Observo con desasosiego que me identifico con uno de los pocos filósofos vivos que nos queda, el italiano Gianni Vattimo, que opina: “lo único que espero es morir antes de que reviente todo”.

Le falta sólo añadir que revienta el planeta (sólo nos damos cuenta cuando nos llegan olas de calor como la que estamos soportando), la política, la calidad de los políticos, la coherencia, la verdad, los valores de la sociedad y la propia sociedad.

Echar un vistazo al panorama actual desmoraliza, al menos a quienes tenemos ideas diferentes sobre lo que se debe o no hacer. Esa política líquida repleta de dirigentes insulsos, desprovistos de los valores de la política clásica, que funcionan sólo a golpes de impulsos, de eslóganes prefabricados por sus expertos, pero alejados de la necesaria altura de miras que cabe exigirles.

Así contemplamos el esperpéntico espectáculo ofrecido a la hora de negociar gobiernos, sean de Madrid, Navarra o España, en los que puede darse al final cualquier resultado por muy incomprensible e ilógico que pueda resultar.

Por otro lado cada día amanecemos con alguno de ellos lanzando improperios, en pleno desvarío producido por el sol abrasador que estos días nos castigó, cuando no insultos de extrema gravedad contra sus oponentes.

Suele decirse que cuando alguien carece de argumentos recurre al insulto y eso es precisamente lo que les está pasando a algunos. Desde que murió la ideología, desde que los que mandan no son los intelectuales sino los expertos demoscópicos y de marketing, esto se está dando con mayor asiduidad. El panorama actual es simplemente desolador.

Recuerdo que en los años de plomo, especialmente en Euskadi y Navarra, alguien aseguró que no necesitábamos más policía, que lo que realmente demandábamos con urgencia eran más psiquiatras. Creo que esa acertada frase se ha convertido en actual en estos nuevos tiempos.

Más Freud, más divanes, para una clase política a la deriva. Cambiar los expertos que asesoran a nuestros dirigentes por psiquiatras y psicólogos podría mejorar la calidad de nuestra deteriorada democracia.

Pero quería dedicar una parte de esta reflexión a un episodio que nos ha convulsionado en los últimos días; la entrevista que el pasado martes TVE hizo al dirigente de EH Bildu Arnaldo Otegi y que ha activado la “caja de los truenos”.

En este país nunca hemos sabido tratar un tema tan delicado como el terrorismo con altura de miras. Ahora que se habla mucho del relato, no hemos sido capaces de tratarlo con sinceridad, generosidad, sin tapujos ni manipulaciones. Se ha utilizado como arma arrojadiza contra el “otro”, sin ni siquiera ver a ese “otro”. Así ha sido y no iba a ser una excepción en este caso.

Los que hemos vivido en primera línea de fuego esa larga y dolorosa experiencia, observamos entre perplejos y escandalizados como todo el mundo se permite hablar sin pudor y los que es peor sin conocimiento, desde la mesa camilla de lo que tanto nos costó. A nosotros y a nuestras familias.

No sólo a hablar, también interpretar, opinar, describir en la mayoría de las ocasiones desacertadamente, como perfectos papanatas. Se ignora y manipula la verdad, los hechos y poca gente se atreve a exponer lo que realmente pasó sin miedo al linchamiento. Si te sales del guión establecido eres lapidado en la plaza pública. Falta coraje.

No suelo ser de los que se encoje, no lo hice con los “chicos” de ETA y sus gentes y no lo voy a hacer ahora con los de enfrente. Entremos pues en materia.

Conozco a Otegi hace muchos años, hemos estado en orillas diferentes y confrontadas, a menudo muy confrontadas, tenemos diferentes ideas, especialmente sobre la cuestión identitaria, independentista, aunque también tenemos elementos en común y no me sale urticaria al decirlo.

Pero a pesar de ello le reconozco el trabajo que durante los últimos años ha hecho en el seno de la izquierda abertzale, para abandonar a ETA y su violencia estéril y conducirles hacia un funcionamiento democrático.

Algún día se escribirá la historia del final de esa violencia, los actores que en una y otra orilla hicieron posible la construcción de puentes por los que comunicarnos, pero existe una realidad incuestionable, que a ETA no sólo se la podía derrotar con los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, con la justicia y la colaboración internacional, elementos estos imprescindibles.

Esos instrumentos eran necesarios pero sólo con la ayuda desde dentro eso se ha podido producir y ahí Otegi fue una figura imprescindible. Él y quienes con él impulsaron la iniciativa Bateragune en el seno de la IA. Fueron capaces en una hábil y arriesgada maniobra de engañar a la propia ETA y a un sector de su gente, para que se abandonara el apoyo a su violencia.

Sólo un dato ilustrativo. A veces miramos a Irlanda, a su terrible conflicto interno, pues allí el equivalente de Otegi, Martin Mc Guinness, fue co Primer Ministro de su gobierno con otro radical del otro extremo, Ian Paisley, como Primer ministro y se asumió con naturalidad desde la sociedad irlandesa y también británica.

Otegi es el líder de un grupo político legal, legítimo, al que apoyan miles de ciudadanos vascos, con el que se puede y se debe hablar, negociar y pactar. Otra cosa es que algunos creamos que debería pasar ya a un segundo término, porque esa decisión sería beneficiosa de cara al futuro, pero ese es otro debate.

La culpa de que se creen estos conflictos la tiene el temor del PSOE avasallado por la derecha y las víctimas de ETA, que son víctimas, que somos víctimas pero solamente eso, a hablar con naturalidad de estas cuestiones.

Esos sectores han ganado hasta ahora la batalla del relato, por eso ahora se debe intentar corregir ese error, porque de lo contrario seguiremos acomplejados y acobardados sobre un tema tan complejo.

Durante mucho tiempo, soy testigo directo de ello, se habló con ETA, con la IA, estando gobiernos del PSOE y del PP. Se habló, se negoció, se acordó y no hay que tener miedo a decirlo, a contarlo todo, TODO, porque probablemente eso hizo que se evitara mucho más sufrimiento. La sociedad española tiene derecho a saberlo, a saber toda la verdad porque así tendrá una visión global, real y sincera de lo que ocurrió.

En fin…..durante muchos años, 29 exactamente, participé de manera activa en la construcción de esos puentes, al mismo tiempo que era víctima de ETA y su mundo.

Así, doce años tuve que soportar tener que ir acompañado por dos escoltas para que no me mataran y en dos ocasiones estuvieron a punto de hacerlo. Por eso puedo hablar desde el conocimiento y la legitimidad, porque lo hago desde el lado de las víctimas, no de los verdugos. ¿Dónde estaban en los años de plomo algunos de quienes ahora chillan?

Pero a pesar de ello no me dejo llevar por la rabia y mucho menos por la venganza. Durante esos años vi al “otro”, su sufrimiento también, analicé sus razones incluso las irracionales, me comuniqué, intenté puntos de encuentro para acabar con la sinrazón.

Allí me encontré con Otegi en el instante de su tránsito, también con otros de su orilla mucho antes, por eso creo que la sociedad española tiene derecho a saber esa parte del relato y las gentes sensatas tenemos la obligación de ayudar a que sea así.

El escándalo montado con la entrevista a Otegi no tiene ningún sentido a día de hoy y sólo se puede explicar desde el intento de utilización espuria de los años de violencia sufridos.

O el PSOE no se achanta y actúa de manera valiente en este asunto, o esa batalla del relato la perderá de manera definitiva.

Veremos……..

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