Lo bueno que tienen los cuñados es que en las redes sociales acaban actuando como lo hacen en la barra de un bar, justo en ese momento en que se califican de cipotudos. Así le ha pasado a Jorge Bustos, jefe de Opinión del periódico El Mundo, quien al final ha dicho una verdad como un templo, que en su periódico no tienen otra cosa que hacer que intentar acabar con Pedro Sánchez. No es malo que digan esas cosas en público, así las personas de bien que vean un titular o una información de ese medio ya saben a lo que atenerse. Aunque teniendo entre sus columnistas a Arcadi Espada, Federico Jiménez Losantos, Fernando Sánchez Dragó y el resto de la patulea intelectualoide no es que se escondiesen mucho antes.

La afirmación de Bustos, sin embargo, ofrece una verdad que habíamos denunciado en estas mismas páginas, desde que se anunció el preacuerdo entre PSOE y Unidas Podemos, todos los medios de derechas se vienen dedicando a inventar informaciones, a criticar cualquier movimiento de pestañas de los intervinientes y a generar un medio ambiente político irritado. Una conjura completa que tiene como único fin cazar la cabeza de Sánchez. Como explicó en su libro Espectros de Marx el deconstruccionista Jacques Derrida conjura tiene un doble significado que bien se podría aplicar a lo que están haciendo Bustos y sus colegas de la estructura mediática. En primer lugar, conjura se puede referir a la unión de unas cuantas personas que se juramentan para llevar a cabo una acción conjunta contra un enemigo común, por ejemplo. En este sentido es obvio que, como sucedió hace años contra Felipe González, o ha ocurrido siempre que la izquierda a la izquierda del PSOE ha subido en apoyos, que los medios de la derecha (casi todos no hay que olvidarlo) se han conjurado para cavar con cualquier posibilidad de que la izquierda en unidad gobierne. Sólo hay que ver las mentiras, como le han afeado los supuestos afectados, de un Eduardo Inda al servicio de los intereses florentinos.

Luis María Anson (que por cierto también escribe en El Mundo) habló hace años de la conspiración, pero después de que se hubiese producido (Ramón Cotarelo sí lo denunció en el momento de la conjura). Hoy Bustos y demás cómplices de la clase dominante lo dicen abiertamente. ¿Por qué? Porque tienen un arma que tiene que ver con la segunda acepción de conjura. Conjurar también es llamar a los espectros, a los espíritus o a los monstruos para que se aparezcan. La clase dominante ha lanzado el conjuro del monstruo de la ultraderecha o neofascismo. Los mismos que se lanzan a por el cuello de Sánchez son los que blanquean constantemente a Vox. Piensan utilizar a ese monstruo que han conjurado contra la socialdemocracia (en sus dos versiones liberal y radical que son PSOE y Podemos), vencer en la lucha de clases y poder sojuzgar sin problemas a la población entera. Da igual que usted se piense de clase media por tener muchos fetiches y una bonita casa, también está expuesto al monstruo porque no deja de ser clase trabajadora al fin y al cabo (no tiene medios de producción propios).

Hacer imposible no sólo un gobierno de coalición de las izquierdas sino evitar cualquier posibilidad de que las ideas de esas izquierdas puedan ser dominantes. En el primer caso, actuarán contra cualquier posibilidad de mejoras materiales (como sí han logrado en Portugal) de un gobierno de tal categoría. Y de conseguirse hablarán y no pararán de cuestiones inventadas; centrarán sus esfuerzos en un mal dato por banal que sea, lo que es muy efectivo porque las personas viven en el idealismo del dato (no saben, ni se preocupan en ver qué hay detrás de la mera cifra); criticarán hasta el color del bolígrafo que se utilice en la firma de un tratado que puede tener ventajas para los españoles; o, como vienen haciendo, dirán que el gobierno español abjura de la potencia imperial de Estados Unidos, como si eso fuera malo. En el segundo caso, van a intentar que la ideología dominante neoliberal siga prevaleciendo. Por ello sacarán “expertos” de debajo de las piedras si hace falta y les sacarán todos los días en televisiones, radios y periódicos pugnando contra el discurso del Gobierno. Una lucha de clases en lo político y en lo ideológico (que están imbricados). Y si a esto se suma que no quieren que acabe el conflicto catalán porque les sirve para reforzar su postura identitaria-nacionalista, normal que se jacten en público de lo que van a hacer.

Sin duda estamos ante la conjura de los necios, pero estos necios y amargados tienen parte del poder en sus manos (la fracción mediática) y al verdadero poder en última instancia detrás de ellas y ellos. No les importa prostituir el periodismo, el cual no consiste en derribar gobernantes, sino en informar de la realidad. Esta parte hace mucho que se olvidó porque jamás informan de la realidad que se encuentra oculta tras las máscaras diversas del poder. La mayoría de medios hoy se dedican a ocultar a la fracción dominante (la económica), a apoyar a “su” partido de derechas preferido (PP o Ciudadanos en estos tiempos) y a blanquear los monstruos conjurados para acabar con todo aquello que huela a izquierdas. Así es como actúa la clase dominante, la cual siempre tendrá el recurso de la represión armada. Por ello el Estado es un aparato que suelen utilizar. No es verdad que los ricos no tengan patria (su dinero no la tiene), sí que la tienen porque les sirve para protegerse contra los enemigos exteriores y, principalmente, los interiores. Los que no tienen patria son las clases trabajadoras y hoy estamos ante una nueva lucha de clases a nivel global. El neoliberalismo como ideología dominante, el neofascismo como asustaviejas y el capitalismo como determinante en última instancia son los peligros a los que se enfrenta la mayoría de la población. Por eso hoy la clase trabajadora (objetivamente entendida) se enfrenta a una gran batalla en España, la más dura de cuantas ha enfrentado en los últimos decenios.

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