Hemos expuesto por activa y pasiva que Podemos, desde el momento en que rechazó la vicepresidencia y los tres ministerios de la investidura fallida, carecía de autoridad alguna para reclamarlos posteriormente. Durante la negociación, como ya hemos contado, no dijeron que querían más competencia en esos ministerios o que les cambiasen alguno por el de Cultura (como se ha visto en la propuesta que lanzaron en agosto), sino que esos no los querían, que querían otros o nada. Es una negociación y se asume ese riesgo. Todo lo que ha venido después hablando de los cargos ya es agua que no mueve molino porque se les avisó de que así sería. Tuvieron la oportunidad, tras sacar a Pedro Sánchez y su equipo monclovita de su posición de no dar nada, de no quedar en una posición subalterna y la perdieron.

La nueva fase, por mucho que insistan en pedir cargos, se basa sobre aspectos programáticos, la vuelta a elecciones (con el riesgo consecuente) o apoyar sin pedir nada a cambio. Lo programático no ha importado a Podemos hasta agosto y no parece que vayan a hacer una guerra por ello al insistir en los cargos perdidos, pero dentro de Unidas Podemos (ojo al matiz) hay una corriente que va cogiendo fuerza y que apuesta por un pacto programático o un apoyo sin contraprestaciones algunas. Anticapitalistas ya dijeron al comenzar todo que, al no fiarse del PSOE y verlo como el partido eje de Régimen del 78, lo mejor era llegar a un acuerdo programático sobre cuestiones fundamentales (derogación reforma laboral, por ejemplo) y permanecer en la oposición reconstruyendo el espacio del cambio o como pudiera llegar a llamarse eso. Esto también ha sido apoyado por un sector de Izquierda Unida, al menos el que se encuentra al lado de Alberto Garzón (y no son Yolanda Díaz, ni Enrique Santiago según nos cuentan). Entrambos y otros dirigentes de Podemos también ha comenzado a correr la idea de un apoyo sin anda a cambio y pasar a la oposición. Algo que en el espacio socialista (que no socialdemócrata) defienden personas como José Antonio Pérez Tapias y gentes de Izquierda Socialista.

Un debate sobre cuestiones estratégicas que podría servir para solucionar el dilema de si acudir o no a nuevas elecciones. Salvo que en Moncloa y la calle Princesa tengan encuestas que proporcionan 180 diputados al conjunto de ambas formaciones (que no es así ya que lo hemos preguntado), las elecciones las carga el diablo. Quien no es otro que el compendio de la desafección del votante de izquierdas (que lleva un tiempo con la mosca detrás de la oreja) y la clase dominante. Respecto a la parte importante del cuerpo del diablo, la clase dominante. Tras ver que no se pudo generar la gran alianza entre PSOE y Ciudadanos, ya tienen en mente tras las elecciones preparada mediáticamente la Gran Coalición. Harán fuerza para sacar del sistema o hacer minoritarios a los partidos que consideran innecesarios, Ciudadanos y Podemos (Vox es necesario no se equivoquen) y presionarán para que Sánchez y Pablo Casado acaben como Ricardo Corazón de León y el rey de Francia, encamados pero sin amor. Desde los medios y los periodistas más sistémicos ya han lanzado las primeras andanadas sobre la posibilidad.

En este contexto, cuando desde Podemos y otras fuerzas subsidiarias, se contempla el apoyo sin nada a cambio, al modo en que se han planteado en ERC, resulta que en el PSOE deciden que si les apoyan sin anda a cambio no lo quieren y que vamos a elecciones. De verdad ¿quién ha ideado esta estrategia en el PSOE? ¿Iván Redondo? ¿Tezanos? ¿Todos a la vez uniendo las cabezas con un tubo como en la icónica foto de Supertramp? No es comprensible ese rechazo de primeras y ha causado sorpresa en buena parte de las bases del PSOE que entienden que significaría anticipar la derrota de la izquierda y entregar el Gobierno al trifachito. Tras escuchar a Isabel Celáa, y al propio Sánchez (en el mitin de Toledo que parecía casi pre-electoral), no salen de su estupor las bases socialdemócratas que quieren ver a su presidente ejerciendo de eso precisamente. Desde Moncloa (porque Ferraz hace un año que no pinta nada) podrán dar razones de ello, es seguro que las tienen, pero no es claro que las hayan pensado bien del todo. Vayamos con algunas hipótesis que manejan en sede gubernamental.

Primera. No quieren que Unidas Podemos y todo el resto del conglomerado que apoyó la moción de censura vayan por libre. Lo que aceptan en el caso de ERC o PNV (aunque éstos rascarán lo suyo en la negociación presupuestaria), les parece inasumible en el caso de Podemos. ¿Por qué? Porque Pablo Iglesias y los suyos se pasarían toda la legislatura dando guerra y señalando los puntos débiles del día a día. ¿De verdad en Moncloa han pensado que Unidas Podemos se callarían ante lo que pudiesen ver como desviaciones neoliberales? Salvo estando en el Gobierno, y habría que verlo, no se callarán ante cuestiones que atenten contra sus propios principios ideológicos, especialmente, la rama de Izquierda Unida que por algunas no pasaría. De ahí que la importancia del acuerdo programático sea relativa. Más bien sirve para echar en cara a los otros lo que no quieren cumplir y que está firmado.

Segunda. No se fían de ellos y ellas para entrar en el Gobierno por mantener posturas, en muchos casos, extrañas a lo que de forma cínica se llama política de Estado. Gracias a Jaume Asens (como pueden ver en el tuit), de los comunes catalanes y muy cercano a Iglesias, saben que esa parte de Podemos está con el soberanismo independentista. Una vez ganada esta parte del relato, algo que no van a lograr acordar realmente porque irán por su lado los comunes catalanes, ¿qué más les da que les apoyen sin contraprestación? ¿Piensan que por poner negro sobre blanco que no habrá referéndum en Cataluña van los comunes, buena parte de IU o los Anticapitalistas a abjurar de sus propios principios, cuando en el PSOE su sector del PSC se mantiene en una posición ambivalente al respecto? No. Ni apoyar cosas de la OTAN, ni cuestiones como los acuerdos comerciales que acaban perjudicando al campo español (mientras e habla y no se para de la España rural) como el firmado con Mercosur.

Tercera. Ganarse ya el apoyo a los próximos presupuestos para aguantar dos años, al menos, con ellos si se torciesen las cosas. Que España esté sin Presupuestos es de locos sí, pero por mucho programa que exista de por medio, los presupuestos hay que negociarlos porque incluyen numerosas partidas y posibles políticas públicas, a nivel incluso local. Pareciese que hubiese miedo a negociar cosas con el resto del parlamento español. Pareciese que se quiere tener todo atado, cuando es un imposible, y no negociar con el resto de partidos no deja de ser una afrenta a la soberanía popular que allí reside. ¿Quiere el PSOE actuar más allá de la soberanía popular cual presidente bananero? Se entiende que no, pero igual en Moncloa algunos no lo tienen muy claro. En España la democracia es parlamentaria, de ella emanan los poderes y a ella se debe todo el Gobierno. Pareciera que en Moncloa, ya saben ustedes quienes, piensan en una República presidencialista con un mero control del Congreso, cuando no es así. Hay que acudir y negociar. Y si resulta que eso es cansado para ministras y ministros que dejan el paso a otras y otros que en el PSOE hay gente de sobra.

Realmente la estrategia de Redondo (curioso que un hombre de partido como José Luis Ábalos no esté en el meollo negociador) pretende subalternizar a Unidas Podemos y no dejarles ni hablar el resto de la legislatura. Algo que no es bueno por dos razones fundamentales. Una ética, no es bueno arrinconar a quien te está apoyando. Y otra democrática, pretender quitar la voz al resto es una intención sumamente totalitaria. Si ya has conseguido que nadie en el Consejo de Ministros te haga sombra ¿por qué perseguirles más allá de lo gubernamental? El camarlengo ha ideado que “acuerdo programático o nada” con esto en su cabeza. Algo que no gusta tampoco en las bases socialistas que quieren a “su” Pedro Sánchez de presidente pero, a pesar de las escaramuzas en redes sociales, entienden que comparten más con las gentes de Podemos, IU, Anticapitalistas, Compromís o ERC que con el PP, Ciudadanos o Vox. Las luchas obreras, codo con codo, y otras cuestiones del día a día en los lugares donde gobierna la derecha (que es como la santísima trinidad, una y trina) han cimentado una solidaridad de clase y de vivencias comunes que, por mucho que quiera el camarlengo monclovita, no se pueden romper.

Lo último y más sorprendente para quienes se dicen grandes estrategas, quienes no se acaban nunca de poner medallas (cuando en la realidad no han hecho gran cosa que copiar todo lo que pueden y más a los partidos estadounidenses), quienes van por la vida perdonando vidas es que no se han percatado que de rechazar que Podemos vote sí sin contraprestación y acudir a elecciones a quien perjudicaría sería a Sánchez y el PSOE. ¿Alguien en su sano juicio piensa que acudir a unas elecciones rechazando el apoyo gratuito de los demás partidos va a generar un entusiasmo enorme para volver a votar a su candidato?  Salvo que Redondo piense que los españoles son idiotas (algo no descartable), jamás podrá decir que en campaña que hay elecciones porque el resto no les ha apoyado. Si mañana sale Iglesias en televisión diciendo que votan sí gratis ¿cómo van a explicar el camarlengo y su banda de pensadores que rechazan ese apoyo y llevan al país a nuevas elecciones por culpa de quienes les apoyan gratis? Capaces son porque tienen cara para esto y mucho más, pero lo normal es que al PSOE le hiciesen pagar esa factura y le podrían llevar a la casi desaparición. Si mañana hay más de 175 votos posibles y favorables ¿realmente el PSOE rechazaría el Gobierno para ir a elecciones? Lo que pasó en 2015 se quedaría pequeño con esto y si en aquella ocasión fueron los barones, esta vez serían las propias bases. Eso sí, en Unidad Podemos tan felices y deseando que eso pase.

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