Siempre hay un buen motivo para verse con Daniel Múgica. El otrora enfant terrible de las letras siempre te deja algo. Un matiz. Una reflexión. Unas risas recordando algún hecho del pasado. Y nada mejor que dialogar con él con la excusa de su novela La dulzura (Almuzara) que, además, ha obtenido el XXXIII Premio Literario Jaén.

D16. Después de lo que ha parecido tanto tiempo y con nuevo premio bajo el brazo ¿de nuevo Daniel Múgica?

DM. Hubo un momento en que me resultaba fácil escribir, lo cual ya no me emocionaba. Lo medité y llegué a una conclusión: escribe sin publicar hasta que encuentres las mayores complicaciones y te sepas al dedillo la técnica procurando añadir la propia, y te apasione de nuevo este arte. No he dejado de escribir ni un solo día hasta que he resuelto el dilema, cuyo desenlace es el premio Jaén de novela por “La dulzura”. De nuevo, cierto, renacido.

D16. En tu nueva novela La dulzura hablas del amor en tiempos de dolor ¿el amor si no duele es menos amor?

DM. Sólo si el amor es de verdad duele, cuando se producen las discusiones provocadas por los hombres, con un sentido menor de la realidad que la mujer por lo general, el único territorio a descubrir en nuestro planeta porque además la mujer da la vida, lo que significa proporcionar amor.

D16. El regusto que queda tras leer La dulzura es que pese a todo, pese a este lóbrego sistema en el que nos movemos ¿es el ser humano en el fondo amor y desprendimiento?

DM. Uno llega a casa triste, su mujer o sus hijos o el Dios en el que cree le regala un abrazo de amor; la tristeza se diluye, mengua, se achica. Con la “La dulzura” me marque los siguientes objetivos: que primero yo y luego el lector se enamorasen de Gadea, una mujer joven y complicada –sus amigos, pareja y familia desconocen hasta el final si ha desaparecido o no en uno de los trenes de los atentados del 11-M en Madrid-; que la gente que vive fuera de Madrid supiera cómo nos sentimos aquella fecha de infamia del 2004 los que habitamos Madrid; que tuviera un ritmo muy fluido y una estructura especial; que pese a la tragedia se leyese de una manera hermosa, bonita, amable; que se centrase en las emociones más que en las reflexiones –las que ejecutan con rigor las asociaciones de víctimas del terrorismo, los periodistas, los intelectuales comprometidos y las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado- y al cabo que el amor sentido hacia Gadea salvase a su gente de sus propios errores, o dicho de otra manera, que el amor, siendo el mayor impulso de la naturaleza humana, hijo de la libertad, brillase como una antorcha en un cueva que facilita calor, protección y cariño. Tres palabras que aunque se posean son necesarias incrementar a fin de que nos dignifiquen más, en lo humano, desde lo humano.

D16. Retomas en la obra la búsqueda como hilo narrativo, como ya hicieses en Uno se vuelve loco, por ejemplo, ¿esa búsqueda sigue siendo lo que te lleva a escribir o a expresarte mediante la escritura?

DM. El llamado hilo narrativo, a mi entender, es lo más complejo para cada novelista, la articulación de una estructura siempre diferente que demanda la edificación de lo ficcionado. Ese es uno de los retos que me empuja a escribir. Pero hay otra razón más sencilla, es lo único que sé hacer. Y la búsqueda permanente de lo mejor de cada uno, y su defensa a ultranza. La búsqueda de un sentido de la vida construido desde los defectos y virtudes asimilados, los propios. La búsqueda de una realidad mejor en todo y para todos, donde cada persona aporte su grano de arena. Lo anterior mediante las palabras. Mi granito es la escritura, aumentar la imaginación.

D16. Otro tema que aparece y que también está presente en tus anteriores obras es la lucha entre el bien y el mal (muy patentes en Mala Saña, El Poder de la sombra o Bienvenido a la Tormenta), ¿es esa dicotomía el motor de la historia o de las personas?

DM. Siempre está presente en mis novelas. Considero que la historia no es cíclica y que tampoco la hacen los líderes. El motor de la historia con mayúsculas está hecho por las personas anónimas, la esplendida mayoría, y se basa en la búsqueda de la libertad, que también es la de la felicidad, tanto en los derechos colectivos como en los individuales. A ello se enfrenta el mal, hoy en su variante terrible, el terrorismo indiscriminado. Por mucho que tod@s caminemos en territorios grises, en los momentos de dificultad hay que posicionarse. La mía, desde el agnosticismo y con respeto a todas las religiones, es que la libertad es el único valor absoluto y que por ello nos debemos al bien, a trabajar en pro de la justicia social.

D16. Afirmas en otro lado que “el loco tiene siempre la sensibilidad encima de la mesa” ¿es la locura una fórmula de evasión de una realidad que duele? ¿Tu propia experiencia personal te lleva a entender de otra forma los posibles ángeles o demonios que pueda haber en la cabeza?

DM. No lo considero una evasión. El personaje al que todos aman en la novela, Gadea, y que devuelve el amor con creces, adolece de esquizofrenia paranoide, un estigma social a erradicar, cuanto antes mejor. La enorme virtud de la locura frente a la cordura se apuntala en que los denominados locos, ajenos a la normativa social, son capaces de aflorar lo más recóndito y bello de sus sentimientos, de obsequiarlos a manos llenas. ¿Cómo no se les va a amar?

D16. No sueles esconderte respecto a tu propio bagaje cultural judaico, en esta obra de hecho Judá es el escritor frustrado que también busca a la protagonista, la cual ha sufrido el fundamentalismo religioso en casa ¿la religión sirve si libera al ser humano o no es más que el opio del pueblo que denunciaba Marx?

DM. Estoy orgulloso de mi herencia judía, riojana y vasca, y de amar a España siendo de izquierdas y asumiendo que un conservador puede tener razón desde una educada y mutua discrepancia. Algo semejante pasa con la religión para mí. En el pasado la religión perseguía y mataba, nuestra Inquisición hasta hace relativamente poco, las Cortes de Cádiz. Sin embargo ahora, igual que puedo coincidir con un conservador en un argumento político, también me siento a gusto con las personas religiosas, sea cual fuere la religión –la mayoría de mis amigos son católicos-. Y me encuentro bien porque me consta que esa religión que profesan les garantiza alivio espiritual, algo que siempre es bueno en el difícil mundo con el que nos toca lidiar. El que no desea lo mejor para sus amigos no lo es. Estoy, por ejemplo, harto de que se menosprecie a los musulmanes y a su gran cultura por culpa de una manada fanática de terroristas. Es una barbaridad y un acto contra la libertad, en el caso que nos ocupa religiosa, que en cierto país de la UE se haya pretendido derrumbar mezquitas. El tema de la diversidad religiosa es una parte de “La dulzura”. Perdemos el respeto al prójimo: nuestra nave se estrella aniquilando nuestra humanidad.

D16. Sinceramente, haciendo una introspección ¿por qué deberían leer La dulzura? Véndeme tu propia obra, dile a los lectores el porqué de pararse frente al mundo y dedicar unas horas a una novela.

DM. Lo único que me atrevo a decir es que un lector se lea hasta la página 60 y que si en ese momento ni le ha enganchado ni le ha gustado la tire a la basura o la aparte. Un lector o lectora tiene el mismo derecho a que no le guste mi trabajo que yo a realizarlo.

D16. Tengo la impresión, viendo lo que se publica en los últimos años, que existen muchos “juntapalabras” más que escritores, personas que leen poco o leen mal y que se lanzan a esta aventura, ¿qué opinión tienes de la literatura en España?

DM. En España hay magníficos escritores y escritoras. Te voy a dar dos nombres, de lo contrario rellenaría muchos folios. En lo que se refiere a la estructura, a mi juicio, Arturo Pérez-Reverte es uno de los mejores del mundo. Dolores Redondo, de mi tierra, San Sebastián, tiene la extraña y prodigiosa habilidad de mixturar la novela policiaca con los mitos y leyendas, todo un descubrimiento. Luego están los “juntapalabras”. Algunos de ellos y ellas, pocos, se dedican a la novela histórica sin dar aliento a las emociones ni trabajar el lenguaje. Esto es un oficio de largo recorrido, esforzado, donde se pasa muy mal y a veces muy bien. Es la premisa principal que no comprenden los “juntapalabras”; de ahí su escasa dedicación a mejorar.

D16. Ya que hablamos de libros, afición obsesiva que compartimos con nuestro gran amigo en común Nino Olmeda, ¿qué lees últimamente? ¿Temas? ¿Autores?…

DM. El libro que me ha sugerido el magnífico periodista y buen amigo Nino, HHHH, de Laurent Binet; cualquier novela de Herta Müller, Marai, Camus y Baroja. Siempre releo al escritor por antonomasia (descontando El Quijote) en español: Quevedo.

D16. No hace muchos años te hemos visto en tertulias políticas, las cuales ahora no frecuentas ¿acabaste hastiado o lo que hay ahora no te llega a atraer?

DM. Más que tertulias eran encerronas. Acabé harto de los insultos de ciertos/presuntos tertulianos. Es algo a lo que volveré solo si encuentro un espacio donde las buenas maneras hacia el adversario, incluso en un debate acalorado, sea la máxima.

D16. Tus hijos te hicieron parar y plantearte la vida de otra forma ¿qué mundo deseas dejarles?

DM. No conozco a ningún padre ni madre que no se replantee su existencia teniendo hijos. Amo de profundis a los míos: Manu, David y Nina. A la mayoría nos consta que, en el presente, les hemos dejado un mundo mucho peor. Ha sido el gran error del PSOE y del PP en sus estancias en el gobierno, no activar los medios que evitasen el estallido de la burbuja inmobiliaria, por el simple hecho que ambos partidos hacían crecer la economía y cosechaban votos. Añado que no me creo a Ciudadanos, Rivera me parece un oportunista político, y por supuesto Iglesias, el malo, no el fundador de mi partido, el PSOE, hace ya demasiado tiempo que se quedó sin ideas; él mismo lo ha demostrado con su equidistancia en el procès catalán. En los asuntos serios la equidistancia se me antoja una forma de cobardía o de pretender ganar escaños pensando que el votante es tonto. Lo de Puigdemont resulta de vergüenza, y lo afirmo con absoluto respeto a sus votantes.

D16. Un placer, como siempre, Daniel haber podido hablar contigo. ¿Será esta vez la espera menor para ver alguna obra narrativa, de teatro o de cine tuya?

DM. Será corta. La próxima novela ya está escrita, igual que un par de guiones. Espero o me gustaría, consciente de saber que los anhelos chocan con la realidad, conseguir tiempo para la escritura teatral, la de poesía y el ensayo. El placer es mío. Yo soy el que te estoy agradecido por brindarme la oportunidad de promocionar “La dulzura”, dicho con humildad pero sin modestia.

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