy, vergonzosamente se ufana en mantener a “CERO” en los Presupuestos Generales del Estado 2018, violando e incumpliendo la ley de Memoria Histórica, como en años anteriores, cuando todavía permanecen más de 114.000 cadáveres de republicanos en fosas y en cunetas, sin exhumar.  Ocultan la verdad de aquellos acontecimientos sangrientos, a la vez que subvencionan y alimentan a grupos fascistas, como la “Fundación Francisco Franco”,  que tergiversan la historia y realizan apología del fascismo.

Para millones de familiares que tienen todavía presentes en sus memorias,  aquella tragedia que representaba el combate contra una mayoría de obreros y campesinos, sometidos por el Golpe Fascista de Franco y los que les financiaron,  no pueden explicarse que siga ocurriendo esto en una “presunta democracia”,  después de más de 80 años, permitiendo la legalización  y el apoyo a los herederos de los que  no dudaron en llevar a cabo un baño de sangre para mantener sus privilegios y corrupciones, cometiendo crímenes de lesa humanidad que siguen impunes.

Toda trabajadora y trabajador,  pensionista, feminista, ecologista y progresista, afiliadas o no a sindicatos, partidos y organizaciones de izquierdas que luchamos por el bien común, debemos exigir respeto para recuperar la memoria histórica, no sólo para que resplandezca la Verdad, la Justicia y la Reparación, sino la Dignidad siempre negada por la clase dominante. Debemos aprender las lecciones del pasado y rendir tributo merecido a aquella generación obligada a levantarse contra el Golpe de Estado,  en defensa de la Libertad, la Igualdad, la Democracia, la Justicia y por una sociedad mejor y más solidaria para toda la Humanidad.

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