Sorpresa de última hora en el PP. No sólo se han avenido a unirse a Ciudadanos, un partido extraparlamentario y carente de apoyo alguno en Euskadi, sino que tras defenestrar a Alfonso Alonso se ha atrevido a nombrar a Carlos Iturgaiz como candidato al Lehendakaritza. Pablo Casado ha decidido liquidar lo poco que había de moderación en el PP, salvo tal vez Alberto Núñez Feijóo, y lanzarse a una carrera por ver quién la dice más salvaje, quién es más radical y quién acaba antes en el contenedor de la historia. En el PP a estas horas se preguntan: ¿qué hay en la cabeza del presidente para hacer y deshacer de esa manera tan nefasta para el propio partido? Nadie tiene la respuesta porque lo que hay en la cabeza de Casado no lo sabe ni él mismo. Parece tener un elfo dentro que le dice cosas y así actúa porque la realidad es que es incomprensible eliminar al candidato que podía mantener el tipo en Euskadi por uno que no gusta desde hace años.

El sábado el ex-ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo, dijo una gran verdad: “Desde que no nos matan ya no tenemos discurso”. Da igual que éste sea más liberal, más conservador o más anarcoliberal, pero un discurso reconocible y una capacidad medianamente racional en la forma de actuar, habría que añadir. La realidad es que la imposición de la coalición con Ciudadanos, para la futura refundación de la derecha, que ha solicitado la clase dominante, ha provocado momentos de pavor en Casado. Se sabe una marioneta del poder fáctico y de José María Aznar, que es lo mismo que decir de los poderosos lobbies atlantistas e imperialistas. Sí porque el padre de la refundación de la derecha es Aznar, el mejor esbirro que han tenido en EEUU para sus juergas imperiales allende las fronteras de su país, quien no hace mucho afirmó que ese era el camino a tomar. No porque a Aznar le importe la casa común de la derecha, sin él al frente todo le parece menor, sino porque es un mandato imperativo mucho más potente que el kantiano. El poder de clase ha hablado y hay que ejecutar sus deseos, por lo que el ex-presidente del Gobierno ha aprovechado para colocarse él al frente y ver qué puede rascar (para él o su familia).

Iturgaiz es otro de los mimados por Aznar desde hace años. El profesor de acordeón, que lleva años de cargo en cargo, ha llegado a votar en favor de Viktor Orban (otro defendido por Aznar) y su estado autoritario cuando en el Parlamento Europeo se le quiso quitar el derecho de voto por vulneración de los principios básicos del Estado de derecho. El único del PP que lo hizo y que da buenas muestras de por dónde van los tiros del PP casadiano. Al carecer de discurso ya que ninguno de sus dirigentes tiene un mínimo de capacidad intelectual para ello, se ha lanzado al odio y las estrategias del aznarismo de odio contra el Gobierno. Hasta se ha refundado un segundo Sindicato del Crimen periodístico para apoyar esa campaña y favorecer a la derecha, igual más a Vox. Ahora nada mejor que poner a otro de los esbirros de Aznar al frente del PP en Euskadi para que pida la ilegalización de ETA… ¡Ay que ya no existe! Da igual pedirán algo parecido y se entregarán a insultar al PNV y a quien ose aliarse con ellos en el gobierno vasco (seguramente el PSE). Llevar la bronca a todos los parlamentos regionales derribando hasta el propio sistema y constituir un Gobierno autoritario.

Alonso representaba la moderación de las formas pero la contundencia de los principios del PP. Alguien que no caía demasiado mal en Euskadi, teniendo en cuenta que siempre van a caer mal los dirigentes del PP. Es cambiado por un asustaviejas que lo único que puede provocar es que acabe desapareciendo el PP, junto a sus amigos de Ciudadanos que ya de por sí eran un cero a la izquierda. Ese cambio, más allá de un “aquí están mis coj…” por haberle salido respondones en Euskadi, es a peor sin dudarlo. Pero es que además muestra que Casado es un “machote” con los débiles (Alonso) y un “mierdecilla” con los que tienen poder (Núñez Feijóo). Porque con el gallego no se ha atrevido y eso que le ha dicho claramente que no se junta con la banda de Ciudadanos. Una muestra más de la inutilidad que muchos en el PP han visto en Casado. Teledirigido por Aznar y el aznarismo que creían haber purgado en tiempos de Mariano Rajoy, Casado lleva al PP a la completa desaparición en Euskadi y Cataluña a este ritmo. Por haberse portado bien ya le conseguirá su jefe Aznar “un algo” incluso en Harvard, pero el de verdad, no el de Aravaca.

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