La formación del nuevo Gobierno de Coalición de las izquierdas, algo que en cualquier país occidental no supondría mayor problema, está sacando a la luz la verdadera faz de los cachorros y cachorras de la derecha española. Lo inmanente de su verdadero ser se escucha y lee a partes iguales en medios de comunicación y redes sociales. Si ya han solicitado que Pedro Sánchez sea llevado ante los tribunales de justicia por traidor, o felón según quien lo diga, demostrando que el autoritarismo es su verdadera forma política (un bonapartismo inherente a su ser se podría matizar), ahora nos enseñan el clasismo de su pensamiento respecto a los gobernados. Para ellos no existe ciudadanía, que al fin y al cabo no sería más que una forma de reconocimiento del hecho social que siempre niegan en favor de la individualidad y suma de individualidades, sino gobernados que deben someterse a todo lo que desde el Poder (da igual político, que eclesiástico, que militar) se ordena. Sin más porque ya se verá cuál es la fórmula de legitimación de ese poder.

Curiosamente la mayoría de los políticos de la derecha española son unos parias que han aceptado gustosamente ser meros administradores de la clase dominante. Unos parias que han asimilado la conciencia de esa clase y, por tanto, se muestran como clasistas irredentos. En términos hegelianos, si se permite este uso, no son más que esclavos que han aceptado esa condición, que están a gusto con esa condición, pero que se entregan a los amos para sacar el rédito de ejercer como gobernantes de las clases populares. Son la clase media necesaria para que la clase dominante pueda ejercer su dominio sin problemas y sin tener que estar siempre presentes en el poder político y como tal ejercen con su concepción de los gobernados como meros individuos bajo su control y obligación de aceptación de sus deseos personales o de clase. Esto, que no deja de ser un análisis cualitativo, se refleja en las palabras de Casado o Álvarez de Toledo respecto a la investidura del nuevo Gobierno. Quejas por las fechas que no por el perjuicio que pudieran tener los trabajadores implicados en tal evento.

Que las fechas no parecen las más propicias por estar en el período vacacional de las festividades navideñas, eso para quienes disponen de vacaciones en estos días porque hay muchas otras personas que deben trabajar, es obvio. Pero llevar sin gobierno desde hace casi un año también indica cierta urgencia que beneficiará a todo el país y, por tanto, siempre ha de primar el interés general. Esto es algo que suelen decir todos los políticos pero que luego parece que cuando les toca de cerca viran hacia lo privativo, especialmente si se es de derechas. Tampoco es problema del futuro gobierno que la sesión de investidura sea tan decimonónica y deba pasar tanto tiempo para las votaciones y los debates en sí. Igual con un par de días con todas las votaciones que hagan falta, hasta el amanecer si hiciese falta, bastaría, pero la exageración del simbolismo institucional es así. ¡Que lo cambien para la próxima!

En esta situación las declaraciones de los dirigentes de la derecha han sido clasistas y egoístas a más. Cayetana Álvarez de Toledo se ha mostrado preocupada porque les va a pillar en fin de semana con el añadido de que muchos parlamentarios han de cesar en sus vacaciones (como si hubiesen trabajado mucho) y no poder compartir la cabalgata del día de reyes con sus hijas e hijos. Lo primero es que la mayoría de los próceres de la patria tienen retoños, como suele decir el vulgo, con pelos en las partes pudendas por lo que no son tantos los que se verían afectados por esa cuestión. Y como esto ya no cuela, porque además tendrán tiempo de quejarse de las cabalgatas (pues en la mayoría  de ayuntamientos gobiernan las izquierdas), resulta de la hispano-francesa-argentina afirma que es todo una trama para acabar con las tradiciones españolas. Desde luego hay mentes enfermas en el mundo de la política patria para que lleguen a pensar eso. Como la continuación del pensamiento de la diputada por Barcelona donde afirma que es para quitar boato y preponderancia a la Pascua Militar porque aparece el monarca. ¡Como si a los españoles les hubiese interesado el día 6 de enero lo que haga o diga la borbonada!

Pablo Casado tampoco se ha quedado atrás en sus disquisiciones propias de seres paranoicos. “Qué avergonzado tiene que estar un candidato de sus socios y programa para agendar su investidura en pleno fin de semana víspera de Reyes. Sánchez se esconde de la opinión pública para no ser humillado por sus contradicciones y cesiones a los enemigos de España. No acabará bien” ha escrito en la red social Twitter. Aquí el trasunto es que Pedro Sánchez, además de felón (lo dice en otro mensaje), tiene miedo de ser puesto en la palestra de los medios de comunicación y por eso elige situar la sesión de investidura en fin de semana. Ni urgencia por el interés general, ni necesidad de Estado, tan sólo vergüenza. Sí, esta es la oposición que existe en España aunque lo que realmente le molesta es que, como las personas están a lo suyo y pasan de política durante las navidades, él no pueda tener el protagonismo que quiere tener. No es una cuestión de vergüenza del candidato sino de sentirse el feo de la fiesta de Casado. Como piensa que la ciudadanía es estúpida y estará a sus cosas, negándole la capacidad de prestar atención a hechos importantes como una investidura, no le escucharán a él llamar traidor a Sánchez. Esto es lo que le importa realmente, que le hagan caso a él y sólo a él. Como le ocurre a su compañera de partido, tan sólo piensan que los españoles son estúpidos, sólo viven para la fiesta y son incapaces de prestar atención a los sucesos políticos (¿Esto lo pensaban cuando robaban a manos llenas para financiar su partido?).

Como ven desde el PP solamente se muestran preocupados por los elementos simbólicos que protegen la monarquía, la religión “oficial” y la publicidad del propio partido político. Ni el beneficio común, ni los derechos de los trabajadores que tendrán que cubrir la investidura. En ningún momento, pues su posición de clase se lo impide, han dicho algo en favor de los trabajadores del parlamento o de los medios de comunicación que tendrán que hacer ese extra en días festivos y familiares (pues aunque no se lo parezca a estos ganapanes del PP, la clase trabajadora tiene familia). Ni una sola muestra de condescendencia por la vulneración de los derechos laborales (como son las vacaciones) porque es algo que a ellos y ellas no les importa en sí. Como se dijo antes, para la dirigencia del PP el resto de los mortales que no son clase dominante tienen que estar a su servicio exclusivo.

Ni una sola palabra que señale la fecha de la investidura como algo que perjudica a la clase trabajadora. De hecho, en el tema más político del acuerdo de Gobierno, la derecha ha salido en tropel a señalar como más “impúdicos” los artículos que benefician a la clase trabajadora. Aunque, al fin y al cabo, tan sólo se trata de recuperar parte de los derechos arrancados a esa clase durante el Gobierno del PP, ese mismo que situó cerca de la mera esclavitud a las clase populares en España. Con decir que España se rompe, sin explicar nunca qué es España más allá de la típica y falangista unidad de destino en la universal, y que el Gobierno va a traer la ruina económica (como si la clase trabajadora estuviese boyante y le saliese el dinero a borbotones de las carteras), les vale. Tampoco en Vox, tan preocupados como parecen andar últimamente por el estado de la clase trabajadora, se han quejado del perjuicio que se causa a los trabajadores. Realmente como todo su discurso basa sobre la ruptura de España, la xenofobia, la aporofobia y la bandera les da igual cuándo sea la investidura. Ellos embisten a todas horas y en cualquier momento, les da igual la fecha.

Clasismo asumido con todas las consecuencias por los peleles de la clase dominante, el cual tratan de ocultar mediante el uso de todos los elementos simbólicos que el franquismo sociológico incrustó en el inconsciente colectivo y que el régimen de 1978 no se ha atrevido a desmontar. Patria, espada y religión para ocultar la dominación de clase en términos políticos. “¡Van a romper España!” claman las derechas mientras entregan el país al Imperio y al capital (que a veces son lo mismo y otras no). “¡Desafuero el que hacen con el rey y el ejército!” sollozan desde las columnas de la caverna mediática, mientras tapan las comisiones y la utilización de la jefatura del Estado para los negocios de cuatro o cinco, mientras los exportadores agrícolas perjudicados por el veto a Rusia tienen que cerrar negocios. “¡Están acabando con las fiestas católicas!” señala el facherío mientras todos y cada uno de los días incumplen los mandatos de esa religión que quieren imponer a todos, como mecanismo de sojuzgamiento evidentemente. Al final todas las apelaciones al pathos, a lo emotivo, tienen el mismo fin desviar la atención de la lucha de clases cuando la clase trabajadora intenta recuperar algunos derechos, que se consiguieron mediante la lucha de muchos y muchas de las que hoy quieren manipular con el tema de las pensiones (esas que les congelaron durante años, mientras se gastaban la caja de la Seguridad Social en especulación financiera). Son como los kapos en los campos de exterminio nazis, extractados de la clase dominada para ser los más duros con los propios (sean patriotas españoles o de la clase trabajadora, comúnmente llamada media como mecanismo de engaño y aceptación de su esclavitud).

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