Era yo muy niña cuando empecé a valorar y ser consciente de su importancia.

Lindando con una rambla, en una tierra seca, pobre y desagradecida donde sólo vivían a sus anchas lagartijas y escorpiones, diez almendros, tres higueras, unos bancales quebrados y una era multiusos.

Una cuadra de mi abuelo servía para cobijar tanto a la pobre burra como a niños en sus juegos o familias inmigrantes. Una familia muy pobre que luchaba sin recursos por una miaja de agua, agua que no llegaba aunque los rezos no paraban.

Varias familias malvivían esperando esa cosecha que jamás se producía, familias unidas y entre ellas, la mía.

Lloros de mi abuela por no tener con lo que alimentar a sus hijos, voces altas de mi abuelo desquiciado e impotente. Hambre pura, madre mía, y por una sola causa: AGUA.

Yo quisiera saber qué motivos nos impiden disfrutar de algo vital que Dios mandó para regar. Qué interese les motivan para dividir España y querer que ésta región, rica y bella como nada, se convierta en un desierto y nos mate la sequía, nos recorten privilegios y nos pongan a la cola de una España rica y bella donde todos sus vecinos disponemos dignamente de un agua que es de todos y no exclusiva de nadie.

¡AGUA PARA TODOS, YA!

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