Israel ha perpetrado una nueva masacre en la Franja de Gaza. A la hora en que se redacta el siguiente texto los francotiradores del Ejército habían asesinado a más de 40 personas y herido de bala a casi dos millares, muchos de ellos en estado crítico. Cuando fuerzas armadas atacan a un pueblo desarmado sin ningún tipo de piedad es que las acciones de exterminio se ejecutan con la impunidad de quien sabe que no va a tener consecuencias.

Las legítimas protestas del pueblo palestino se iniciaron cuando el presidente de los Estados Unidos anunció el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel y el traslado de su embajada desde Tel Aviv. Desde entonces, el país hebreo ha utilizado fuego real para reprimir las protestas, asesinando a más de un centenar de seres humanos e hiriendo a casi siete mil palestinos, muchos de ellos de gravedad.

Las autoridades palestinas han denunciado, además, que Israel está utilizando en su represión armas en estado de prototipo que luego serán vendidas en las grandes ferias de armamento con la «garantía» de haber sido testadas en campaña. No hablamos sólo de fusiles o munición, sino que se han dado casos en los que se ha atacado con misiles desde drones que luego Israel venderá como el último grito en tecnología militar e, incluso, se han usado armas químicas, fósforos blancos, desconocidos para los propios médicos que atendían a los heridos, algo que es ilegal. Por otro lado, en la represión de muchas de las protestas los francotiradores utilizaron balas dun dun, un tipo de munición prohibida por todas las convenciones internacionales.

La decisión de Donald Trump no fue gratuita, fue el pago de la factura al lobby judío/sionista que donó millones de dólares para su campaña presidencial. El hecho de que la delegación de la administración Trump que ha viajado a Jerusalén para la inauguración de la embajada estuviera compuesta, además del Secretario de Estado o de la hija y el yerno del presidente, por Sheldon Adelson, el multimillonario que pretendió estar por encima de las leyes españolas con su proyecto Eurovegas y que es uno de los representantes del sionismo más radical y al que está muy unido José María Aznar, por ejemplo.

Trump y Netanyahu, dos fanáticos unidos contra la legitimidad de los pueblos, quieren legitimar las ilegalidades del Estado de Israel, un país que incumple sistemáticamente las resoluciones de Naciones Unidas y el derecho internacional. Hace décadas todo el mundo occidental condenó e impuso sanciones a Sudáfrica por su política de apartheid. ¿Por qué no se hace lo mismo con Israel? Hoy se ha producido un hecho que podría ser el inicio de un cambio de la actitud de mirar hacia otro lado por parte de Europa y sólo los países gobernados por ultrafanáticos nacionalistas han estado presentes. Ante el apartheid israelí, la UE debe, por respeto hacia los derechos humanos, plantearse imponer sanciones económicas al Estado hebreo. Hacerlo no sería antisemitismo, sino justicia.

Trump y Netanyahu son un peligro para la paz. Ya han iniciado una guerra mundial contra todo el mundo. No obstante, son insaciables supremacistas que aún siguen creyendo que el pueblo israelí es el elegido por Yaveh. Israel es el verdadero culpable de la ruptura del acuerdo nuclear con Irán porque la presión de los sionistas que pagaron la campaña de Trump fue enorme desde el mismo día en que el neoyorkino juró su cargo y puso un pie en la Casa Blanca.

El reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel tiene el mismo significado que las cruzadas medievales. Entonces fueron fanáticos religiosos. Ahora son lo mismo pero con armas nucleares, con mucho dinero y con muchos intereses económicos. Trump ha iniciado una nueva cruzada contra los palestinos y contra todo el mundo musulmán. Hoy ya se ha producido un llamamiento a la yihad y la masacre en Gaza augura una nueva Intifada. Sin embargo, todo esto puede tener también consecuencias para los inocentes ciudadanos de occidente puesto que esas convocatorias yihadistas se pueden transformar en atentados en los que morirán miles de inocentes por culpa del fanatismo de Trump y Netanyahu. Tal vez eso sea lo que pretendan, que se produzca una ola de atentados terroristas que provoque una nueva guerra en Oriente Medio en la que las grandes multinacionales armamentísticas, algunas de las cuales cuentan en sus consejos de administración con ex presidentes norteamericanos, aumentarán su facturación. Esto no es nuevo. Estas grandes corporaciones ya se aprovecharon de los atentados del 11S e, incluso, del asesinato de John Fitzgerald Kennedy.

Trump y Netanyahu han puesto los cimientos para una nueva guerra. El supremacismo y el apartheid israelí traerán muertes inocentes, no por el pueblo palestino, sino por los radicales yihadistas que, al igual que Israel, tiene como objetivo el exterminio de los infieles.

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