Catalunya en Comú- Podem (CeCP) ha decidido apostar por las personas antes que por las banderas. Lo social, antes que lo identitario. La revolución del pueblo antes de la nación. Y lo hacen desde un planteamiento abierto, sin esconder que sus verdaderas preferencias serían establecer un referéndum de autodeterminación con garantías y establecer un Estado libre asociado, o confederado, con España. Xavier Domènech siempre ha postulado esta opción confederal en sus escritos y sus discursos (véase su capítulo en el libro Repensar la España plurinacional de Icaria/Instituto 25M). Pero no piensa dar esa batalla antes de solucionar cuestiones que entiende primordiales. La agenda social y la soberanía popular están antes que la conformación de un Estado catalán. La solución no pasa por priorizar el Estado frente al pueblo, sino construir desde el pueblo mediante un proceso constituyente.

La elección de Domènech ya resultó acertada, como se dijo en estas mismas páginas. Frente a la ambigüedad de Colau, el candidato de los comunes aporta firmeza intelectual, moderación gesticular y contundencia en los planteamientos. Dialogante, pero firme en sus convicciones, algo que no suele verse en el panorama político. La llamada de atención a Arrimadas por sus constantes interrupciones y falta de educación en el debate de La Sexta quedarán para la posteridad. Algo gana la política cuando el político, en este caso, rompe las normas del espectáculo en que está constituida actualmente.

Y más en una situación que no es precisamente favorable en las encuestas. Admiten en Podemos que el golpe va a ser terrible en Cataluña. Unos lo achacan a no haber sabido explicar el mensaje (sector pablista) y otros al error que ha supuesto entrar en un conflicto identitario que no era parte del proceso constituyente de Podemos. Y no miren a Bescansa o Errejón, que siempre han defendido la vía populista (de pueblo) y republicanista, sino entre los propios antisistema que apoyaron a Iglesias en Vistalegre II. Entiende, con buen acierto, que el proceso constituyente que necesita España no derivará de las movilizaciones identitarias que se generan en Cataluña. Porque las personas se echen a la calle no se deriva una posibilidad de proceso constituyente.

Propuestas programáticas

Ese proceso constituyente, por cierto, es lo que quieren emprender desde CeCP como medida política. Así lo explican: “Un proceso constituyente para ganar autogobierno y establecer una relación bilateral entre Cataluña y España en el marco de un Estado plurinacional”. Más claro agua. Bien mediante la figura del Estado libre asociado, bien mediante la posibilidad de la confederación (que es más del gusto de Domènech). Eso sí, un proceso que debería tener un paso previo, una Ley de Claridad para un referéndum pactado y con garantías donde se exprese soberanamente el pueblo, que no la nación. Por eso entienden que la soberanía deberá ser compartida con España y la Unión Europea. Una soberanía multinivel que dicen los expertos.

Pero cualquier soberanía debe comenzar por el pueblo, no entes abstractos, por ello apuestan por introducir mecanismos de democracia participativa y de democracia directa según el nivel y la cuestión a tratar. Intentan implicar al pueblo en la toma de decisiones y, previo a eso, en la consideración de lo que es más importante. De ahí que soliciten la recuperación de la soberanía (popular) en cuestiones estratégicas. Pero no por tener más autogobierno y soberanía compartida se separan del resto, sino que apuestan por mantener la solidaridad interterritorial dentro del Estado plurinacional. Piden, por último en el espacio más político, la libertad de los presos políticos, la renuncia a la vía unilateral (DUI) y la derogación del RD 944/2017 para recuperar el autogobierno (la derogación del 155). Porque todo ha sido culpa de Puigdemont y M. Rajoy.

Siendo lo anterior lo más mediático, sin embargo, poco espacio ocupa en su programa electoral de 168 páginas. Un esfuerzo que se agradece, como también han hecho la CUP y el PSC, de cara a la ciudadanía. Los demás, para que se vea lo poco o nada que les importan las cosas de las personas, tienen programas reducidos y mínimos. La sanidad, que tan deteriorada han dejado los gobiernos independentistas y de la derecha, debe ser recuperada para lo público. Más inversiones y priorizar en los aspectos cuantitativos (financiación) y cualitativos (estabilidad, investigación, listas de espera, etc.). Para esto, contar con una Hacienda propia es fundamental. No se pueden financiar los servicios públicos de manera eficiente y social, si lo recaudado queda al albur del gobierno de turno, especialmente si está Montoro al frente, y el PP o Ciudadanos en general.

Y no sólo la Hacienda catalana es fundamental para unos buenos servicios públicos de calidad, sino la creación de una Banca Pública que ayude a esa reconstrucción del sector público, incluso mediante empresas en sectores fundamentales y estratégicos como la energía. Para ello, para devolver al pueblo lo que es de suyo, por tanto de todos y todas, se deberá reconocer al agua como un bien público, no privatizable. Y, obviamente, la desaparición de la corrupción política, o al menos una contundente lucha contra ella, es clave para un gobierno decente. La gente del 3% quiere formar una nación, pero nada dicen de dejar de seguir robando y de seguir en connivencia con las empresas para quitar al pueblo lo que es público.

La Escuela, la educación en términos generales, debe volver a ser pública. Una escuela catalana que, afirman los comunes, deberá ser gratuita, laica, científica, humanista, pluralista, democrática, intercultural y coeducativa. Justo lo contrario de lo que quieren las derechas (catalana y española). La inmersión lingüística es clave para la integración de los migrantes, y en ello habrá que destinar recursos. Porque una forma de exclusión social es la lengua. Y, como no podía ser de otra manera, acabar con los barracones y devolver la dignidad al profesorado es de lo primero que harían si llegasen al gobierno. Solos o en compañía de otros.

Proponen ampliar el parque de vivienda pública, mediante la apropiación de los excedentes del Frob, por ejemplo, ya que han sido abastecidos por el dinero público los bancos. O mediante otros mecanismos como la creación de agendas de vivienda y similares. También, frente a los abusos que se vienen cometiendo, proponen una ley para el control de los precios de los alquileres.

Respecto a las personas y sus relaciones en el entorno laboral. Proponen recuperar la capacidad adquisitiva de los salarios, situando el Salario Mínimo Interprofesional en 1.000 euros. Además, de una fuerte inversión para garantizar las rentas para una vida digna. Y esto se consigue con un sistema fiscal más justo y solidario. Un sistema donde aumentarían los impuestos de las rentas más altas, (50% de retenciones por encima de los cien mil euros), de patrimonio, de sucesiones y de donaciones.

El avance hacia una producción energética 100% renovable y procurar una movilidad sostenible son pilares fundamentales para luchar contra el cambio climático, y la depredación que está haciendo el ser humano con la naturaleza. Luchar contra la violencia machista y apostar por la igualdad real entre mujer y hombre son otros dos puntales claves de la apuesta programática de CeCP. Acabar con la brecha salarial, con las discriminaciones (esto ampliable al colectivo LGTBi y los migrantes), con el machismo latente de la sociedad es una batalla del día a día que no se puede dejar de dar.

Y por último, por ese carácter soberanista popular, hacen una defensa de las capacidades de autogobierno de los municipios. Como entidades más cercanas a las personas, al pueblo, deben tener una ley donde se recojan sus competencias y su sistema de financiación. De esta forma la democracia participativa y directa se podrá desarrollar mediante la activación de la soberanía real del pueblo. También, por qué no decirlo, se evitarán intromisiones de otros poderes en la gestión del día a día de las personas, como ha sucedido en el Ayuntamiento de Madrid, o sucede en algunas comunidades autónomas con el FLA.

Conclusiones.

Para un partido que se sabe no va a conseguir un buen resultado, según las encuestas y el sentir público, es complicado hacer alarde de programa. Pero desde CeCP lo han hecho y en defensa de los valores propios de la izquierda. Son, junto tal vez a PSC y CUP, los únicos que en todo este conflicto minusvaloran lo identitario para poner en primer lugar lo social, lo público, lo que interesa realmente a las personas. Y no lo hacen por carecer de intelecto suficiente, al contrario, ni por no querer mojarse respecto a lo político, lo hacen, sino porque son conscientes de que la nación no da de comer, ni provee luz o agua a las personas que están sufriendo el austericidio del PP y del PDeCAT/CDC/JpC/Pujolismo. Vamos las derechas de siempre. El establishment del capital, al que ahora se unen ufanos y raudos, los componentes de Ciudadanos.

Querrían un Estado plurinacional confederado y no lo ocultan, pero eso siempre vendrá después de poner devolver la soberanía al pueblo. No que siga en manos de entes subjetivos que no logran tomar conciencia de sí y para sí mediante procesos de objetivación suficientes. El signo de los tiempos no es identitario, el espíritu no lleva a la construcción de la nación en sí, sino que la revolución será social y popular o no será. Puede tomar un camino u otro, pero no el de un proceso de identificación excluyente de parte de esas clases populares que sufren en sus propias carnes el yugo opresor del capitalismo.

Por todo ello apuestan por la concordia entre los de abajo. Apuestan por solventar las escisiones existentes mediante un diálogo entre los perdedores de la crisis financiera y la globalización del capital, que no de las personas (como se atestigua en los grandes movimientos migratorios). Un diálogo que, tras resolver los problemas reales, se planteará en su momento aquella posibilidad de obtener la propia soberanía, mediante un referéndum claro y limpio, donde no pesen los deseos de los menos sino de los más. Porque para construir un Estado (confederado o independiente) hay que tener pueblo, y hoy en Cataluña, los comunes son conscientes de que no existe ese pueblo. Se podría añadir que hoy en Cataluña no existe pueblo, ni pueblos, sino sólo masas arrastradas por el sentimentalismo y los falsos ídolos de las tribus. Y en CeCP desean soberanía de la razón, no irracional.

Eso sí. Tendrán la posibilidad de ser claves en el futuro de Cataluña al quedar en esa posición entre las hordas secesionistas y las hordas unionistas. Su entendimiento con el PSC podría resultar clave para superar las escisiones sociales e identitarias. Ambos han apostado por la concordia. Cuestión bien distinta es que logren entenderse entre ellos y con los demás. Pero al menos supone un programa social, de izquierdas y democrático a poner en valor dadas las circunstancias. Y como sucede en el PSC, no sólo se la juega Domènech (sería el gran contravalor a Colau), sino que también en este cesto están los huevos de Podemos en el resto de España. Pablo Iglesias, por querer implicarse en demasía (es su carácter), ha puesto en juego lo que significa Podemos. Veremos que tal sale.

PS. Por algo les apoyan Vicenç Navarro y Owen Jones.

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