Elia Tabuenca, una grata sorpresa en el mundo de la novela

A pesar de una prolífica carrera en el micro-teatro barcelonés y ser este ser tercer texto a la venta, Elia Tabuenca sigue siendo una gran desconocida del gran público literario. Una desconocida que no merece serlo viendo cómo otros y otras con menos aparecen más. En esta su segunda novela “(Des)Conocidas” nos ofrece la historia de dos mujeres que, en un principio, no tienen nada en común salvo vivir en una especie de distopía a la vez. Daniela y Martina (o ¿no es Martina? Ya se verá) son las protagonistas de dos caminos vitales dentro de un mundo que se ha envilecido hasta perder lo que de humano tenía. Tossa de Mar como epicentro de dos vidas puede que se encuentren vinculadas de una forma que ninguna de las dos pensaría en un principio.

Publicada por Libros Indie, la novela de Tabuenca rezuma por sus cuatro costados las epopeyas de José Saramago en sus ensayos (sobre la ceguera y la lucidez). No piensen, pese a ser un mundo distópico el que se nos presenta, en una novela plenamente política o sobre política. De eso algo hay como entorno de las verdaderas historias. Como sustento de un tiempo literario que necesita de un anclaje con los tiempos aterradores que corren (en la novela y en la vida) pero que al final no deja de ser un canto coral a la vitalidad, a la humanidad o a la fraternidad. Es una alegoría sobre la bondad del ser humano cuando vive en sociedad. Incluso el personaje más mecánico guarda en sí un poso de humanidad que acaba compartiendo con los demás seres humanos que le rodean. Dos protagonistas femeninas como metáfora bella sobre un futuro que será de ellas junto a ellos. Una epopeya que nos recuerda, utilicemos a la propia autora, que “el poder es lo peor que le puede pasar a un hombre. Tú dale algo de poder, lo más mínimo, y se trastornará. Porque el poder nos da delirios de grandeza, nos da una posición diferente al resto de nuestros hermanos. Y esto es algo tan innatural que nos hace enloquecer”.

Demuestra Tabuenca que tiene una capacidad asombrosa para la creación de historias. El final es sumamente sorprendente. Maneja, pese a la postmodernidad de su prosa, los recursos literarios para generar historias que tienen algo que decir y enseñar. No es la típica novela de traumas propios o fantasías de otro tipo de escritores noveles. No. En (Des)Conocidas el desarrollo de la historia, o mejor dicho, las historias está bien planteado y desarrollado. Incluso el recurso al género epistolar le dota de singularidad a la propia narrativa. Que la autora destaque en el género teatral también se ve reflejado en el trabajo de los personajes y del transcurso de la propia historia que se está narrando. Imaginar una historia como la que nos ha presentado Elia Tabuenca no es sencillo, no está al alcance de muchas personas. Siendo una obra de la postmodernidad, tiene algún aroma de tiempos pasados de la novela, donde el argumento de la misma era fundamental para el desarrollo de la totalidad que se presenta. No hay una linealidad sin sentido, un escribir por escribir hasta que el autor decide poner el punto final. La obra está pensada, imaginada y luego desarrollada.

En el debe, sólo es opinión analítica, de la autora dos cuestiones. Esa facilidad arrastrada del teatro genera una pérdida de profundidad de los personajes. En el teatro el texto puede ser magnifico pero la re-presentación del personaje queda en manos del actor y el trabajo del director. En una novela es recomendable que el personaje no sólo se presente sino que se nos re-presente para poder sentir repulsa o empatía, mecanismos gracias a los cuales nos introducimos  en los propios personajes. Más si cabe cuando, ¡Gracias Elia!, no se nos atormenta con números personajes que entran y salen de las páginas. Una segunda cuestión que hemos notado en el texto es que, pese a tener el don para la creación de historias, aún le queda un poco para manejar los recursos estilísticos (esto me lo enseñó el escritor Daniel Múgica). Digamos que le faltan lecturas para dotar de una narrativa más diversa, más estilizada si se quiere decir, al desarrollo de la novela. Se pasa de grandes páginas de un lirismo único a otras más normales. Debería, y es sólo un consejo, mantener el tono en la mayoría de las páginas. En el momento en que logre eso, estaremos ante una de las grandes escritoras de nuestro país sin duda alguna.

Dicho esto, por si se han enfriado los lectores de esta crítica (han de reconocer que con los políticos soy más cruel y sardónico), les recomiendo la compra y lectura del libro de Elia Tabuenca. Van a descubrir una historia que merecería igual poder ser llevada al cine. Un final impactante y una bella historia sobre seres humanos, simplemente. Y, por qué no añadirlo, una historia sobre la esperanza. Anímense a leer (apaguen sus móviles por un rato) y adéntrense esta novela.

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