El último período económico,  mayoritariamente dirigido por el PP en el Estado español, podríamos caracterizarlo como muy reaccionario para los intereses de los trabajadores. La larga crisis de más de diez años, con una leve recuperación en su última fase, ha beneficiado principalmente a las grandes empresas y multinacionales, empobreciendo a la clase trabajadora y capas medias. Ahora,  agotada ya su débil fase de expansión, la economía ha empezado a cambiar iniciándose el proceso de desaceleración, como demuestran los datos que plantearemos más delante.

Se nos abre un nuevo escenario de perspectivas de ralentización de la economía que podría acarrear cambios bruscos y repentinos en las luchas sociales que se vislumbran de manera palpable con conflictos como los de los chalecos amarillos en Francia, la situación en Cataluña, pensionistas en acción, sectores como educación,  estudiantes y funcionarios en lucha también en sanidad, agentes de prisiones, cuerpos de seguridad… etc.

Esto no es el producto de los deseos utópicos de los que utilizamos el análisis marxista para interpretar la realidad, sino que coinciden con el análisis de los más inteligentes estrategas de la clase dominante, que están llegando a conclusiones en las que afirman que las crisis van a ser cada vez más profundas, debido a las contradicciones insalvables del capitalismo mafioso y la profundización de la brecha entre ricos y pobres, que en realidad esconde la lucha de los países más ricos contra los menos desarrollados, entre las masas hambrientas del mundo que componen el 99 % de la población y un puñado de multinacionales que controlan el 1% de las riquezas del planeta.

Analizamos a continuación unos datos que confirman la desaceleración de la economía, tomando la evolución del crecimiento del PIB de la Zona Euro, de los dos trienios que van de 2015 a 2020:

Crecimiento PIB anual:

(Año 2015 = 2,1 %) (2016=1,9%) (2017=2,4%)

(Media del Trienio =  crecimiento del 2,13%)

(1T 2018= 2,4%) (2T 2018= 2,2%)

(3T 2018= 1,6%) (4T 2018=1,8%)

(2019 = 1,8%) (2020= 1,7%)

(Media trienio 2018, 2019 y 2020 = crecimiento del  1,83 %)

(Datos del BCE: Pronóstico de 2019, 2020 y 4T2018).

La tendencia de los pronósticos de varios organismos se siguen revisando a la baja y además hemos entrado de lleno en una etapa de imperialismo multinacional de rapiña, cuyos cuatro grandes bloques, EEUU, China, Rusia y la U.E. se disputan los mercados menguantes de forma desaforada y belicosa, mediante el peligroso mecanismo puesto en marcha por Trump del nacionalismo económico que está desatando una guerra comercial mundial.

La próxima crisis que se avecina va a destruir totalmente el mito cíclico al que llamaban de la “globalización capitalista”, poniendo fin a la esperanza de la ola expansiva permanente, donde seguiría existiendo un aumento automático y constante de los niveles de vida de la clase trabajadora.

El rosario de las promesas incumplidas de esa Europa de los Mercaderes ha resultado un fracaso del modelo capitalista, arrastrando a la hecatombe a la socialdemocracia que utilizaban de muleta, habiéndose mostrado este periodo como la Gran Estafa del Siglo XXI.

En plena crisis para los pobres, que ha arrasado el incipiente Estado de Bienestar que se nos prometía construir, hemos asistido a años de orgías de beneficios por parte de empresarios corruptores, que han corrompido a la casta política y han robado tanto que la Deuda Pública española ha crecido desde 2007 a 2017 cerca de 800.000 millones de €. En concreto la Deuda Pública en 2017 ha cerrado con 1 Billón 144.425 Millones de €. En 2007 era de 383.798.000 €. El incremento ha sido de 760.327 Millones €. Es decir cerca de 40.000 € por persona, que han cargado como deuda sobre las espaldas de cada trabajador en activo. Con ese enorme desfalco se han repartido en almoneda los frutos de la producción, acaparados y concentrados cada vez en menos manos.

Las empresas que obtenían los mejores beneficios, se lo han repartido entre unos cuantos bancos propiedad de las 100 familias de siempre, expoliadores del pueblo que heredaron la acumulación capitalista ejercida a sangre y fuego bajo el franquismo, que otra vez empiezan a levantar cabeza, con Vox, PP y C’s.

Ese temible trío de la reacción, vienen anunciando las políticas “liberales privatizadoras” de las ganancias y “nacionalizadoras” de las pérdidas, como han venido haciendo junto al desmantelamiento del sector público y los servicios sociales.

Si no los frenamos a tiempo, una vez más la clase trabajadora nos veremos obligados a afrontar la cruda realidad de la nueva crisis, pero esta vez, por el nivel de pobreza en el que nos han dejado, tendremos que vernos forzados a pasar a la acción, luchando por la supervivencia y exigiendo que se nos respete el poder de compras de los salarios, las pensiones, la sanidad, la educación, la dependencia y demás derechos conquistados, así como los puestos de trabajo que de nuevo se verán amenazados.

Algunos piensan que es una cuestión de mala voluntad de los capitalistas o  los gobiernos, (que también, pero a ellos no les interesan estos problemas), sino que es un producto de la crisis capitalista que se ha convertido en orgánica y estructural, siendo incapaz de resolver las contradicciones, como la acumulación de riquezas que aumenta la desigualdad y la lucha por los mercados.

El sistema se ve atrapado por las fronteras nacionales, que quieren resolver a base de guerras de rapiña. El capitalismo es un sistema explotador y opresor de la clase trabajadora y capas medias, por parte de los oligopolios, cuyo funcionamiento acumula cada vez más riquezas en el polo de los ricos, empobreciendo a la mayoría de la ciudadanía, actuando la patronal con ferocidad cuando las tasas de ganancias empresariales disminuyen o cuando se derrumban las bolsas como un castillo de naipes de forma inevitable por la lógica despiadada de la competencia brutal.

Las desigualdades se hacen insoportables: Los tres países más ricos del mundo en 2017 en Renta per Cápita eran: Suiza con 173.990€, EEUU con 168.640€ y Suecia con 98.380€ lo que nos arroja una media anual de 147.000€. Los tres países más pobres del mundo en 2017 eran: Burundi con 263€, Sudan del Sur con 275€ y Gambia con 399€ lo que nos da una media anual de 312€ per cápita. La Renta per Cápita de esos tres países más ricos es de cerca de 13.000 € al mes, mientras que los tres más pobres, malviven con míseros ingresos que apenas llegan a 26 euros mensuales.

Cuando estalla la crisis y se agrava la vorágine viciosa de este capitalismo mafioso y agónico, esa economía de “casino trucado”, ese dominio de los poderes bancarios que han provocado la “globalización salvaje”, las burbujas financieras y los desfalcos,  estallan en mil pedazos, arrastrando a la miseria a miles de pequeños ahorradores, que comprueban alarmados la gran estafa a la que han sido sometidos.

Queda expresada ahí la avaricia de la clase dominante y su modelo económico imperante manejado desde ocultas y clandestinas organizaciones como el Club Bilderberg. Le hacen el juego el Complejo Militar Industrial y sus organismos auxiliares,  como la ONU, la OTAN, el FMI, la BM o el BCE…e intentan mantener su tasa de ganancias, anteponiendo sus intereses de forma “dictatorial” despreciando los derechos y libertades democráticas del pueblo al que dicen representar.

No les importa que destruyan puestos de trabajo y arruinen a la clase trabajadora y capas medias,  convirtiendo ese modelo en una enorme fábrica de “producción de pobreza, migrantes y exiliados”,  que huyen despavoridos de las guerras que ellos provocan por defender las ganancias de los  capitalistas.

Es una vergüenza que todos los gobiernos se sometan a esa “dictadura del gran Capital”, muchos de ellos reclamándose personas que dicen defender la “democracia”, cuando permiten que se instale la barbarie a la que nos están arrastrando bajo este podrido y degenerado  sistema capitalista, condenando a la humanidad y millones de niños,  sin comida, sin educación, sin sanidad,  con oleadas de migrantes buscando ese paraíso que les muestran los programas televisivos y luego se dan de bruces con la cruda realidad de la explotación clandestina.

Las mafias fomentan el auge de la trata de blanca, las drogas, gente durmiendo en la calle, sin trabajo, o siendo explotados de sol a sol por salarios de miseria, sin derechos laborales mínimos, sin vivienda, sin que este sistema les reconozca el derecho como persona, pues “los sin papeles” no existen para el Estado, o  con la tolerancia del  tráfico de órganos humanos en clínicas privadas y sin que se cumplan los DDHH básicos que todos esos gobiernos y entidades supranacionales se ufanan hipócritamente en decir que defienden.

Algunos sindicatos y partidos de izquierdas que se han acomodado al sistema, tienen que cambiar de método, porque con la debilidad de las direcciones sindicales, debido a la errónea y anticuada táctica del “pacto por el pacto”, sin conseguir avances,  solo por mantener sus sillones, sin presionar organizadamente desde las bases, no podrán arrancar ninguna conquista para la clase trabajadora y los pobres, que han dejado desmovilizados en ese reflujo que se ha traducido en un sentimiento de impotencia, rechazo e incluso, en algunos sectores,  está mutando en apatía, escepticismo o incluso violencia.

Se atisba ya un cambio de tendencia económica, con negros  nubarrones cerniéndose sobre las cabezas de las masas y los cerebros de los economistas, que presagian y confirman, una ralentización del crecimiento económico o incluso una crisis en los próximos 1, 3 o 5 años,

Esa situación va a provocar un cambio en la psicología de los movimientos sociales, más temprano o más tarde, que podría espolear un incremento en las luchas sindicales y políticas, pasando de la apatía y dejadez, a la actividad y reorganización, porque es falso lo que nos quieren hacer creer que existe un giro a la derecha, sino que existe una clara desmovilización y un abstencionismo de casi un 50 %, mayoritariamente de las izquierdas, que,  en cuanto se pongan en movimiento, todo podrá cambiar de forma fulminante.

La clase trabajadora, acompañada por las capas medias empobrecidas, intentarán una y otra vez transformar la situación y lucharán una y mil veces, buscando el camino que necesiten recorrer para construir un nuevo modelo de sociedad de seres humanos libres, solidarios e iguales, avanzando hacia el genuino socialismo.

Necesitamos una nueva sociedad que acabe con la explotación, la opresión,  las desigualdades, las hambrunas, las guerras y las agresiones ecológicas al planeta Tierra, que es propiedad de la humanidad y lo están destruyendo en perjuicio de la mayoría y para beneficio de una minoría de parásitos y explotadores que no les importa condenar a más de dos tercios de la humanidad, a la miseria y la desolación por defender sus sacrosantos beneficios privados.

Cualquier trabajador honrado tendrá que sacar la conclusión que es preciso continuar luchando por una nueva sociedad de personas libres, iguales, bien formadas, soldarías y basada en la ética, promoviendo una economía socializada y planificada científicamente.

Se lo debemos a nuestros abuelos y nuestros padres que quedaron por el camino, porque es un tributo que hay que ofrecerles a ellos y a la humanidad, para considerarnos dignos de pertenecer al género humano y que estemos dispuestos a avanzar hacia la superación de esta sociedad capitalista, que merece ser llevada al estercolero de la historia.

Pero la victoria contra las derechas es una tarea estratégica y táctica. No solo dependerá de la fuerza de los trabajadores, ni de su potencial cuantitativo, sino que es imprescindible un factor subjetivo firme y correcto que nos convenza y nos organice y así estaríamos  dispuestos a luchar hasta las últimas consecuencias. Nuestra tarea es continuar la batalla por una  democracia limpia y ética que nos conduzca al genuino socialismo internacionalista, con la participación activa de la mayoría, que es la clase trabajadora, la juventud,  las capas medias y los pobres del mundo.

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