Podemos, para ser una construcción/movimiento tan postmoderno, parece que tiene en su seno lo peor de la tradición comunista. Tanto tiempo parafraseando a Gramsci con aquello que mientras se desarrolla lo nuevo, lo viejo no termina de irse para acabar tomando lo peor de lo nuevo (postmodernidad) y lo peor de lo viejo. Y ¿qué es lo peor de lo viejo? El estalinismo. Esa infección que ha recorrido la mayoría de partidos creados al albur de la Tercer Internacional y que, pese a su denuncia en el XX Congreso del PCUS, ha permanecido dentro de la intrahistoria de las estructuras partidistas, bien en los viejos partidos comunistas (los pocos que quedan), bien transmitida la infección al portarlas las personas que en esos partidos estuvieron.

Gracias al socialdemócrata alemán Robert Michels sabemos que la ley de hierro de los partidos políticos actúa sin remisión. Siempre que se habla de organización hay que hacerlo de oligarquía. A esto no escapa ningún partido y menos en estos tiempos de concentración en las “personalidades” que dirigen las organizaciones como si fuesen movimientos personales. Da igual que sea Pedro o Juan quien dirija un movimiento político la ley de Michels actúa indefectiblemente. Pero no es esto, mejor dicho, no es sólo esto lo que ocurre en Podemos. En la organización morada se va más allá de la simple personificación y la oligarquización para entrar en el terreno del estalinismo (o el peronismo si prefieren la referencia más populista). Carente de una organización fuerte y asentada, ya que nada de eso tiene, Podemos se ha construido en torno a su dirigente máximo y su voluntad como única fuente de emisión de mandatos e ideología. Todo surge de él para volver a él mismo. Un eterno retorno hacia lo único que se ha permitido construir como organización: la figura de Pablo Iglesias.

Al igual que Josef Stalin se quitó de en medio a todos aquellos que formaron parte de la Revolución de Octubre con acusaciones de traición y de revisionismo (los espantosos Procesos de Moscú y el asesinato de Trotsky), Iglesias ha ido laminando a todas aquellas personas que lanzaron a su vera el proyecto que impugnación del régimen del 78. Tomaron esas personas la corriente interna que emergió del acontecimiento del 15-M para lanzarse a la política, como instrumento de traslado de las demandas populares; le situaron por su locuacidad al frente, llegando incluso a utilizar su imagen como logo del propio partido; establecieron el ideario (Iglesias peca de ser muy limitado a este respecto); y con el paso del tiempo fueron purgados por no plegarse a los deseos personales del líder. Los apellidos Bescansa, Alegre, Espinar, etcétera han desaparecido de la escena morada acusados de traición, de sedición o asqueados de ver en qué se había transformado el movimiento/organización que había creado brazo con brazo. Verdaderas purgas por separarse no del ideario, que al fin y al cabo había sido parido por ellas y ellos, sino por disentir de los deseos de “amado líder”.

Todo queda reducido, por tanto, al culto a la personalidad. Podemos es lo que quiera Iglesias que sea. La verdad no está afuera, no se escudriña entre la tonelada de relatos, palabras o imágenes que pululan en la sociedad del espectáculo, no. La verdad es aquello que Iglesias dictamina que es verdad. El diktum es aquello a lo que el dirigente máximo confiere la categoría de hecho. No hay más verdad que las palabras del secretario general y su oligarquía. Una oligarquía, por cierto, que tiene una circulación de las élites basada simplemente en los deseos del líder y la regla máxima de no discrepar de su voluntad. Izquierda Unida, como reconocen los viejos dirigentes de la misma, ha quedado subsumida hasta tal punto en la voluntad de Iglesias que es él quien elige qué personas de esa formación participan de las negociaciones y lo que tienen que decir. Alberto Garzón, a quien han reprendido interna y públicamente (le mandaron una legión de trolls para señalarle y que volviese al redil), ya no tiene voluntad propia (algunos críticos de IU dicen que nunca la tuvo) sino que debe transmitir el mensaje ideado por otra formación política y renunciar a sus propias ideas (como partir de un programa acordado en las negociaciones). Como hacía Stalin con los partidos de la órbita soviética a los que obligaba a seguir los dictámenes del Buró Político del PCUS o caían condenados, como le pasó a Tito. Ni IU, ni Equo, ni los comunes tienen voluntad  propia; no hay decisión colectiva; no hay órganos colectivos de debate; todo surge del “núcleo irradiador” que no es otro que la persona de Iglesias.

La manipulación de la realidad.

De todo esto se deriva que la realidad que transmiten es la que ha decidido que sea la realidad. Una realidad completamente ideologizada que se extiende no sólo entre los dominados del movimiento, sino entre los aparatos ideológicos afines a “amado líder”. Medios de comunicación que se han transformado en el Gramma podemita porque les conviene o porque su verdadero dueño ha establecido que le conviene utilizar esa realidad para conseguir sus fines espurios. Una ideología separada de la realidad pero que se impone, incluso, a los socios. Veamos dos ejemplos.

En primer lugar Irene Montero intenta convencernos de que lo que ha pasado es otra cosa y que el futuro sólo tiene una salida gracias a la pareja que comanda Podemos. Así se ha expresado en Twitter: “Sánchez quiere resucitar el bipartidismo. No aceptan que un gobierno en solitario es cosa del pasado. Aún [sic] así le hicimos presidente a cambio de nada en la moción y fracasó: duró 8 meses, incumplió lo pactado con nosotros (ej: regular precio alquileres) y seguimos con PGE del PP”. Como pueden comprobar, al ser el populismo inmanente en la ideología podemita, la culpa es de Sánchez porque querer volver al bipartidismo (¿En qué momento han podido Ciudadanos o Podemos gobernar como fuerzas mayoritarias? Es lo que tiene no saber algo sobre sistemas políticos) que es lo viejo y ellos son lo nuevo. Olvida que lo nuevo no tiene por qué ser mejor que lo viejo. También es culpable de incumplir el acuerdo de los alquileres, algo para lo cual no había mayoría suficiente en la cámara, pero la culpa es suya, como lo es que ERC decidiese tumbar los presupuestos por dar una lección.

Lo mejor llega cuando comienzan a falsear la realidad: “El PSOE nos lleva a elecciones por no aceptar que España ha cambiado y ya no es un país en blanco y negro, PSOE o PP. Y de paso se da una oportunidad para cambiar el “con Rivera no” por un “Estimado Albert, contigo si”. Cambiar, cambiar, lo que se dice, cambiar parece que no tanto. Que si a Podemos le quitas un millón de votos de IU, eso del 15-M y sus cosas se queda en dos millones con suerte. Pero es que, además, hasta el momento, como ha quedado refrendado en votaciones en autonómicas y locales, sí sigue siendo una alternativa PP-PSOE al frente del poder. Con coaliciones o sin ellas, pero los que tienen las presidencias son militantes de esos partidos. Los ayuntamientos del cambio son parte del pasado, han sido efímeros y malísimos para la izquierda en su conjunto. Para tapar esto, que es la realidad, hay que señalar a Sánchez como socio de Rivera a futuro porque lo dice el Ibex-35. Podría ser verdad pero la realidad es que sólo ha ofrecido ministerios a Podemos pasando por encima de los deseos expresos y expresados de la clase dominante.  Y llegamos al mejor punto, al de la única solución para España: votar a Iglesias. “Siendo conscientes del hastío, nuestra obligación es trabajar para que los cambios que parecen ser bloqueo terminen de nacer y haya en España un Gobierno feminista, que regule los precios de los alquileres, garantice empleo estable y luche con decisión contra el cambio climático”. Curiosamente todo lo que pide Montero en ese tuit lo podría hacer el PSOE perfectamente porque no altera la estructura de dominación de la clase dominante. Es más, el feminismo del PSOE es más feminista (por abolicionista y contrario a los vientres de alquiler) que el de Podemos.

Monedero, el agente ideológico de Iglesias.

Numerosos intelectuales trabajaron bajo el auspicio ideológico del estalinismo, eran intelectuales estalinizados (o acongojados). En Podemos, más allá de la turra de palabras extrañas que suelen utilizar para expresarse, palabras y frases que en realidad esconden la nada tras de ellas (muchos significantes sin significado), siempre acaba estando Juan Carlos Monedero para establecer el dogma oficial de Podemos. Es él quien, tras consultas con “amado líder”, siembra las redes e induce a los activistas con el fermento ideológico necesario para cada momento. Da igual que sea en televisión o en los papeles. “La única vez que Pedro Sánchez ha gobernado ha sido porque Pablo Iglesias le organizó la moción de censura. Ahora quiere hacer campaña insultado a Podemos  y esperando a Rivera. Pura izquierda. Viene una campaña sucia que va a dar vergüenza. Con buitres y mucha mierda” ha dicho el profesor universitario. Debe ser que no ha leído la cantidad de insultos que vienen profiriendo desde las redes controladas por Juanma del Olmo contra el PSOE y los discrepantes (el otro día sin ir más lejos a Laura Camargo). En el arte del insulto ganan en Podemos de sobra pero, manipulando la realidad, son los demás los que hacen eso. Y cómo no, el amor perdido de Rivera en el horizonte.

Esas frases al final son el nutriente de las redes sociales, que no son todo en Podemos ni en la realidad social, pero es más curioso como manipula Monedero desde los medios de comunicación gracias a los artículos que escribe. Ayer mismo en Público se expresaba así: “Es lo que tienes cuando a la cúspide de los partidos llegan los mediocres que solo valen para moverse con astucia frente a otros mediocres. Y como no tienen proyecto, son kamikazes. Y cuando no se matan ellos, pues van llegando pronto a los sitios”. Los mediocres creados en las burocracias anquilosadas de los viejos partidos del bipartidismo tienen la culpa de todo lo que sucede y de venderse al Ibex-35 le ha faltado escribir, pero para no querer insultos está bien eso, salvo un detalle, se le ha olvidado citar en el texto que Sánchez ofreció a Podemos una vicepresidencia (asegurada para Montero como condición para negociar cualquier cosa) y tres ministerios, que sí que pueden ser más o menos discutibles en su composición, pero es que la formación morada quería el Gobierno para ella sola con Sánchez al frente en un primer momento. Aunque ¿no habíamos quedado que lo principal era controlar la deriva derechista del presidente? Pues con esos cuatro cargos de sobra tenían y si el PSOE es de derechas ¿por qué pactar con él?

Ahora les proponemos un juego tomando las palabras de Monedero. El ideólogo de Iglesias ha dejado escrito lo siguiente: “Cuando no tienes un proyecto de país, cuando te escriben los libros, los discursos y las tesis, cuando solo te sabes mover en los engranajes de las elecciones y en la burocracia del partido, tu horizonte es dentro en un ratito, no más tarde, y el gigante sobre cuyos hombros vas no es un intelectual con algún prestigio y tampoco una persona reconocidas por su honestidad y sus valores. No. Es Iván Redondo, una persona simpática e inteligente que ha hecho un receso después de asesorar a Monago y Albiol para decirle al socialismo cómo tiene que comportarse ese partido de más de cien años”. Hagamos una pequeña modificación al texto para que diga lo siguiente: “Cuando no tienes un proyecto de país, cuando te abren las televisiones para dividir la izquierda, cuando solo te sabes mover en los engranajes de las elecciones y en la cúspide del partido, tu horizonte es dentro en un ratito, no más tarde, y el gigante sobre cuyos hombros vas no es un intelectual con algún prestigio y tampoco una persona reconocida por su honestidad y sus valores. No. Es Pablo Gentili, una persona simpática e inteligente que ha hecho un receso después de asesorar a Kirchner y Rousseff para decirle al populismo podemita cómo tiene que comportarse ese movimiento surgido del 15-M”. ¿Curioso verdad?

El caso es que Monedero sirve en sus artículos y sus demás intervenciones públicas el nutriente necesario para la falsificación de la realidad y del futuro, aunque por su nombre mismo debería ser impredecible: “Intentan cargarse a Podemos y preparan a Ciudadanos y al PP para, sea cual sea el resultado de noviembre, cedan a una gran coalición”. A Podemos ya no hace falta cargárselo, desde dentro están haciendo todo lo posible para llevar a cabo esa operación, la cual, por cierto, no está tan mal vista por las personas de izquierdas pues podría construirse algo transformador de verdad. No tanto de las cenizas sino del espacio dejado. Podría producirse un encuentro, un enganche, que conformase algo distinto a lo que ha sido y es Podemos y que pueda dar respuesta realmente a las preocupaciones de las clases subalternas. Un espacio donde lo programático realmente sea lo importante y no los cargos. Monedero se pregunta “¿Quién es el ideólogo del PSOE?” igual buscando un partenaire con el que debatir. Lo paradójico es que lo programático, eso que ahora sacan a pasear Montero y Monedero, no ha existido en todas las negociaciones que han mantenido con el PSOE. Esconden a sabiendas, como sólo los buenos estalinistas saben hacer, que al final todo era cuestión de poder no de programa. “Hubo un tiempo en donde las ideas eran lo más importante en los partidos de izquierda. La verdad era revolucionaria y con la verdad se podía convencer a la mayoría del pueblo para ensanchar la democracia” ha dicho en Twitter Monedero y tiene razón, ya va siendo hora que se lo aplique a Podemos y deje de manipular la realidad para presentar una verdad que es ideológica, en el sentido que le quiso dar Althusser (otra vez que les quita la razón el fallecido pensador), como ejercicio de dominación no como eje revolucionario. Más allá de Iglesias y su oligarquía no hay ni izquierda, ni nada, de igual forma que en tiempos pretéritos hacía el PCUS. Lo viejo perdura con mucha insistencia en Podemos, tanto como para avejentar en sólo cinco años la organización: culto a la personalidad, purgas y distorsión de la realidad.

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