Fuente: Vox

En las redes sociales existe un debate sobre cómo confrontar a Vox y sus mamarrachadas. Unas dicen que lo mejor es hacer caso omiso a todo aquello que transmitan. Otras plantean la necesidad de combatirles con sus mismas armas. Y al final lo que acaba pasando es que por unas circunstancias o por otras Vox acaba copando la agenda pública con sus exabruptos y sus actuaciones teatrales. Pensar que en Vox la cuestión de la comunicación es producto de ser una banda de animales cérvidos que sólo plantean cuestiones fascistas es infantil. Saben perfectamente lo que dicen, cómo lo dicen y cuándo lo dicen. No piensen que desconocen los datos estadísticos. Los conocen perfectamente y por eso los manipulan. No piensen que sueltan las cosas porque sí, lo hacen cuando saben que tienen que hacerlo y contra quién hacerlo. Están asesorados por gentes que conocen el funcionamiento de las redes sociales mejor que cualquiera de ustedes.

Cuando la prensa de derechas comenzó a blanquear a Vox en sus programas televisivos y en sus periódicos Vox ya había contactado con personas como Steve Bannon para hacer lo mismo que hicieron con Donald Trump, utilizar los algoritmos y los temas concretos en cada momento para hacerse con el poder paso a paso. El control del algoritmo por parte de la Internacional del Mal es una parte de su estrategia a la que añaden un cuidado análisis de los mitos de la derecha. Cuando Santiago Abascal montado a caballo hablaba de la Reconquista de España en Andalucía no era una cuestión de fascistas de medio pelo sino que intentaban entroncar con ciertos mitologemas que están muy insertos en la conciencia colectiva de la derecha. Porque, hasta el momento, sólo han intentado conseguir el apoyo de las personas de derechas con los temas que estaban a su mano y que habían sido activados por las otras dos derechas a las que se quieren comer: nacionalismo españolista y peligro rojo. Son ideas que están en la ideología cultural de derechas y sobre ellas actúan. En breve, como ha pasado con las protestas agrícolas, intentarán ir a por la clase trabajadora pero aún tienen que ganarse a unas cuantas personas de derechas. Mediante la guerra cultural dividen entre buenos y malos, hasta que llegue el momento en que pasen a hablar no sólo de cuestiones culturales sino económicas para captar a gentes fuera de su órbita.

“¿Cómo actuar en redes sociales para que no expandan su influencia?” parece una buena pregunta dado que desde los medios de comunicación van a seguir blanqueando y apoyando directa e indirectamente a los neofascistas. Es increíble que un medio que se tiene por progresista, como El País, publique un artículo hablando de Javier Ortega Smith y su gusto por pegar tiros. Eso es darle una publicidad gratuita, porque a ustedes que leen esto les puede parecer grotesco u horroroso, pero a sus gentes eso les gusta y reconfirma su apoyo. Da igual que diga que ha matado a gente del Daesh o a un señor de China, es un mitologema muy potente entre las personas de la ultraderecha que al final se potencia desde un medio que, supuestamente (ya se sabe que está a las órdenes de Ana Botín), es más progresista que los demás. Este tipo de artículos (o vídeos) jamás habría que moverlos, ni criticarlos en redes sociales y grupos de mensajería rápida. Jamás porque suponen hacerles publicidad gratis por mucho que se critiquen. Esto es lo que esperan cuando filtran los vídeos o los suben a sus redes sociales. Mal El País y mal criticarles o burlarse en redes sociales.

Algunas personas, pensando que trastocarían a los algoritmos, utilizan “coz”, “fox” y otras fórmulas para referirse al partido neofascista. Así se evita uno que le envíen mensajes y cosas de Vox pero no se les combate algorítimicamente en sí. Seguramente se sorprenderán que el mundo Google (incluida la publicidad) les mande siempre consejos sobre PSOE, Podemos o IU preferentemente, eso es por culpa del algoritmo que según las palabras que se utilizan y los artículos que se leen les mandan lo que puede interesarles. Pero esa guerra no es la que interesa, lo que interesa es que los vídeos y los artículos que dan vida a Vox no se vean tanto y que las críticas sí copen los registros de las redes sociales potenciándolos en las redes sociales. Es decir, que un artículo como este se posicione, por ejemplo, antes que uno de Abascal berreando. Porque obviar cualquier artículo sobre Vox no es una solución inteligente sino que les acaba favoreciendo porque se pierden los críticos que son los que interesa que estén en lo más alto de las búsquedas. Otro ejemplo, si Cristina Seguí dice que Irene Montero es un “putón” ni caso, por mucho que duela u ofenda, ni mencionarlo para criticar. Porque en una red como Twitter, al final, se les acaba haciendo tendencia y eso anima a que personas que igual no son críticas comiencen a apoyar a Vox.

En la campaña de Trump se puso en práctica todas estas cuestiones, así como en otras en Europa como Matteo Salvini o Viktor Orban, y se sabe que van a decir la salvajada más grande que engarce con el pensamiento de un grupo grande de personas. Por eso hay que evitar utilizar los artículos o vídeos que no sean críticos con Vox, aunque se quiera criticarlos. Porque no sólo se hacen tendencia sino que se va expandiendo la onda explosiva y llega a personas que pueden caer en sus redes. En Facebook, por otro lado, no dar me gusta (o cara de cabreo) a ningún artículo de Vox que no sea crítico. Si ven el de Ortega Smith ni caso para que no se viralice más. Esto es lo que hay que evitar. Ahora bien, si es un artículo de Juan Carlos Monedero, por ejemplo, criticando algunas cuestiones sí que hay que intentar que se expanda. Si es un artículo donde se cuentan las trampas del dúo Espinosa de los Monteros-Monasterio, sí hay que intentar que se posicione alto en las búsquedas y tendencias. Si es un artículo donde dicen que han llegado a la política para llevárselo crudo, también. Si es un artículo, en general, donde se les señale como lo que son en realidad hay que apoyarlo. Decir que ni esos hay que aceptarlos supone que sólo los que ayudan a que capten personas triunfen en las redes.

Bien es verdad que en sus redes de mensajería lanzan muchos bulos y vídeos de refuerzo. Contra eso es más complicado de luchar si no se tiene algún tipo de artículo de verificación, pero si es en un grupo donde hay cierta coherencia ideológica, hay que señalar a quien lo ha puesto y explicarle que ni para criticar hay que mover esos elementos. Si ha sido su cuñado pues paciencia. Lo que se pretende no es que la palabra Vox no se encuentre, algo difícil, sino que cuando se encuentre vaya asociada a algo malo, algo negativo. Ya que algunos políticos españoles son bastante torpes y entran al trapo de todas las tonterías que dicen, cuando no deberían hacer ni caso y actuar sin hablar, como ya se contó en estas páginas, lo mejor es no expandir ninguna de sus salvajadas más. Toda la prensa, y cuando es toda es toda, va a intentar ganar visitas con esas salidas de tono, pero si ven que no es rentable (por mucho que cueste no entrar a mirar a veces), que no se sigue el juego de dominar la agenda política, dejarán de publicarlos.

Los artículos y vídeos negativos y críticos, sin embargo, sí hay que potenciarlos para conseguir el efecto que no desean. Al final es una guerra simbólica y en ese terreno no hay que potenciar los símbolos favorables a Vox y sí los negativos. Unas veces dará resultado, otras no, pero en términos generales por muy salvajada que sea lo que digan o hagan, es mejor evitarlos porque ellos sí han pensado lo que iban a hacer. No piensen que son estúpidos para esas cuestiones. ¿Por qué no suelen debatir con gentes de alto conocimiento de los mecanismos simbólicos? Porque les pueden desmontar. Entran en batalla con políticos aparateros, con los todólogos y doxósofos de las tertulias y con gente de ese nivel que no están entrenados en el manejo del juego simbólico de la sociedad espectáculo. Si a ustedes les dicen progres y que va a matar a millones de personas, no les hagan caso porque quieren provocar una reacción irracional. En todo caso díganles que les preocupa mucho que el trabajo fuerte de la clase trabajadora se vea recompensado salarialmente. Si su interlocutor lo entiende igual hasta se achanta, si es un cérvido cretinizado bloquéelo. Porque, por último, si en su cuenta de Facebook o Twitter se encuentra con un neofascista lo mejor es ni discutir, se bloquea y a otra cosa. Decía Guy Debord que “la desinformación se despliega ahora en un mundo en donde no queda sitio para verificación alguna”, no ayudemos a desinformar en su favor sino contra sus intentos.

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