La mitomanía de Pablo Casado hasta el momento se había circunscrito a temas personales (mentiras sobres sus estudios y sus viajes) y a la arena puramente electoral. Una enfermedad que tiene cura esa de mentir constantemente pero que parece haber hecho presa completamente del ser del presidente del PP. Y en esta ocasión no es porque desde la ultraderecha le estén apretando las clavijas especialmente a él. Se las aprietan todos los días y de ahí sus arrebatos autoritarios. Ayer en el Congreso, sede de la soberanía popular, Casado mintió sin presión de ningún lado, de motu propio, sintiéndose feliz con ello, sabiendo que mentía y pensando que los demás están haciendo el canelo o son tan cretinos que no se percatarían. Ayer mintió con la grandeza de quien es mentiroso, lo sabe y se crecer en la mentira.

“¿Qué dijo?”, se preguntarán ustedes. Algo que parece haber pasado desapercibido para la mayoría de los plumillas y tertulianos a sueldo de la clase dominante, que el dinero de los dirigentes venezolanos es traído a España con aviesas intenciones. No se sabe si en la valija del cuerpo diplomático (las famosas maletas), si a las cuentas de la dirigencia de Podemos o al bolsillo de alguien del Gobierno. No dejó muy claro el destino porque estaba mintiendo y lo sabe. No puede ser tan necio para lanzar esa acusación sin saber a ciencia cierta lo que dijo. Si lo fuese sería un peligro para la democracia sin duda, pero él sabe perfectamente la verdad pero la esconde con tal de intentar arañar dos votos a quienes ya le están comiendo por los tobillos. Lo primero que hay que decir es que las valijas diplomáticas, que las envían todos los gobiernos del mundo, están protegidas y son intocables. Por tanto, ni el Gobierno español, ni Casado saben qué había en las mismas. Hablar de maletas junto a dinero, u otro, sólo es parte de la mezquindad típica del PP y sus aliados mediáticos por carecer de argumentos útiles para el juego parlamentario y de oposición.

Más extraño es que haya hablado del dinero de los jerarcas bolivarianos cuando él sabe perfectamente que una buena parte de ese dinero ha llegado a España en tiempos de Mariano Rajoy. Quien además protegió a uno de los dirigentes que más dinero se llevaron. Los famosos bolichicos, que están todos en el entorno del PP e, incluso, Casado se ha visto en más de una ocasión con ellos, llegaron bajo gobierno conservador a hacer negocios en España. De la mano de los opositores al sátrapa, por cierto. Y son esos bolichicos los que, como se ha contado en Diario 16, podrían estar detrás de toda la operación de acoso y derribo a José Luis Ábalos. Por tanto miente siendo consciente de su mentira y de los tejemanejes que se trae la dirigencia venezolana con su propio partido político. Una especie de cortina de humo para esconder el pecado nada venial que está cometiendo.

Pasando al componente ético que abanderan desde el PP constantemente, hay que decir que si la mentira está penada socialmente quien debería dimitir es Casado, no Ábalos. Al fin y al cabo, en un tema que no interesa ni al 1% de la población española, el ministro no mintió en sí, sino que no ofreció la información completa. Algo normal respecto a las cuestiones de relaciones internacionales. Sin embargo, Casado lleva mintiendo desde antes de que le eligiesen, por no elegir a Sáenz de Santamaría, sin que por ello le hayan aplicado el mismo rigor ético. Si el presidente del PP dimitiese como señal de dignidad, de coherencia ética y de asunción de la propia culpa, estaría obligando a Ábalos a dudar y plantearse la salida del Consejo de Ministros. Pero como la ética en el PP siempre es para los demás; cuando las dimisiones sólo se producen cuando los llevan esposados a comisaría; cuando mentir debería estar inscrito en el lema partidista; no tienen la más mínima capacidad ética y moral de pedir dimisiones por mentir. Realmente si dimitiesen todos los políticos que mienten o no dicen la verdad habría una buena limpia. Hay que preguntarle a Casado ¿piensa usted dimitir pos las constantes mentiras? No esperen una respuesta afirmativa, en su mundo mental él es perfecto y ha viajado a Harvard.

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