Tanto euro, tanta libertad de movimientos, tanto mercado único para que al final llegue un virus y muestre lo que todo el mundo sospechaba, que la Unión Europea no deja de ser una cueva de mercaderes… o algo peor, el IV Reich de Alemania como potencia imperial en Europa. Es la segunda ocasión en que la Unión Europea afronta una crisis con el mismo resultado: todo para el capital, nada para la ciudadanía. Tantos años de becas Erasmus para dotar de una conciencia europea a las jóvenes generaciones para nada. Salvo las borracheras y viajes de esos becarios, la Unión Europea no existe. No deja de ser un aparato burocrático al servicio de la clase dominante. Cuando llegó la crisis financiera provocada por la avaricia de los jerarcas capitalistas, pagó el rescate la población mediante medidas austericidas, pobreza y empleos precarios. Eso sí, desde esa Unión Europea nos vendían recetas emprendedoras, o lo que es lo mismo que cada cual aguante su vela.

Ahora que ha llegado la crisis del coronavirus, la Unión Europea (es decir, Alemania y sus satélites financieros) ha vuelto a dar la espalda a la ciudadanía. Hay que salvar antes que nada al capitalismo, lo que supone salvar a la única potencia con una industria avanzada. Sí Alemania. Ese mismo país que ha venido exigiendo o bien la entrega de las empresas privatizadas, o bien la desindustrialización periférica para evitarse competencia y tener a países completamente dependientes de su desarrollo en I+D+i. Con toda la Europa oriental como países donde situar la producción propia (una deslocalización cercana), Alemania ha controlado el euro a su antojo para vender caros sus productos tecnológicos, sin importarle que los productos muy competitivos, por calidad, del campo español, por ejemplo, se las viesen y deseasen por culpa de una moneda excesivamente alta. Ahora se han venido negando a nutrir de dinero a los países para afrontar la crisis sanitaria y económica, pero al final el dominio alemán ha saltado por los aires. Primero Italia y luego Francia han ejercido la soberanía sobre sus países metiendo dinero al sistema y nacionalizando industrias. En España no se ha llegado a nacionalizar pero también se ha metido dinero en el sistema (117.000 millones públicos), con las consabidas protestas de la ministra de la Troika que se sienta en el gabinete, Nadia Calviño. Quien como todo el mundo sabe, y aquí hemos contado en infinidad de ocasiones, trabaja para la clase dominante.

La Unión Europea ya no sirve en términos de globalización porque se ha mostrado completamente incompetente para afrontar la crisis sanitaria de forma comunitaria y, lo peor, ha vuelto a querer proteger al capital por encima de las poblaciones. El egoísmo alemán ha triturado lo que podría haber sido un proyecto global. Mientras parte de la clase trabajadora alemana tiene un Estado de bienestar muy aceptable, Berlín ha comandado la destrucción de los Estados de bienestar restantes y ha lanzado a la clase trabajadora, especialmente la del sur europeo, al abismo de la miseria. La Comisión Europea no deja de ser el consejo de administración de la clase dominante a nivel global, tan podrida como está por las aceptaciones de los lobbies que pululan libremente en Bruselas para conseguir beneficios económicos y que acaben pagando los de siempre. De hecho, deben tener pensamientos malthusianos porque les importa bien poco que mueran personas continuamente, pero hay que salvar las Bolsas, los beneficios de ciertas empresas (los autónomos no cuentan) y las cuentas de Alemania y sus satélites del norte.

Tienen suerte de que no existe una clase trabajadora concienciada a nivel europeo, pues se han pasado años destrozándola y enredándola con diversidades, con negaciones de alternativas, con falsas expectativas y todo lo que constituye esa ideología dominante que es inoculada día tras día hasta en las más mínimas noticias o disposiciones legislativas. Todo el entramado de la Unión Europea está montado para defender a los grandes conglomerados empresariales, algunas empresas estratégicas en cada país y poco más. Una vez que Alemania salvaguarda sus intereses (junto a Holanda y sus ventajas fiscales), toda la Unión Europea no deja de ser un brazo de la hasta el momento potencia hegemónica EEUU. La OTAN como aparato represivo y vigilante ha provocado que agricultores españoles, italianos, franceses o griegos hayan visto caer sus ventas por peleas de la potencia imperial con Rusia o China, por ejemplo. Ahora China devuelve la jugada mostrando su solidaridad con Italia y España como países más afectados por el coronavirus. No es que quiera ser potencia imperial más allá de Asia, eso no encaja con su filosofía vital, pero sí desea quitar aliados a EEUU. Ahora bien ¿lo permitirá Alemania? Y lo que es más importante ¿intentarán engañar otra vez a la población europea cuando se ve constantemente que China sí ayuda mientras los anglosajones hacen mutis por el foro? Seguro que lo intentan para salvaguardar su estilo de vida que no es otro que imponer las pérdidas del capitalismo a la clase trabajadora.

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