Llevamos tiempo comentando que el cuello de Albert Rivera está más cerca de la Bastilla del establishment que de la Moncloa. Se juega el todo o nada en las siguientes elecciones generales. Su ser o no ser político. Le han advertido desde la clase dominante que o gana o va fuera. Ya no les vale ni que quede por delante del PP, sino que debe ganar al PP y además gobernar sin hacer muchos más aspavientos. Ya hubo un toque de atención con ciertos actos (actos del odio como titulábamos) que no gustaron, pero dejaron hacer. Lo último ha sido juntarse a PP y Vox en la manifestación del fracaso del trifachito. Ahí no gustó la actuación de Rivera y sus corifeos. No tanto que fuese, como su actuación y sus palabras. Si alguien piensa que al establishment español le interesa la inestabilidad que vea las cotizaciones del Ibex-35 y comprobará que la táctica loca de Rivera no gusta. Para eso ya tienen a un payasete como Pablo Casado. No necesitan dos así.

Rivera fue elevado a la condición de posible, de futurible, desde los medios que controla ese establishment, por sus formas más moderadas que los neofascistas o la tropa pepera. No tenía pasado que era casi lo mejor, con buena planta y se sabe aprender los discursos, justo lo necesario para ser el tan buscado dirigente liberal para dominar el parlamento español. Que sea nulo analizando, o no sea culto, les importaba poco a personas acostumbradas a leer cuentas de resultados. Y eso es lo que se le exigía: resultados. Y estos no han llegado. Y mira que lo han intentado Griso, Quintana y Ferreras. Pero ni por esas. El muchacho de la derecha simpaticona, el populista del sistema, les ha salido rana. Tan rana que las encuestas no le otorgan victoria, ni superar al PP. Lo que más se temían las mismas personas que le han puesto donde está. Así que, de no cambiar las cosas, habrá que relevarle.

Y entienden los poderosos que nadie mejor que Inés Arrimadas para sustituir a Rivera. Al zangolotino le quieren cambiar por una mujer (esto es importante), con desparpajo, buen pico y entregada a la causa del establishment. Ya tienen a dos machirulos en la extrema derecha del PP y los neofascistas. Así que ahora a jugar la carta mujer, la cual cae bien entre la gente. Fíjense cómo sería la cosa que en Andalucía pensaban que votaban a Arrimadas y no a Juan Marín, un ser a quien siguen sin conocer. Si recuerdan el programa de Bertín Osborne, hasta que apareció en insulso Rivera, la entrevista iba bien. El catalán cada vez cae peor a la gente. Ya están aburridos de su cuñadismo, de sus caras de asco en el Parlamento, en sus tonterías y sus negaciones (como lo de juntarse con Vox). Así que nada mejor que cambiarle. Ahora carta de despido procedente y que coja la mochila austríaca que tenga y vuelva a La Caixa o se dedique al famoseo.

Por si no se han dado cuenta de la jugada, que veremos si no para de aquí a unos días, ésta comenzó segando los pies de Begoña Villacís. No fue un periódico progre el que retomó el caso del ocultamiento de su empresa, sino el ABC. ¡Ojo! Que el establishment puede sacrificar Madrid para dejar a Rivera sin apoyos dentro del partido. Nada mejor que asestar el golpe a la chica de los policías y ojito derecho de Miguel Gutiérrez. Quien a su vez es un gran apoyo de Rivera. No han ido a por otra u otro, sino a por ella por algo que ya sacó El Salto hace un año. Han ido a dar un golpe donde duele. Ignacio Aguado pertenece a otros lobbies más poderosos y que son los que mueven los hilos, por cierto.

¿Qué ha hecho actuar al establishment de esta forma y mover a Arrimadas de Barcelona a Madrid? La última tontería de Rivera. Sí, cierto es difícil distinguir entre todas las que suele decir, pero en términos de clase dominante, es la negativa a pactar con el PSOE y con Sánchez. Ciudadanos no fue aupado contra Puigdemont sino contra Podemos y sólo Podemos. Establecer un cordón sanitario al PSOE, ahora que Sánchez ha demostrado que se aviene a las razones del establishment (los 1.000 millones de Florentino Pérez o la mochila austríaca de Nadia Calviño, son dos ejemplos recientes), no puede ser que su títere salga por peteneras. En círculos empresariales se preguntaban estos días si tenía algo en la cabeza cuando realizó esa afirmación con toda su ejecutiva. Esta ha sido la gota que colmó el vaso y la última oportunidad de seguir al frente de Ciudadanos. Y para que no se escape le han puesto a su sucesora al lado, más otro posible sucesor que ya estaba. No gustan ni Rivera, ni Girauta (aunque este les viene bien como agitador de la turbamulta), pero el primero es el que está señalado. Bueno él y todos los lenguaraces e ignaros que ha ido colocando a su alrededor. La Bastilla está cerca para Rivera, veremos si cae la hoja.

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