Vivimos una temporada en la cual no es difícil que aparezca cierto desánimo ante el discurrir de cuestiones políticas que se abrieron a la esperanza a principios del verano. Cada lectora o lector puede sentirlo según sus inquietudes, pero desde el Foro Social Permanente en Navarra nos queremos fijar hoy en una cuestión concreta: la situación de las personas navarras presas lejos de sus domicilios y la de sus familiares. Son 40, de ellas 4 mujeres. Tres padecen enfermedades graves. 38 están alejadas -28 en el Estado español, 10 en el francés-,  una está en prisión atenuada en Navarra, otra en libertad con pulsera en el Estado francés.

Es una situación que, pese al tan bien recibido anuncio del Gobierno de Pedro Sánchez en junio, sigue básicamente igual que hace casi tres decenas de años. La política penitenciaria del Estado español hacia este colectivo de personas presas y sus familias sigue sin despegarse de la excepcionalidad que la impregna, sigue sin dar el paso de transitar de esa excepcionalidad a la aplicación flexible y humanizada de la legislación penitenciaria ordinaria que demandan instituciones, fuerzas políticas, sindicales y sociales así como una mayoría de la sociedad navarra.

Sí, se puede sentir frustración por que los pequeños avances que ha habido tras el positivo anuncio del Gobierno español sean tan timoratos y porque dos aspectos que no requieren modificar ni siquiera una coma de la legislación vigente sigan sin aplicarse: aliviar la situación de los presos gravemente enfermos y acercar a sus lugares de origen a las personas aún alejadas y dispersadas por decenas de cárceles. Aspectos ambos apoyados desde nuestro Parlamento Foral por una mayoría transversal conformada por partidos como Geroa Bai, EH Bildu, PSN, Podemos e Izquierda-Ezkerra.

La presión de los partidos de derecha, los cálculos electorales, dificultades o falta de decisión para mover el pesado aparato penitenciario… son razones que se esgrimen para esa tan lenta implementación del cambio. Pero lo cierto es que podría hacerse mucho más sólo con aplicar la legislación penitenciaria de la forma que se aplica ordinariamente, al resto de personas presas, simplemente normalizándola. Hoy por hoy, la situación genera frustración en amplios sectores sociales, y más grave aún, una re victimización de las familias de las personas presas, víctimas de una política de excepcionalidad que dura ya excesivas décadas.

Ante unas circunstancias plagadas de condicionantes, puede aparecer también la duda sobre la efectividad de los esfuerzos que se realizan en Navarra para sentar las bases de una convivencia democrática donde sean reconocidos los derechos de todas las víctimas, se comprenda el cambio en política penitenciaria como un activo en pro de esa convivencia, se vaya avanzando hacia la reconciliación y hacia una memoria poliédrica, cerrando el doloroso periodo conflictivo en claves democráticas.

Más aún cuando, en el transcurso de nuestro trabajo y actividades, hemos podido confirmar la intuición que teníamos de que en Navarra existen sectores empeñados en no dejar sentar las bases de una convivencia con garantías de no repetición. Sectores que niegan la existencia de un conflicto y, por tanto, no ven la necesidad de tender puentes hacia una nueva convivencia; cada uno desde sus posiciones, interpretan en fin de ETA desde una lógica de vencedores y vencidos.

Foro Social Permanente de Navarra

Desde el Foro Social, afirmamos sin lugar a dudas que todos esos esfuerzos son positivos, necesarios, y están dando sus frutos. Tomemos un dato significativo que lo ratifica: el consenso actual entre las instituciones, fuerzas políticas, sindicatos, agentes sociales y la mayoría de la sociedad navarra sobre la necesidad de poner fin al alejamiento de las personas presas es el más amplio que se ha alcanzado en Navarra en los últimos 40 años.

Ninguna otra reivindicación o causa ha reunido a un espectro tan transversal, trascendiendo las diferencias políticas tan notorias en otros temas. ¿Quién hubiera predicho hace dos años, por citar un ejemplo, el acuerdo parlamentario del pasado 29 de junio sobre personas presas enfermas y acercamiento, respaldado al día siguiente por notas de todos los sindicatos navarros? Cabe subrayar que este camino ha supuesto un loable esfuerzo de diálogo y acercamiento por parte de todos los agentes implicados.

Y que es un camino en el que hay que perseverar, pese a los momentos de ralentización. La acumulación de voces y decisiones cada vez más diversas y transversales es clave para mover los muros.

Desde sus orígenes, el Foro Social trabaja con la idea de construir un carril central en la resolución de las consecuencias del llamado conflicto, que acerque a las partes afectadas y en el que la sociedad civil tenga una función destacada. Tres son las piedras angulares de la construcción de esa convivencia democrática basada en una cultura de derechos humanos y paz: avanzar definitivamente en el reconocimiento de todas las víctimas de todas las expresiones de violencia; dar solución integral a la problemática de todas las personas presas y afrontar una memoria inclusiva que respete todos los relatos.

A estos retos comunes a Navarra y a la Comunidad Autónoma Vasca se añade un reto específico en nuestra tierra. Navarra tiene su propia personalidad y ha vivido y sufrido este conflicto de su propia manera. En este sentido, el Foro Social Permanente se ha marcado como objetivo que Navarra tenga más voz en esas tres cuestiones, que construya su propia resolución integral.

Así pues, en los dos años de existencia del Foro Social en Navarra hemos abierto numerosos espacios de comunicación, tanto privados como públicos, que han permitido conocer, empalizar con, y  reconocer el sufrimiento de las diferentes víctimas, el último caso, el de Sara Fernández en el Ayuntamiento de Pamplona. Se han contrastado en público opiniones de fuerzas políticas (mesa redonda del pasado 20 de junio), se realizó un encuentro con alcaldes y representantes municipales (28 de octubre de 2017)… por citar algunos.

Se han sumado voluntades, dando pasos visibles. Todo ello labrado en base al diálogo, al objetivo común de construir una sociedad capaz de superar y sanar las heridas del pasado.

En ese espíritu, quisiéramos hacer partícipe a toda la sociedad de nuestra reflexión sobre lo necesario que es que la sociedad navarra en su conjunto (sociedad civil, instituciones y partidos políticos) se responsabilice en el proceso de construcción de la memoria y convivencia de forma activa, y se comprometa.

No dejemos que los claroscuros actuales nos difuminen el camino. Es necesario seguir sumando esfuerzos para apuntalar y ensanchar definitivamente las pequeñas ventanas de esperanza que se han abierto.

Fernando Armendáriz, Expe Iriarte, José Luis Úriz

Foro Social Permanente en Navarra

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