Andrés Manuel López Obrador consiguió a la tercera convertirse en el presidente de los Estados Unidos de México y poner fin al mecanismo de alternancia nacido en 2000 con el triunfo de Vicente Fox. El resultado electoral hundió a la fuerza política que ha gobernado 77 de los últimos 89 años. Todo con el hito añadido de la llegada de Claudia Sheinbaum a la jefatura del Gobierno de la Ciudad de México.

Desde la primera victoria del PAN cada presidente ha tenido como norma el triste mérito de empeorar al anterior. Si nefasta resultó la administración de Felipe Calderón, el regreso del PRI otorgó la oportunidad a Enrique Peña Nieto de batir todos los récords negativos en popularidad y gestión.

La izquierda ha superado la anomalía democrática que supone no haber ganado antes. Los fraudes de 1988 y 2006 impidieron que dirigentes de otras sensibilidades dirigieran los designios del país. López Obrador ha combinado un discurso nacionalista, socialdemócrata y populista que le ha llevado a la victoria. Lo ha hecho sin sospechas de compra de votos, y en unos comicios que se cobraron la vida de 18 candidatos y más de 120 dirigentes.

Por los elevados niveles de corrupción, pobreza y violencia la población mexicana no encuentra más temores ajenos a los de su cotidianidad. No funcionó el discurso del miedo de los adversarios del Peje basado en el aumento de la  inseguridad, el desgobierno o la cercanía con el Gobierno de Venezuela si AMLO ganaba.

Ahora el nuevo presidente responderá a la ilusión depositada por quienes decidieron poner fin a la alternancia política en un país que sufre las réplicas y contrarréplicas del neoliberalismo instaurado hace 30 años por Carlos Salinas de Gortari.

El fraude de las elecciones de 1988 antecedió a la instauración de la narcopolítica y los objetivos de los defensores del Consenso de Washington gracias a la administración de Ronald Reagan. Lo relata José Manuel Martín Medem en el Secreto mejor guardado de Fidel.  George Bush continuó con la política de su antecesor, y ocultó las evidencias que relacionaban al Gobierno mexicano con el narcotráfico. Había que salvaguardar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

El neoliberalismo ha traído pobreza, plutocracias, y dependencia de la economía extranjera a todos los niveles cómo escribió Edel Cadena Vargas en Una década de neoliberalismo en América Latina: el caso de México. Se ha aplicado “la política de Pan o Palo, de cooptación o de aniquilación”.  Se amenazó a la población con la bestia negra del Estado del Bienestar para imponer a sangre y fuego el ‘libre mercado’.

EL OTRO TERREMOTO

Actualmente el 80 por ciento de las exportaciones mexicanas se dirigen a los EEUU, más del 40 por ciento de los alimentos se importa. La cadena Oxxo es una de las mayores empresas de comercio minorista de América Latina por número de locales – sólo en 2014 contaba con una media de apertura de tres tiendas diarias en México-.

Los mejores terrenos son propiedad de multinacionales extranjeras, productoras de los principales bienes de agroexportación. Las principales industrias de tequila y cerveza se hallan en manos extranjeras.

El TLCAN no mejoró vida de la población. Más de 12 millones de migrantes sitúan a México como el país con más población exiliada del globo por detrás de La India. El salario mínimo es de 88,36 pesos diarios (3,70 euros por día), el 45 por ciento de la población ocupada ingresa como mucho dos SMI mensuales, el 60 por ciento de los trabajadores se desempeña en la informalidad, y cinco millones de menores “laburan” antes de los 14 años.

Más del 43 por ciento de los mexicanos son  pobres – 53 millones de personas -, un 7,6 por ciento padece la pobreza extrema – 9,4 millones de personas -.  La pobreza alcanza el 70 por ciento en el caso de la población rural y el 80 por ciento de los indígenas. Dos tercios de los activos físicos y financieros de México los poseen el 10 por ciento de los familias del país, y el uno por ciento concentra más de un tercio según la CEPAL.

Durante la campaña López Obrador prometió poner fin a la la reforma energética de 2013, frenar las subidas de combustible, asegurar las pensiones a los jubilados y otorgar subvenciones a las familias de los menores de 14 años. Bajo el lema ‘becarios sí, sicarios no’, atrajo al voto joven, y  por supuesto, al igual que sus rivales prometió combatir la corrupción. Aunque sin las sospechas que causan sus competidores, AMLO es consciente de la situación de la administración mexicana, y ha prometido mano dura ante cualquier indicio de robo.

EL LARGO CAMINO DE LA VIOLENCIA

“Cuando regresó a la escuela se enteró de un juego que había sustituido al de policías y ladrones: policías y estudiantes”, escribió Juan Villoro en Tiempo transcurrido (crónicas imaginarias). El relato narra el impacto de un estudiante que tras estar internado por una infección vuelve a la escuela después de matanza en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco.

Luis Echeverría Álvarez, autor intelectual de la guerra sucia durante la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz se encargó de retirar las subvenciones a los medios que no difundieran en sus tabloides ‘la verdad histórica’. Televisa defendió la versión oficial en 1968 como apunta la periodista Lydia Cacho. Pero a diferencia de hace medio siglo: la violación de los derechos humanos esta vez sí ha restado votos al presidente de turno.

El deterioro casi definitivo de Enrique Peña Nieto se inició con la desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Isidro Burgos de Iguala.

Han desaparecido más de 25.000 personas en la última década, pero nunca generó tanto efecto una investigación tan clara y mediática que aportó todas las evidencias de la participación del Estado en los asesinatos y desapariciones. La proyección ante el mundo de lo miserable que es quitar la vida a estudiantes pobres e indefensos ha sepultado al PRI.

“México se parece cada vez más a una enorme fosa común”, escribe  Marcela Turati. Lo es desde hace décadas. Ciudad de Juárez en 1993 expuso ante el mundo que el feminicidio existía y que era transversal.

Una década después la  primera presidencia del PAN creó la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (FEMOSPP). Se registraron entonces 532 desaparecidos entre 1979 y 1982. La mayoría en el Estado de Guerrero, territorio de donde procedían los normalistas. Las Doñas del Comité Eureka ya gritaban entonces, ‘vivos se los llevaron, vivos los queremos’.

“En México muchas oficinas militares, de la PGR, de la Policía Federal, la Policía Estatal y la Policía Municipal se han convertido en réplicas de prisiones como Abu Ghraib y Guantánamo, cuyos tratos crueles e inhumanos sacudieron al mundo”, ha publicado la periodista Anabel Hernández.

A mediados de los 80 el narcotraficante Rafael Caro Quintero, torturó y asesinó a Enrique Camarena, miembro de la DEA.  Martín Medem cuenta como la DFS participó en el secuestro, y cumplió con los servicios a la administración Reagan. Camarena podría revelar los nexos entre los EEUU y el narcotráfico para financiar a la contra nicaragüense. Los mismos motivos terminaron con la vida del periodista Manuel Buendía: el primer comunicador cuyo asesinato por parte de la parapolítica se hizo celebre.

A día de hoy más de 80 periodistas fueron asesinados en los dos últimos.

“Es cierto que vivimos como degollados, que es nuestro espíritu colectivo el que los narcotraficantes han colgado de los puentes”, afirma Lydia Cacho. México amanece desde el pasado domingo con los mismos problemas del ayer, pero con la esperanza frustrada tres décadas antes. De momento, ganaron la primera batalla los derechos humanos.

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