Ha sido un proceso largo pero que estaba en el ánimo del secretario general madrileño, Ramón Espinar, desde hace tiempo. Ya tienen los municipios madrileños sus respectivos secretarios y secretarias generales de Podemos. Algo que, como afirman desde la propia organización, servirá para fortalecer al partido de cara los momentos cruciales que se avecinan en el horizonte político y poder, además, ofrecer una cara menos “caótica” que hasta el momento. Lo que tiene especial trascendencia ahora que se está trabajando en la elaboración de un bloque de cambio junto a otras formaciones políticas de izquierdas. Fundamental para el “asalto a las instituciones”.

Como dice el comunicado de Podemos, esto es “un punto de partida desde el que construir la unidad para garantizar el protagonismo de las bases a través de sus representantes directos de cara a los próximos desafíos electorales municipales y autonómicos de 2019”. Porque el reto es ese vencer, para el bloque de cambio, en las elecciones y poder garantizar a la ciudadanía unos gobiernos de “personas decentes”, como le gusta decir a Juan Carlos Monedero. Grandes y medianos municipios del área metropolitana de Madrid preparados para competir con ideales de izquierda y en favor de las clases populares, esas grandes olvidadas de los gobiernos conservadores.

Un fortalecimiento orgánico que ha revelado, por otra parte, que el errejonismo carece de bases realmente dentro de Podemos. Los más activos, que son las personas que han participado en estas rondas de votación, parecen no estar del lado del candidato a la Comunidad de Madrid. En su momento, ya comentamos en estas mismas páginas que Espinar y su equipo se las habían visto y deseado para convencer a los activistas de la formación morada para que aceptasen a Íñigo Errejón. Y muchas más para aceptar, sin tocar la conformación de la lista, cuando hubo las votaciones. Aunque hubo un tanto de rebeldía al situar a Clara Serra por delante de Tania Sánchez, que era claramente una imposición del candidato.

Aquellas votaciones, a las que no concurrieron Podemos en Movimiento (anticapis) pero que sí han participado en estas, dejaron unas reflexiones en algún sentido erróneas. Al confundir la disciplina con los deseos reales pareció que el errejonismo tenía una fuerte implantación en Madrid, cuando derrota tras derrota se muestra que no es así. Los y las activistas más militantes son pablistas y anticapis. El errejonismo cuenta con más apoyo del general por ser una tendencia de notables, de personas más mediáticas o conocidas. Esto no es un aspecto negativo, pero sí supone una alerta a futuro. Que el partido quede en manos de los notables y no de las bases en sí. Por ello, la importancia de la elección de las secretarías generales, que han quedado de forma abrumadora en manos del “pablismo”, supone un verdadero contrapeso al errejonismo.

Las bases de Podemos, como demuestran los datos, son menos de “competencia virtuosa” y de significantes vacíos para la generación de un bloque hegemónico, y más de lucha codo a codo con las personas decentes. Son más de la indignación y la lucha contra el establishment que de trasfondos mediáticos y populistas. Y eso se ha comprobado en las distintas elecciones donde el errejonismo ha quedado diluido. Ahora, se entenderá mejor la generosidad de Iglesias y Espinar en favor de una posible victoria con Errejón a nivel autonómico. Porque los errejonistas no son mancos, son más intelectuales ¡ojo! Así que no debería apretar más las tuercas Errejón porque base, lo que se dice base, parece que no tiene.

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