El presidente del PP y pseudo-jefe de la oposición parlamentaria afirmó que serían leales con el Gobierno en estos tiempos difíciles de la pandemia por coronavirus. No lo cumplió pues lanzó un mensaje sumamente miserable culpando a las marchas del Día de la mujer de la extensión del virus. Si las mentiras entre las palabras y los actos son parte del discurso de primero de los dirigentes populares, no cabe la menor duda de que el resto de afiliados no contendrán la bilis y se lanzarán a derrocar el Gobierno con todas las mentiras posibles y todas las infamias de las que sean capaces. En ese grupo quien se lleva el trofeo al más mezquino y desleal es el senador por Almería Rafael Hernando. Degradado en el Congreso y jubilado en el Senado, parece que el popular quiere hacer méritos para que le devuelvan a un lugar más de renombre o, simplemente, es que su personalidad es así.

No pasa el día en que las redes sociales vean, con asombro, la estulticia del senador y los numerosos insultos que profiere al Gobierno. Pareciera que él fuese un ser dotado de toda la sapiencia y el conocimiento y el resto unos simples mortales, cuando no se le ha conocido trabajo alguno en el que haya destacado salvo el insulto y los intentos de golpear a las personas (como intentó hacer con Alfredo Pérez Rubalcaba). Un mamporrero de la política que casaba bien en el PP del moderado en las formas Mariano Rajoy, pero que no es más que un alfeñique en el PP del mitomaníaco Pablo Casado. De ahí que deba injuriar sin medida para destacar entre tanto inútil político al que el cargo les queda enormemente grande. Luego con hacer esa mueca de sonrisa de medio lado, no se sabe si por algún defecto congénito, por imitación de alguno de esos héroes del spaghetti western almeriense, cree que la ofensa queda en el olvido. La verdad es que no ha habido representante que le haya denunciado, que podrían haberlo hecho, y por eso se cree intocable.

Los dicterios de Hernando comienzan siempre con el intento de guasa al calificar al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, como Dr. Fraude. Al menos éste llegó a cursar el doctorado, por muy mala que sea su tesis doctoral, cosa que el senador almeriense no sabe ni qué es. Como tampoco lo sabe Casado, de quien no se encuentran los trabajos del famoso máster, o hay más que fundadas sospechas de sus aprobados durante la carrera (¿No fue Esperanza Aguirre quién dijo que había que aprobarle como fuese?). El “Gobierno Sanchezstein” es otra de sus gracias. Mucho más graciosa que el gobierno corrupto del que era portavoz. Donde corrupto era un epíteto real no imaginario. Si el presidente del Gobierno sale en televisión es campaña de marketing o supone saltarse la cuarentena porque su esposa está infectada. La responsabilidad política no la puede evitar el presidente, tanto para actuar como para esas miles de demandas que le van a presentar por expandir el virus. O es responsable para todo o no lo es, pero a ver si se aclara, algo complicado, porque los mensajes dejan de tener sentido.

Porque es evidente que para todo el PP la culpa de la extensión del virus es de Sánchez. Que Isabel Díaz Ayuso cancelase las clases escolares, por sus ovarios por decirlo en términos que gastan en el PP, y con ello miles de estudiantes volviesen llevando el virus consigo es culpa del Gobierno. Pregúntele a su compañero de partido Fernando López Miras que insultó a los madrileños que llegaron a Murcia porque llevaban el virus con ellos, antes de que el Gobierno mandase a la mayoría de españoles al confinamiento. Como no lo va a preguntar, nada mejor que lanzar un bulo contra Sánchez por el discurso de Felipe de Borbón y la novela “Las palmeras”. Hay que mancharle de todas las formas posibles, sin contrastar la noticia y mostrando que es bastante ignorante como pueden ver en el mensaje de más arriba. Insultos mezclados con la categoría de “Capitán a posteriori” de la que es también muy ducho. Acusa al Gobierno de que no hay material tres días después de haber tomado el control de la sanidad en España. No hay que ser muy torpe para entender que si no había material hasta ese momento es porque sus compañeros de partido estaban al marketing y no a lo que había que estar.

Dicterios y bulos para llenar las redes sociales de deslealtad y mezquindad. Acusar al ministro de Sanidad de rechazar la compra de material sanitario no es que haya que investigarlo, sino que hay que llevar a Hernando a los tribunales. ¿En qué momento se ha negado el ministro a comprar material? Igual es que Hernando tiene algún amigo empresario que infla los precios en estos momentos para aprovecharse y luego repartir alguna comisión entre los de siempre y le molesta que su amigo no haga trinque. O esto, o es que lengua de serpiente se ha apoderado del ser del senador. Y si el presidente es el Dr. Fraude, otro doctor, Pablo Iglesias, es simplemente “el Coletas”. Quienes son parte de una organización mafiosa que ha delinquido para financiarse, que ha delinquido para acabar con los contrincantes políticos, se dedican a poner motes insultantes a los miembros del Gobierno. Claro en el PP los motes de “El aceituno”, “El mentiras”, “La cotorra”, “El broncas”, “El sobresueldos” y demás no son tan curiosos.

Así es Rafael Hernando, criado en la mentira del 11-M, en la policía política (que sí que es un peligro para la democracia), desleal e injurioso. Intentando responsabilizar al Gobierno de las muertes que se vienen produciendo, pero lamiendo las botas del jefe del Estado como si eso fuese a salvar a España. Una España que estaría mejor preparada para afrontar la pandemia si él y sus compinches no se hubiesen dedicado durante años a destrozar la sanidad, a esquilmar lo público, a dejar a las personas en la más miserable precariedad. Porque es la ley laboral la que están utilizando los empresarios para mandar a millones de españoles al paro. Cuando pase todo esto no sólo habrá que pedir explicaciones y analizar lo que pueda haber hecho mal el Gobierno, sino que habrá que pedir explicaciones y sanciones a los desleales a España como Hernando y el jefe del PP. Miserables que en vez de dar ánimos a la población, se pasan el día insultando y criticando al Gobierno por la más nimia de las cosas. Tampoco se puede pedir mucho más de personas cuyos cerebros cumplen con las funciones básicas y poco más.

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