Es una hipótesis. Una mera hipótesis producto de la concatenación de diversas noticias y acciones tanto a nivel español como global. Pueden pensar que es una más de las teorías conspirativas que suelen circular por las redes sociales (por cierto muy bien lanzadas en su mayoría por la extrema derecha), pero la realidad es que hay informaciones que si se juntan, se comparan con acciones políticas y se les intenta dar sentido en común suelen acercarse a una realidad que nos ofrecen los medios de forma compleja pero afecta a nuestras vidas. Curiosamente el núcleo irradiador de muchas de estas noticias que suelen ofrecer de manera aislada los medios de comunicación tiene un protagonista: José María Aznar y las personas que mandan sobre él a nivel global. Porque el ex-presidente, más allá de la importancia que le quiera dar a la acción política actual, es un lobbista de la clase dominante a nivel global. Es el esbirro de los poderosos para múltiples trabajos que intenta desempeñar con el mayor esmero y la mayor ganancia posible (que no sólo de ideas vive el hombre y toda su familia).

Dejando a un lado sus tejemanejes en América Latina, donde actúa del brazo de Álvaro Uribe y Mario Vargas Llosa para conseguir que la región se mantenga bajo el dominio de EEUU y sea, a la vez, el lugar de extracción de materias primas, Aznar también se ha movido lo suyo dentro de Europa. En primer lugar, actuando en contra del posicionamiento de la Rusia de Vladimir Putin intentando establecer un cordón sanitario al gigante ruso. En segundo lugar, moviéndose contra todo aquello que sea perjudicial para los intereses de EEUU y del lobby sionista que tan bien le cuida. Respecto a establecer un cordón a Putin y sus redes de espionaje o mediáticas, pese a que delante de él le ha calificado de amigo, ha sido Aznar el que ha defendido a Viktor Orban, a la extrema derecha ucraniana y a demás elementos autoritarios (lo que los científicos postmodernos califican de iliberales). En sus think tanks o fundaciones internacionales (como Concordia o Friends of Israel Initiative) están políticos de Polonia, Eslovaquia, Chequia o Letonia, incluyendo al gran negacionista del cambio climático Václav Klaus. Es el hombre de EEUU, del Imperio si lo prefieren, para temas de Europa Oriental.

¿Qué tiene que ver todo esto con España? Aquí es donde intervienen las noticias sueltas que acaban encajando. Lo que han ofrecido los medios de comunicación hasta la fecha ha sido el aumento de la influencia de Aznar en el PP. Si con Mariano Rajoy desvinculó su Fundación FAES, ahora ha vuelto a manejar los hilos desde la trastienda. No sólo son los nombramientos de Pablo Casado auspiciados, más bien impuestos, por el ex-presidente, sino el cambio de rumbo ideológico y estratégico. Cuando Isabel Díaz Ayuso habla y no para de libertad y bajada de impuestos no es tanto por los supuestos beneficios económicos que eso pueda reportar (lo importante es el significante elegido independientemente del significado que llegue a tener), sino porque desde hace tiempo la derecha global (neoliberal y autoritaria) han lanzado una campaña contra el Estado, ese al que llaman Minotauro, y todo lo que de social exista en él, y su reverso tenebroso al que califican de bioideología. Un movimiento neoliberal y reaccionario a la vez donde es evidente que existen contradicciones pero son escondidas por los medios de comunicación. Lo curioso es que lo que califican de bioideología, asumiendo pero desvirtuando el significado que le dio en su tiempo Michel Foucault, no es más que todas las cuestiones postmodernas lanzadas por las Universidades neoliberales estadounidenses para entretener a la población con debates estériles y así dinamitar la lucha de clases enredada en disquisiciones de guerra cultural. ¿No se han preguntado por qué Antonio Gramsci está tan de moda siendo un pensador comunista? En la batalla hegemónica infecunda encontrarán la respuesta.

En las últimas semanas se ha comentado, más allá de corona virus, que EEUU ha amenazado a España si utilizaba la tecnología 5G de Huawei, empresa china que compite con las estadounidenses por el control de ese tipo de tecnología. Un cierre de información confidencial que utilizan como medida de presión en una batalla más allá del dinero que puede reportar. El paso de los datos de millones de personas por las redes sociales que ampliará la red 5G, el control de los algoritmos (la CIA colabora con Facebook o Google desde hace años para controlar comunicaciones) y, por tanto, el control de los elementos que puedan desestabilizar el sistema son fundamentales en esta guerra que encubren de comercial pero que realmente es geoestratégica. El sistema capitalista en su forma más elevada, la del imperialismo financiero, está dando boqueadas porque las personas ya no invierten, no mueven el dinero como hacían antes de la gran crisis de 2008. En un mundo donde todo es pura especulación, sin materialidad en sí pues las empresas valen lo que especuladores (que los neoliberales catalogan de inversores) y eso es lo importante. ¿Creen que a Florentino Pérez más allá de cuadrar las cuentas de ingresos y gastos le importa ganar diez o doce millones más? No, realmente le importa lo que los mercados financieros digan sobre la valoración de su empresa. Si se tiene el control de las redes de comunicación, se posee el control del mundo financiero y casi del humano. Que el Gobierno español, atendiendo tan sólo a los intereses patrios, se junte a Huawei (no hay nada ideológico en ello por parte de Pedro Sánchez) supone que EEUU perderá capacidad de control. Por eso amenazan y avisan a sus perros de presa para que alerten de los posibles problemas.

Cuando todos los medios de comunicación se pasan el día hablando de Venezuela, un tema que debe importar como máximo a un 2% de la población, no es porque tengan un enorme corazón y quieran quitar a un sátrapa del poder, sino porque el Imperio estadounidense, en su disputa con China y Rusia, tiene intereses en ello. De hecho a empresas como Mapfre, Repsol o Meliá le interesa la política del Gobierno. Al PP parece que le interesa que las materias primas sean entregadas a Washington. Detrás de esos movimientos está Aznar. También Felipe González pero por motivos mucho más particulares, de amistad y jornal. Cuando el sátrapa es enemigo de EEUU se lanzan las más crueles crónicas, cuando es amigo se le alaba. De ahí que ahora se alce la voz porque Pablo Iglesias pase a formar parte de la Comisión del CNI. Se da por supuesto que el vicepresidente segundo está vinculado al espionaje venezolano, aunque en realidad sí que ha estado relacionado con el ruso. Le suponen que la información que reciba la transmitirá a los “enemigos de la libertad” dudando de su lealtad constitucional. Hay que hacer campaña contra Iglesias pues es un peligro dicen mientras hasta el momento se ha mostrado casi más moderado que Sánchez. Y hablando de “enemigos de la libertad” es curioso analizar que todas las derechas europeas y americanas han adoptado ese mantra de defensa de la libertad (aunque en algunos sitios es para reprimir y asesinar a 60 dirigentes de la izquierda como en Colombia) como leiv motiv de la internacional neoliberal. Desde el presidente jupiterino Emmanuel Macron hasta el último dirigente del PP utilizan el concepto (¿sabrán realmente qué significa?) para enmascarar que quieren controlar a la población, a los disidentes, a los que se sitúan en el margen del sistema, a los que piensan distinto, utilizando para ello el postmodernismo mojigato que es la nueva doctrina moral que han inoculado dentro de la izquierda y que hace el juego a la derecha.

Y si algo se les escapa de las manos la culpa es de George Soros que tiene controlada a la prensa progresista (como El Diario de Escobar), sin percatarse que el millonario no es más que la cara amable de esa clase dominante global. Tanto que comparte espacios de debate y discusión con el propio Aznar. O está detrás de algunos golpes blandos del propio sistema contra los discrepantes o incómodos. Las dos caras de Jano, el comienzo y el final unidos mediante un idealismo que sirve para ocultar la guerra larvada en que está hoy en día la lucha de clases. A nivel geoestratégico y a nivel estatal. De ahí que quieren limitar el poder estatal a la protección de la propiedad de los medios de producción y la seguridad de las personas (en realidad los mecanismos de represión del Estado como la policía o la justicia). Aznar está en centro de estas disputas mayores que tienen sus ramificaciones en España. Ahora ya tiene el mando de las operaciones de PP y Ciudadanos, como siempre intentó, y en breve tendrá a Vox (cuando sea necesario realmente). España, como elemento simbólico, es modelo para coaliciones de izquierdas que no se sometan sin protestar al poder económico, por eso Aznar dirige desde las penumbras esa rama de la conspiración global en que se encuentran embarcadas las fracciones de la clase dominante. No es que el Gobierno vaya a poner en un brete al capitalismo, pero es mejor que no cunda el ejemplo. Cuando en Francia se formó el primer gobierno entre socialistas y comunistas, en tiempos de empuje neoliberal de Thatcher y Reagan, se hizo todo lo posible para que aquello saliese mal. Hoy que un Gobierno atienda a intereses no imperiales sino propios tampoco es del gusto de quienes quieren controlar el mundo no sólo con el armamento nuclear sino con el algoritmo. Y si hace falta se meterá al país en una crisis financiera como la que está sufriendo Italia con la excusa del corona virus. Una gran conspiración que tiene a uno de los tres de las Azores en el mando. No quieren ni una Europa fuerte (se permite el control alemán por ser país aliado, pero no más), ni vínculos con aquellos que puedan llegar a controlar lo tecnológico. Hay que hacer caer el Gobierno cuanto antes y Aznar ha corrido para dirigir las operaciones.

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