Si no se piensa como ellas y ellos, se es fascista. Si se les dicen las verdades del barquero, se es fascista. Si se es de izquierdas, se es fascista. Si se es gay, se es fascista. Si se es lesbiana, se es fascista. Si se es transexual, se es fascista. Si se es de derechas, se es… ¡Ah no! Si se es de derechas no se es fascista, paradojas de la mente naranja, salvo que se sea del PNV o de JxCat, entonces se es más fascista que nadie. Todo el mundo es fascista si se les lleva la contraria, sin importar si ellas y ellos han insultado, por acción u omisión, o si sus principios les llevan a mancillar las luchas populares. Así es el pensamiento totalitario de Ciudadanos, si les haces caso eres de los suyos, pero, si no, entonces eres un fascista.

La estupidez de llamar fascistas a los discrepantes, como ha hecho Inés Arrimadas, no es nueva en el repertorio de Ciudadanos. Lo han hecho o intentado hacer a lo largo y ancho de España. En algunos sitios les han dado cobertura mediática pese a no tener enfrente a nadie que les dijese algo en sí, como pasó en el País Vasco o en Alsasua, se han inventado historias, pero en otros como sucedió en Valencia el invento no funcionó. Pero que lo han intentado, lo han intentado. Allí donde sepan que hay alguien que piensa distinto a ellos y ellas, que es la mayoría de los españoles y españolas allí que van a montar el pollo. Su vida política, como hemos dejado por escrito en otras ocasiones, es destilar odio, crear una bronca permanente para ganar dos minutos de televisión, hacerse las víctimas u ocultar que no tienen en sí programa más allá de lo que les impongan los lobbies y el establishment.

Lo que sucedió en el Orgullo es culpa de Marlaska, según han inventado en las mentes inquietas y totalitarias de Ciudadanos. Y todo porque el ministro les dijo que si pactan con homófobos normal que no les dejen tener carroza. Porque todo el lío viene porque les prohibieron tener carroza donde pavonearse, donde hacerse el guay, donde hacer el cuñado en resumidas cuentas. Como no les dejaron, pues se enfadan y van a montar el pollo exagerando, difundiendo bulos y mintiendo sobre lo que les ha pasado. Ya tienen a sus amigos para difundir las mentiras, como están desmontando en las redes sociales, y saben que en el conflicto permanente no desaparecen, es decir, crear un clima de inestabilidad que les permita llegar al poder. Está todo inventado y paradójicamente quienes acusan a los demás de fascistas están utilizando las mismas técnicas que utilizaron éstos. Por ejemplo, las personas que utilizaron el “Cuento de la criada” como acción de protesta han declarado y han emitido un comunicado donde explican que se les insultó desde la formación naranja.

Lo curioso es que son los únicos que defienden con contundencia esa explotación de la mujer que se llaman vientres de alquiler. Había dos o tres carrozas de defensores de la explotación de la mujer. Pero así lo hacen de mal que no cuela al juntarse con homófobos declarados. Albert Rivera, que debe andar triste porque le ha dejado Malú (algunas personas dirán que bastante ha aguantado la mujer), es el cuñado (o cuñada) que arma el lío gordo dentro de la familia y luego se presenta como el salvador. No entienden la política más que en el sentido amigo/enemigo y, como se ve día a día, cada vez le quedan menos amigos.

Otra paradoja es que llaman fascistas a todos los que tienen nula o escasa relación con el fascismo. Intentan, porque es un significante duro, desprestigiar al contrario con esa palabra, pero a la par la dejan sin sentido porque siendo todos fascistas, menos los fascistas, pierde el sentido de señalamiento como autoritario, tradicionalista y peligro para la democracia. Por muy estúpidos que piensen que son los españoles y españolas, que no lo serán tanto cuando no les votan mayoritariamente, a comprender que la izquierda no es fascista llegan. Es más, hasta los verdaderos fascistas, esos que pululan por el PP, Vox o Ciudadanos, hasta se pueden sentir ofendidos ante tamaño desprecio. “¡Que les llame comunistas!” pensarán. Normal que se marchen a paladas de la formación naranja porque han entrado en un limbo político que les lleva a calificarse de una forma (liberales, lo que supone un insulto a los liberales) y actuar de otra.

Por mucho que Juan Carlos Girauta intente adornar sus actos de una pátina de intelectualidad (¡Fíjense que Girauta es el intelectual!), a todo el mundo le queda claro que están en política para servir a sus amos: los lobbies internacionales (armamento, sionistas, petroleros, etc.) y a los señores y señora del Ibex-35. Incluso están logrando que el PP de Casado, ¡ojo al dato!, parezca hasta más moderado. Pero juntarse con Vox es lo que tiene, siempre acabas manchado. La batalla por el relato, esa estupidez que se han inventado los comunicólogos y los politólogos de pensamiento pobre para ganarse unos euros, no se puede ganar nunca si los actos no encajan con las palabras. A Errejón le ha pasado en más de una ocasión y a Arrimadas siempre. Cuando desestimaron presentar la candidatura de la jerezana para presidenta de la Generalitat cavaron su tumba. No comprendieron que hay derrotas que suelen significar una guerra ganada. Y todo porque en Ciudadanos se mueven al son de las encuestas y las ensoñaciones de su dirigente máximo. Y como funcionan de este modo, new age eso sí, todos salen como zombis a decir la misma frase. Toda España es fascista menos los pocos amigos que les quedan, el PP y sólo a veces no es fascista. Paradojas de la Historia.

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