Los tiempos que corren son puro disparate y José María Guelbenzu, ducho en estas lides de hacer literatura con todo lo que se encuentre a su paso, plantea en su nueva novela, Los poderosos lo quieren todo (Siruela),  una maravillosa locura literaria protagonizado por Hermógenes Arbusto, un asesor fiscal que vive por y para los negocios de todo tipo hasta que la muerte le respira en el cogote.

Definitivamente el disparate entra en su literatura. ¿Por qué el disparate y por qué precisamente ahora?

Pues sí, es cierto, había venido asomando en alguna otra, pero ha llegado el momento de darle rienda suelta. Supongo que, llegados a cierta edad, hay que darle la vuelta al escepticismo y no dejarse llevar por la corriente. Para eso, nada como el humor, la sátira y la mala uva.

De sobra sabe que el humor lo carga el diablo, y más literariamente hablando. Imagino que no le da miedo comprobar cómo se lo toma la crítica…

No me da ningún miedo porque yo creo en la libertad y, por tanto, los críticos pueden tomarse el libro como mejor les parezca. Toda novela es una propuesta al lector y siempre corres el riesgo de que el lector no acepte suspender su incredulidad al entrar en el texto y aceptarlo tal como es. Lo verdaderamente malo es no ser capaz de arriesgar y quedarte estancado repitiendo los mismo una y otra vez. 

Otro autor más acostumbrado a lo disparatado, Eduardo Mendoza, dice que se lee sin parar y que deja “un gusto ácido y tierno”. ¿Era esa su intención inicial al abordar esta historia?

Creo que más bien deja un gusto más ácido que tierno. En la sátira hay que ir por todas. Yo diría que al humor hay que darle consistencia con una cierta dosis de crueldad, pero sin perder de vista el lado humano de la realidad.

El título de la novela no deja margen para especulaciones, ¿no cree?

Ninguno. No es una propuesta, es una confirmación. Y a partir de ahí, desarrollo una historia. 

¿Realmente puede haber personas como su Hermógenes Arbusto?

Y mucho peores. No en la forma en que aparece, porque es una sátira, pero sí en lo que se refiere a la conciencia de tales personajes o, mejor dicho, a los materiales de los que está formada esa conciencia.

¿Por qué cree que la ambición desmedida no tiene límites en muchos humanos?

Porque es como la droga: el dinero es la cocaína de los poderosos, muchos de los cuales celebran su poder aspirando unas rayas, además. El dinero no produce ambición sino adicción. La ambición conduce al dinero: entonces es cuando se dispara la adicción  y se disuelve la condición moral de las personas.

¿Qué ha pasado para que la sociedad actual llegue a tal grado de estulticia a todos los niveles? De ahí quizá el tono elegido para esta novela disparatada, ¿no?

Bueno, el disparate es como un espejo deformante: nos hace reír y nos muestra nuestras imperfecciones. Efectivamente, la estulticia es tal que hay que acudir a los espejos deformantes para poder reconocerla y, si sabe, si no es demasiado tarde, tratar de regenerarse.

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FICHA TÉCNICA

Los poderosos lo quieren todo

  • José María Guelbenzu
  • Siruela
  • 320 páginas
  • 19,95 €
  • Digital: 8,99 €
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