Lo que llevaban esperando tantos andaluces y tantas andaluzas ha llegado. Al fin podrán votar si el PSOE sigue o no en el poder de la comunidad autónoma andaluza. Aquí están las Elecciones de Andalucía en 2018, sólo unos meses antes del calendario normal. Todos los partidos pedían elecciones durante casi tres años y ahora toca arremangarse y que todos expliquen a la ciudadanía andaluza lo que desean para la región. ¿Todos? No, parece que todos no lo van a hacer. En Ciudadanos y PP van a aprovechar la ocasión para hacer campaña estatal demostrando que Andalucía les importa más bien poco. Por eso en la imagen de esta crónica no están los candidatos regionales de esos dos partidos. ¡Para qué ponerlos si van a ser eclipsados día tras día por sus respectivos dirigentes regionales! Luego penarán si pierden y eso que en el sondeo del CIS son claros los deseos de Andalucía: el 70,2% dará importancia a los temas regionales.

Susana Díaz aparece como la principal candidata a renovar el poder del PSOE-A en Andalucía, aunque aún no se sabe si sufrirá el desgaste del gobierno o del desgobierno que dirían desde la oposición. Su campaña, por propia voluntad y por ello adelantó las elecciones, se centrará en la región y en lo que piensa hacer y no ha hecho. Necesita ganar y ganar bien para no ser señalada no sólo desde Ferraz sino desde su propia región. A pesar de que parece tener todo atado y bien atado, una victoria pírrica haría mover ciertos resortes del establishment socialdemócrata andaluz para dar paso a otra persona. Aunque todo dependería del comportamiento de la sede central respecto al papel a jugar por la trianera. No es el paisaje que vislumbran en ciertos cuarteles, donde se espera una victoria buena, pero están ya con el ojo avizor por si acaso.

No va a ser una campaña sencilla para Díaz pues, además de recordarle más de uno y más de dos su derrota frente al sanchismo, le van a recordar el estado lamentable de la sanidad pública (incluso con esos conciertos tan extraños y parciales que existen), los problemas de la educación (sin refrigeración, sin material mínimo como folios en ocasiones, sin equipos informáticos incluso para el profesorado, con menús de catering controlados por un veterinario), los problemas de la industria con salarios misérrimos y un sector mejorable (por mucho que venda lo aeronáutico, en Andalucía se construye no se diseña en muchas ocasiones) y así hasta la gran mentira de los presupuestos que vende todos los años como feministas. Son muchos errores, propio y por culpa de los recortes, que seguramente le echarán en cara. Aunque como no quiere debate televisivo, porque sabe que lo perdería con, al menos, la candidata de Adelante Andalucía, el efecto de controlar Canal Sur jugará a su favor.

Teresa Rodríguez y la confluencia de Adelante Andalucía parece que no va a hundirse como decían los agoreros sino que podría, incluso, ser la sorpresa de estas elecciones si capta el voto de muchos indecisos y abstencionistas de otras ocasiones. Junto a su escudero Antonio Maíllo han pateado durante muchos meses la región para conocer perfectamente los problemas andaluces. Además, tiene un equipo joven e ilusionado lo que supone un punto a su favor a la hora de la campaña. Como hándicap, tal vez, que les endosen problemas de Podemos en otras regiones como propios cuando, la verdad, es que Adelante Andalucía es un movimiento de izquierda andalucista que diverge en muchos aspectos con lo que pueda pasar en Madrid, por ejemplo.

Presentan un programa, en buena parte elaborado por las gentes en la campaña ¡Cómo está mi patio!, bastante más centrado en la realidad de lo que acontece en Andalucía que otras formaciones. Y bastante más moderado de lo que venden las tribunas mediáticas del susanismo y la derecha españolista. No piden la revolución, ni asaltar los cielos, sino hacer de la tierra un lugar vivible para los desheredados. Que en Andalucía son bastantes. Un programa moderado pero que ataca problemas estructurales sumamente graves. Bueno alguna cosa sí es radical para los señorones de Sevilla, una banca pública de verdad. Pero eso es hasta socialdemócrata si uno se pone a pensar en ello. A su favor también contar con el respaldo de sus diferentes direcciones estatales que intervendrán lo justo para no entorpecer el sentido andalucista de la campaña.

Las derechas campaña mirando a Moncloa.

Los dos partidos, más el hijo bastardo que les ha salido con Vox, de la derecha no harán campaña andaluza en sí. Les importa muy poco lo que pase en la región pues tienen asumido, por mucho que digan, que es complicado ganar. Igual, podrían quedarse cerca del pacto de las derechas, pero no se fían los unos de los otros. De hecho, la presencia de los dirigentes estatales va a ser constante. En el lado naranja se alternarán Albert Rivera e Inés Arrimadas (que es una andaluza que no habla de Andalucía), en el lado azul Pablo Casado tendrá casi más actos que su propio candidato. En ambos casos la campaña está más centrada en poder llegar a La Moncloa que a San Telmo.

En Ciudadanos Juan Marín está siendo, incluso, tapado desde su propio partido por Javier Imbroda, que se presenta por Málaga y que, quién sabe, podría ser el tapado de la formación naranja para acabar con el señor del clan de la manzanilla. De hecho seguramente sea más conocido Imbroda entre los andaluces que no sería extraño que piensen que se presenta Arrimadas. Pero un mal candidato y desconocido no es un hándicap para la secta naranja. De hecho si no hiciesen mucha campaña y Arrimadas y Rivera estuviesen calladitos, sus resultados podrían mejorar muchísimo. Pero no va con ella y él. No pueden estar dos días sin televisión, radio o periódico (aunque sea local). No pueden dejar de inocular odio allí por donde van.

Acabarán llenando la campaña andaluza de Cataluña, ETA, Venezuela o cualquier posverdad de esas que suelen utilizar. Ello irá en detrimento de sus perspectivas seguramente porque al final nadie sabrá qué prometen para Andalucía, que es lo que importa. Lo único acabar con el PSOE. Ese es todo su programa porque económicamente no harían mucho más, ni menos que el PSOE-A. Están al servicio de los mismos empresarios del Ibex-35, a los que sumar los propios de la tierra. Tampoco pueden presentar gestión porque en Espartinas la tienen destrozada, ya tienen casos de corrupción y lograron hundir Valdemoro.

“¡Ahivá si son tomates!”

A Pablo Casado poco le importa Andalucía. Para él España es un imperio aún y esa tierra del sur algo así como un lugar desde donde llegan las frutas y verduras. Y si no se lo creen observen la fotografía que acompaña estos párrafos. Realmente Casado necesita estas elecciones para cargarse a Juan Manuel Moreno Bonilla, para posicionarse delante de Ciudadanos y tener más visibilidad a nivel estatal. Lo que pasé después del 2 de diciembre en Andalucía le da igual. Es más, si ganase el PSOE tendría la excusa perfecta para señalar todo lo malo que puede ser el partido de Pedro Sánchez. Así llevan toda la legislatura en la Asamblea de Madrid, cuna del robo y el saqueo profesionalizado, que utilizan la región andaluza para atacar a la oposición. Se les cae un hospital a trozos y dicen Spiriman es bueno.

No tienen programa en el PP salvo alguna ocurrencia de Moreno Bonilla como pagar el plus de exclusividad a los funcionarios que no tienen exclusividad porque le parece mal. Es tan absurdo el hombre que aún no sabe lo que significa exclusividad y deberían explicarle que lo que él lleva haciendo con la política, que no sabe lo que es cotizar en una empresa privada. La intención del PP es que no suba Ciudadanos y parezca que ellos y ellas están en retirada. Aunque no han valorado que su hijo bastardo, Vox, está empezando a quitarles apoyos en Andalucía también. Igual Casado según avance la campaña desearía no haber firmado tantos actos, porque se puede ir quedando sin fuelle y sin insultos. Porque ya sabemos que contando historias peregrinas y su desconocimiento de la historia, la filosofía, la ciencia política o la economía son marca de la casa. Esta vez esperemos que se pare a comer algo de la tierra, así sea un espeto.

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