Ramón Cotarelo ha sido siempre un tipo peculiar. Sus compañeros de la Universidad pueden dar prueba de ello, al igual que miles de alumnos que han pasado por sus clases (como quienes esto suscriben en licenciatura y doctorado). Una peculiaridad que va unida al genio para el análisis politológico, donde ha sido, es y será siempre un maestro. Verle ahora defendiendo con una fe inquebrantable la independencia de Cataluña puede ser extraño, ridículo u óptimo según a quien se pregunte, pero lo que es seguro es que lo hace firmemente convencido.

¿Qué hay detrás de ese apoyo? Instaurar el régimen más democrático posible, desanclado de las estructuras de poder del régimen borbónico y más allá del nacionalismo racial de algunos iluminados del otro lado. Ayer, frente al Parlament, Cotarelo estaba instaurando la República Catalana de los Consejos, la República Catalana, para que nos entendamos, formada desde la propia base del movimiento independentista sin prestar lealtad a formación política alguna. Una República espartaquista rememorando a Rosa Luxemburg y a Karl Liebknecht, algo que conoce de sus años mozos de lucha antifranquista (y de escisiones a cual más pura en la izquierda). Un cambio en lo ideológico que va más allá de lo que digan en Waterloo o en sede parlamentaria. Una construcción de las personas desde la formación de distintos consejos independentistas. Si escuchan el video entenderán esto que les contamos.

 

El viejo profesor ha tomado la máxima consejista de “Socialismo o Barbarie” para transformarla en “Independencia o Barbarie”, donde la barbarie es seguir subyugados al Estado español. Las estructuras del franquismo persistente, la corrupción generalizada de los partidos del régimen y la clase dominante que sólo mira por sus intereses (como es obvio) vienen impidiendo, tal y como ha expresado Cotarelo en diversas ocasiones, la libertad de los pueblos hispánicos. No de sus élites, sino de los pueblos colectivamente considerados. El yugo franquista que persiste en la visión general del mundo de los españolistas impide que las personas puedan decidir por sí mismas (autodeterminarse) como pueblo. Incluso, como ha dicho en alguna ocasión, desde los partidos de las derechas parecen no querer ni que las personas piensen en términos distintos a lo que las élites culturales de España ha determinado que debe pensarse. Nada mejor que una República independiente pero que no caiga en los mismos errores del Estado opresor piensa en profesor.

Ni con Puigdemont, ni con el Borbón sino una Cataluña libre e independiente que decida desde la base, de forma democrática, su propio destino. Así, y esta es la segunda parte que entendemos está detrás de las posiciones de Cotarelo, el régimen narcotizante del 78 caerá por su propio peso. Se hundirá el sistema político que impidió expresarse al pueblo en 1978, que hubo de sufrir persecución y muerte en los años de la sacro-santa transición (más de 200 muertos de personas de izquierdas) y, tal vez, resurja de sus cenizas una República donde quienes hoy se quieren ir participen en igualdad con los demás pueblos hispánicos. Significa matar la España histórica (de la historia oficial claro) para salvar la España de los pueblos libres. Una república consejista porque lo de soviética como que ya no se lleva, pero en lo íntimo igual tampoco le desagradaría al profesor que así se llamase. Eso sí, sin culto a la personalidad (como parece hacerse con Puigdemont), ni doctrina única, ni partidos políticos, ni burocratización… algo más de base como fueron los soviets al comienzo.

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