Justo en la semana en que el Orgullo LGTBi va a protagonizar el desfile típico por las calles de Madrid, Ciudadanos intenta congraciarse con el gaycapitalismo patrio presentando su iniciativa legislativa sobre los vientres de alquiler. No es que no lo hubiesen intentado antes, que lo hicieron y se rechazó, sino que lo utilizan como moneda de cambio para quedar bien, en una muestra más de cuñadismo ideológico, con el potente lobby gay. Patricia Reyes ha sido la encargada de presentar la muestra más palpable de lo inmanente en Ciudadanos, más allá de proclamas: bajo el capitalismo todo se puede comprar y vender, tan sólo hay que saber encontrar el precio adecuado. Y ese todo incluye a las mujeres, cuyos aparatos reproductivos deben ponerse al servicio de la causa del dinero.

Intentan desde Ciudadanos vender los vientres de alquiler como algo altruista aunque incluyen una especie de compensación por las molestias, lo cual no deja de ser sino la puerta de entrada para la compra/venta de bebés. Si durante el franquismo, por poner el ejemplo español, las familias pudientes compraban bebés a monjas y médicos conchabados en el negocio, en la actualidad Ciudadanos quiere que cualquier mujer pueda ejercer de receptáculo de los deseos de quienes tienen dinero para comprarse un hijo.

La libertad de las mujeres para hacer con su cuerpo lo que deseen nos venden desde la formación naranja, o desde las agencias de consecución de bebés por el mundo, o desde lobby gaycapitalista, que es el que interesa realmente a Ciudadanos pues las familias formadas por hombre y mujer son escasas en esta situación en comparación con las otras familias. Intentan transformar en derecho un simple deseo, como hace todo el capitalismo en sí por cierto, en una situación donde la mujer es explotada completamente. Hace años ya advirtió Friedrich Engels que el capitalismo intentaría prostituir y utilizar a las mujeres de los pobres y ahora en Ciudadanos le dan la razón.

La propuesta de Ciudadanos curiosamente es una copia de la Iniciativa Legislativa Popular que presentaron la Asociación por la Gestación Subrogada y Son Nuestros Hijos (gracias por el apunte a Gemma) donde la consanguineidad ya es permitida (una hermana puede parir el hijo de su hermano) junto con el pago por las molestias, que es la forma de abonar el precio del bebé. Explotación reproductiva que será rechazada por el PSOE, salvo que las Juventudes Socialistas (o mejor dicho Senectudes) y el lobby gay hagan suficiente presión y entren las dudas, por una parte de Podemos, por el PP, por el PNV y por Vox. Una iniciativa que no tiene visos de avanzar legislativamente pero que sirve a Ciudadanos para intentar ganarse un buen número de votos del lobby gaycapitalista (nada que ver con ese movimiento de defensa de los derechos civiles por el que luchó Shangay Lily por ejemplo) y quedar bien ahora que sus socios de Vox andan pidiendo los nombres de personas LGTBi y diciendo que el Orgullo vaya lejos de las miradas de las personas “normales”. Una forma de hacer cuñadismo ideológico siempre en favor de la explotación capitalista que es la norma en la casa de la calle Alcalá.

Cuando el Parlamento está sin actividad e igual no la tiene esta legislatura, Ciudadanos intenta volver a tener amistad con el lobby LGTBi potentado, el que mueve en los medios las demandas, el que maneja todo el cotarro y quiere elevar a derecho el deseo de tener hijos más allá de las imposibilidades físicas. Podrían adoptar, como hacen muchas parejas gays y heterosexuales, pero el deseo es que sean genéticamente propios y por ello el deseo les lleva a explotar a las mujeres. En granjas ucranianas, estadounidenses, indias o españolas que es lo que quieren. Aprovecharse de la pobreza de la mujer, que no es otra cosa que aprovecharse de la necesidad determinada por la clase social a la que se pertenece (algo que se oculta siempre), para cumplir un deseo personal similar a comprarse un coche o el último móvil que esté más de moda. En Ciudadanos saben que estar a bien con el lobby gaycapitalista supone tener buena prensa en los medios de comunicación y apoyar los vientres de alquiler no contradice sus principios de llevar el capitalismo hasta el último lugar donde se pueda sacar un euro de beneficio. Como ha explicado recientemente Ken Loach hasta hace poco había límites compartidos por todos sobre hasta dónde podía llegar la explotación humana, hoy eso ya no existe y se quiere llegar hasta lo más íntimo y profundo. Hoy es la compra/venta de bebés, mañana la de órganos.

Esto es el feminismo liberal, someter a la mujer a los dictados del mercado para satisfacer los deseos de cualquiera. Utilizan argumentos utilitaristas cuando afirman que así se consigue mayor felicidad porque las personas consiguen un hijo genéticamente propio y las madres reciben una pequeña compensación por las molestias ocasionadas al llevar dentro un bebé durante nueve meses, eso sí, bajo una gran cantidad de condicionantes y exigencias que debe cumplir a rajatabla y así entregar a la criatura nada más dar a luz en perfecto estado. Como pasaría con un móvil, nuevo a utilizar. Eso sí, si el niño viniese con algún defecto que no gustase a los padres, estos podrían devolverlo como si fuese un frigorífico, y/o provocar que la madre abortase. Como se puede comprobar los del feminismo liberal apoyan que la madre de la criatura carezca de decisión sobre el bebé salvo ser una especie de horno en el que se cocina el bollo a consumir por quien pueda permitírselo. COGAM, que firmó un manifiesto en favor de los vientres de alquiler, seguro que empieza a mirar con buena cara de nuevo a Ciudadanos y les deja pasearse por el esperpento en el que se ha convertido el desfile del orgullo gay. Cuando no deberían permitir partido político alguno si no hubiese intereses cruzados. Pero el dinero manda.

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