El discurso de unión de las fuerzas del cambio, que ha estado lanzando durante todo el fin de semana del 39° Congreso, no ha encontrado la receptividad deseada en las filas de Ciudadanos. Ya había advertido Albert Rivera que era complicado negociar con los que cantan La Internacional, y este mismo fin de semana Carlos Carrizosa, como no podía ser, ha ratificado las palabras de su jefe de filas. Con el PSOE de la plurinacionalidad nada que hablar.

Todo lo aprobado por el PSOE en su Congreso es, para Carrizosa, producto de una cesión “a las tesis de un PSC cada vez más irrelevante” y también para  “taponar la vía de agua que el partido socialista tiene con Podemos”. Se han separado, desde su punto de vista de la progresía, o lo que entiende Ciudadanos por progresía y que nunca explican. También Fernando de Páramo se ha distanciado del PSOE claramente: “la solución a la crisis interna del PSOE no puede ser echarse a manos de Demoliciones Iglesias, podemizarse e intentar sumar con los partidos separatistas”.

En el discurso de Pedro Sánchez se ha hecho un llamamiento a las fuerzas del cambio para echar al PP corrupto de Rajoy del ejecutivo. Ha apelado a un diálogo que en Ciudadanos no quieren ni escuchar. Para ellos es tabú cualquier pacto con Podemos o partidos que levanten el puño. “Si el señor Sánchez ha perdido su escaño, no es problema de los españoles ni vamos a poner el país patas arriba por ello” ha dicho Rivera. Dejando de lado el escaso respeto a las tradiciones que no son suyas y que ya ha sido denunciado en estas páginas, Rivera ha dejado claro que o Sánchez vuelve a la senda de la investidura fracasada, o no hay nada qué hacer. Tan sólo esperar a unas nuevas elecciones donde la ciudadanía se pueda expresar: “Ciudadanos es un partido que quiere gobernar España y ganar a Rajoy en las urnas, no en los despachos”.

A diferencia de Podemos que se ha mostrado dispuesto a escuchar a los socialista, desde el partido naranja no ofrecen ninguna esperanza a una moción presentada por el PSOE. Son conscientes que es la salida de Sánchez frente a tres años de dirección de su partido desde su despacho de Ferraz y fuera de los lugares decisorios, como ya expuso Diario 16 Mediterráneo. Sin embargo, detrás de esta táctica hay diversos componentes tácticos e ideológicos del partido de Rivera que impiden cualquier vía de diálogo más allá de apoyos a “sus” propias propuestas.

La ideología del Ibex 35

Cualquier giro hacia posiciones más expansionistas o intervencionistas en la economía choca frontalmente con la postura de Ciudadanos. El “programa” aprobado en el reciente cónclave socialista se aleja en muchos aspectos de lo que quiere Rivera para España. O más bien lo que desea el Ibex 35. Porque la ideología de Ciudadanos no dista mucho de ser la propia de los poderes fácticos del país. No en vano les han financiado y apoyado desde sus medios de comunicación. Sólo se admite gasto expansivo si los beneficiados son los empresarios (emprendedores dicen ellos) o algún lobby importante de aquí o acullá. Por eso el apoyo de Aznar a Rivera desde FAES, dependen de los mismos.

Las medidas que pudiesen acordar PSOE y Podemos en materia económica no son admisibles para Ciudadanos. No tanto porque sean producto del “populismo” sino porque son producto de una ideología radical que ellos no comparten. Ellos prefieren que las mujeres hagan negocio con su cuerpo, por ejemplo, mientras que socialistas y podemitas se muestran contrarios a los vientres de alquiler, pese a las presiones del lobby gay. El PSOE entiende la vida no sólo como negocio, al menos en el papel, mientras que para Ciudadanos todo es negocio. Un negocio lucrativo para los grandes empresarios españoles, muchos de los cuales viven del Estado precisamente.

Más intervencionismo y más impuestos de los tolerables, según el pensamiento de la coalición dominante, no es posible. Bien que han estado financiando la campaña contra el impuesto de transmisiones patrimoniales en Andalucía y Asturias, por ejemplo, una campaña que ha sido fielmente seguida por Ciudadanos. Rivera no se va a mover de los dictados de su verdadero amo, el poder del dinero.

La falta de visión de Estado en Cataluña

Han bramado las tropas naranjas este fin de semana cuando el PSOE ha aprobado la calificación de Estado plurinacional de España. Cuentan las malas lenguas que se ha visto espuma en las comisuras de Rivera, Carrizosa, Girauta o Arrimadas cuando se han enterado. Para Ciudadanos, España sólo puede ser una nación (¿grande y libre?). No es que el PSOE tenga clara su postura respecto a Cataluña, no se lancen campanas al vuelo. El propio Sánchez ha declarado que en el tema catalán seguirán los dictados del gobierno de Rajoy. Pero ese reconocimiento acerca más al PSOE a un sentido de Estado.

Si la nación, según la vieja tradición liberal, es un plebiscito de todos los días, no se puede considerar que en España sólo exista una nación. Hay ciudadanos que entienden, desde su autodeterminación individual y grupal, algo que el liberalismo y la Ilustración deseaban, son parte de otra nación. Tampoco España es una nación de naciones, ni un país de países. Son conceptos ininteligibles. España es un Estado que tiene varias naciones, siendo la mayoritaria la española.

Esto es incomprensible para Rivera y su muchachada. Para ellos la nación viene determinada por lo que dice un papel o un decreto ley. No hay más nación que España y el resto son expresiones falsificadas de tradiciones culturales. El problema en todo esto, y que también le sucede al PSOE, es que no saben separar el concepto de nación, del concepto de Estado o de Soberanía. La nación puede existir, tal y como recoge el concepto de plurinacionalidad, pero no tener un Estado. Puede haber una sociedad política, pero no un Estado. Si en vez de hacer marketing estudiasen un poco en profundidad igual no cometían estos errores.

El caso es que, tras la declaración del PSOE, para Ciudadanos se ha pasado una raya roja (desde su incomprensión e incultura política) que haría difícil cualquier acuerdo para desalojar a Rajoy. No sólo hay diferencias económicas, sino también conceptuales. Abandonan en la formación naranja el falso progresismo y liberalismo para adentrarse en la tradición más conservadora.

La táctica electoral

Pero detrás de todo esto, evidentemente, hay una estrategia electoral. Creen en Ciudadanos que, al igual que ha sucedido en Cataluña, donde han quitado un buen número de votantes a los socialistas, podrían hacer lo mismo a nivel estatal. Piden a gritos elecciones anticipadas en Cataluña porque saben que, ahora mismo, el PSC es débil y sacarán tajada de ello. Inés Arrimadas, día tras día, pide a Puigdemont convocatoria porque saben que obtienen un beneficio. Lo de menos es resolver el problema político.

De igual forma las declaraciones de Rivera van en el mismo sentido. A Rajoy hay que quitarle mediante elecciones. Suponen que el giro, en los papeles y de boca de momento, de Sánchez hacia la izquierda les va a permitir robar unos cuantos cientos de miles de votantes al PSOE en los próximos comicios. Ya están robando unos cuantos al PP por la corrupción y ahora piensan quitarle al PSOE otros por Cataluña y el radicalismo. Eso es lo que suponen, al menos, y lo que se estila de sus palabras. Por eso alaban a Susana Díaz. “En Andalucía Ciudadanos apoya al gobierno andaluz porque aquí no levanta el puño y canta la internacional, que es lo que hace Pedro Sánchez” dijo Rivera.

Saben que frente a Díaz poco tienen que hacer y guardan la ropa. Pero la táctica contra Sánchez es distinta y se encamina a restarle votos en los caladeros urbanos principalmente. Por tanto, la petición de Sánchez de agrupar a las fuerzas del cambio también tiene un escollo electoral en Ciudadanos. No son progresistas, sino conservadores, salvo si se hablar de emprendimiento y aforamientos. En el resto no hay distinción entre ellos y el PP en las cuestiones fundamentales como están dejando ver en las últimas fechas y como respuesta al cónclave socialista.

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