Si alguien tenía alguna esperanza de que Inés Arrimadas emprendiese un camino distinto al que había marcado su antecesor, es que no ha seguido la vida política de la dirigente naranja. Albert Rivera, dentro de su cuñadismo y soberbia (rasgos que han acabado con él), al menos mantenía un hilo de conexión con la realidad circundante. Mal que bien sabía el camino que pisaba aunque oponerse a los deseos de la clase dominante le han acabado costando el puesto, pero Arrimadas ni eso. No siendo aún la presidenta de Ciudadanos se permite marcar el camino de todo el partido pero en total desconexión con la realidad, con los hechos objetivos y montada en su pollo contra el mundo. Es como esas niñas consentidas que si algo no les encaja con su mundo particular, ese que se han creado en la cabeza, se ponen coloradas, lloran, protestan y acaban diciendo que el mundo se ha vuelto contra ellas. Una niña mimada que en el camino a la edad adulta carece de los mínimos mecanismos de protección que tienen las personas del común y se acaba notando.

Ciudadanos es ese partido que sigue ahí, con sus diez diputados situados en el altillo del Congreso, pero que cada vez más resulta molesto al resto. No porque ejerzan de conciencia de la derecha, del país o del liberalismo (eso sería algo bueno), sino porque están todo el día metiendo el ojo a los demás sin gracia alguna. Ahora le ha tocado al PP sufrir a la niña mimada (esa a la que llevaron a Bilderberg por si sonaba la flauta). Piensa Arrimadas que su partido tiene la fuerza suficiente para hacer torcer la voluntad de un partido que no les necesita para nada y que bastante tiene con lo que hay a su derecha. De hecho, salvo El Confidencial, nadie hace ya caso a sus propuestas de alianza electoral para las próximas elecciones en Euskadi o Galicia. Nunca han tenido gran respaldo en esos lugares y la caída a los infiernos de la nimiedad ha provocado que sean un partido extraparlamentario y molesto. ¿En qué momento ha pensado Arrimadas que Alberto Núñez Feijóo necesita de su apoyo para vencer el Galicia? Las encuesta ya le pronostican una victoria por mayoría absoluta sin necesidad de tener colgado del hombro a nadie. Es más, unirse a Ciudadanos puede provocar hasta que pierda votos y la mayoría. ¿Está haciendo Arrimadas el juego al BNG y al PSOE? No, es que es así de soberbia e incapaz de ver la realidad. Lo normal, incluso, sería que el presidente de la Xunta acabe captando el voto naranja.

Lo mismo puede decirse de lo que acontece en Euskadi. Jamás han llegado al 3% del voto en aquellos lares. Son una fuerza residual por no decir inexistente. Pero eso no arredra a Arrimadas para pedir que el PP vasco haga una alianza con ella y los que cuatro que quedan en su partido. Por el bien de España y contra los populismos y los nacionalismos dice la mujer. ¿En qué momento ha pensado que Alfonso Alonso necesita de sus tres votos? Como sucede en Galicia, formar una plataforma nacionalista-españolista con seguridad les quitaría votos. Y no están en el PP como para regalar los pocos que les van quedando en Euskadi. El pueblo vasco es muy suyo y no le suele gustar que les quiten sus instituciones históricas, se sientan españoles o vascos. Eso lo saben en el PP y no van a permitir que una unión con los naranjas les deje fuera de las instituciones y pasen a ser extraparlamentarios. Lo curioso es que, apoyada en la lástima que sienten algunos medios de comunicación (que ha recibido la noticia de que la clase dominante sólo quiere un partido) por su partido, insista en el error de pedir alianzas donde Ciudadanos resta antes que sumar.

Como no podía ser menos, Juan Carlos Girauta se ha sumado a ese “no te ajunto si no haces todo lo que quiero” y ha escrito que o pacto en todos los lugares o en ninguno. Y va a ser en ninguno. En el PP tienen claro que en Galicia y Euskadi no les necesitan. Mientras, en Cataluña están recuperando posiciones, no de forma geométrica, y unirse a Ciudadanos supondría que muchos de sus votantes llenasen las urnas de votos para la ultraderecha. Arrimadas y Girauta lo que desean es pillar cargo en Galicia y Euskadi, donde no los han tenido jamás, ni los tendrán y que no se note demasiado la tremenda bajada que ya les pronostican en Cataluña. No es un intento de relación donde ganan ambos, sino donde sólo gana Ciudadanos. Han pensado que en el PP son estúpidos y se han encontrado con que los estúpidos igual están en la calle Alcalá de Madrid. Tan en descomposición están que ni alguien con algo de cerebro como Luis Garicano ha intervenido en tamaña fechoría política. No aceptar el destino en el que te ha puesto la ciudadanía es preocupante, pero situarse fuera de la realidad, del contexto y de la correlación de fuerzas es hacerte el harakiri con un cuchillo de sierra. Aunque realmente España bien puede vivir sin Ciudadanos.

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