Mientras dicen defender una política propositiva, una política con valores, los tres tenores del trifachito han comenzado a lanzarse improperios y puyadas unos a otros. De esta forma demuestran la escasa inteligencia y el pésimo nivel intelectual que poseen, no ya para gobernar España, sino incluso para relacionarse con el resto de los seres humanos. Pablo Casado, Alberto Carlos Rivera y Santiago Abascal, junto a sus más conspicuos colaboradores, han empezado una batalla sangrienta entre ellos para ver quién es el jefe de la oposición o el jefe de los políticos ignaros. Mientras la izquierda, si no entra en la molicie de ponerse a observar el lamentable espectáculo, con no cometer errores y hacer propuestas sensatas tiene gran parte del trabajo hecho.

Por la vía de la derecha están demostrando nuestros políticos ser personas protervas, capaces de las más altas indignidades y fechorías con tal de ostentar los símbolos del poder. Ya sabemos que el poder real no lo ostentarán jamás porque no dejan de ser más que unos edecanes del poder económico, pero esa simbología les hace tener los sueños más húmedos y más peligrosos para el común de los mortales que moran eso que se ha dado en llamar España. Y han decidido demostrarlo en puertas de la campaña electoral. Si el otro día, ante la petición de Rivera de pactar después de las elecciones y que sea presidente el que más votos obtenga, Pablo Casado decidió nombrarle ministro de Asuntos Exteriores con un punto de maldad. En esta ocasión ha sido Alberto Carlos quien ha respondido con mucha más mala leche y le ha otorgado el ministerio de Universidad. Una puya tras otra pero seguimos sin saber qué ofrecen como política exterior o educativa. Aunque casi mejor no saberlo porque son capaces de todo.

José María Aznar, el padre de esta derecha trifálica, se ha puesto chulo. ¡Perdón! No se ha puesto porque siempre ha sido así. Digamos que ha sacado su verdadero ser chulo, ególatra y despótico para afirmar que a “ÉL” “nadie me habla de una derechita cobarde porque no me aguantan la mirada”. Así, con todas las palabras de la frase, como si fuese la mirada de Schwarzenegger en Comando. Le aguantan la mirada muchas personas y le dirían eso y cosas más graves, el problema sería aguantarle si reírse viendo la estúpida faz de una persona que será más conocida por el “Trío de las Azores”, las mentiras, los casos de corrupción del PP, o los miles de muertos que ha dejado a lo largo y ancho del mundo. Pero como los neofascistas son muy suyos, Santiago Abascal sí le ha sostenido la mira y le ha respondido con la misma chulería y autoritarismo: “El PP otra vez actuando como la derechita cobarde y ahora también como la derechita mentirosa que no cumple sus acuerdos con Vox. Pero no es raro, tampoco cumplía sus promesas electorales”. Y no sólo eso sino que se reclama la derecha valiente. Lo próximo duelo en el Ok Corral con Eduardo Inda de tabernero con chaleco floreado.

Aunque desde el servicio de comunicación del PP han sacado un vídeo dejando como un ignorante al jefe de los neofascistas españoles. “Un, Vox, Tres” lo han titulado y en el mismo dejan en evidencia las cualidades intelectuales de Abascal. Ninguna evidentemente, pero no mucho más lejos está su jefe de filas que no sabe que Getxo está en Vizcaya, que no sabe de Historia, que desconoce que Ceuta es África, como lo son las Canarias (¡Cuando se entere igual le da un ictus!), que no ha pasado ni a pagar las tasas por la Universidad. Lo gracioso es que se tilden de ignaros unos a otros cuando entre todos ellos no existe la más mínima posibilidad de juntar un cerebro completo. Pero se insultan unos a otros y eso es abstención, desgana e, incluso, arcadas para sus votantes. Así que desde la izquierda mejor no entrar en sus peleas y dejarles que se desoyen entre ellos mismos.

Claro que teniendo entre sus filas a Adolfo Suárez Illana no hace falta que se insulten mucho, sino que le dejen hablar y mucho. Es más hasta retuitearle y provocarle para que hable más. En este caso ante las palabras del “hijo de” referidas a una mentira como es que en Nueva York se permite el infanticidio del expósito, las candidatas naranjas se le han tirado al cuello. Patricia Reyes no ha tenido piedad: “Lo preocupante no es que Suárez Illana haya comparado la interrupción del embarazo con matanzas de neandertales. Tampoco que propague fake news sobre la legislación neoyorquina. Lo preocupantes es que es el fichaje estrella de Casado”. Como tampoco la ha tenido Inés Arrimadas: “Dejen de decir barbaridades de una vez. Dejen de mentir (hoy con la referencia absurda a la supuesta norma de Nueva York). Dejen de enredar a sus votantes con el aborto como siempre hacen. Dejen de vivir en el pasado”. El pobre “hijo de” se ha metido en un berenjenal él solito diciendo estupideces, acusando a las mujeres que abortan con neandertales, claro que podía haberlo hecho con sajones, celtas, normandos, vikingos, espartanos y con Herodes el Grande, ya que todos practicaron la eugenesia o el infanticidio de una u otra forma. Y si lee Tiempo de Silencio de Luis Martín Santos igual se entera de algo (aunque debería haberla leído hace años porque entraba en el temario de BUP).

Es extraño que en esta trapisonda del trifachito aún no haya entrado Juan Carlos Girauta. Él que es de llamar maricomplejines, como su amigo Losantos, a los del PP. Tal vez, será porque al haber sido defenestrado a Toledo, donde no tiene seguro el escaño, está buscando trabajo o se ha puesto a conocer la provincia. No, lo segundo seguro que no. O está a lo que más le gusta que es alentar contra la quiebra de España provocada por el malvado de Waterloo. Hagan lo que hagan están dando un espectáculo lamentable mostrando el verdadero nivel de la clase política de la derecha patria. Más que hablar surgen rebuznos o sonidos guturales que nada más que muestran que se tienen más miedo entre ellos que realmente a una quiebra de España. Demuestran que los españoles de carne y hueso, no esos que se han inventado y tienen en sus protervas mentes, les importan bien poco. Se reían de las peleas en Podemos, pero estas son mejores y más sangrientas. ¡Ea, ea, ea, la derecha se pelea!

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