ALDHEA

Este 8 de marzo será especial. Por primera vez en la historia está convocada una huelga a nivel mundial, en ciento cincuenta países, en la que todas las mujeres estamos llamadas a dejar de trabajar, de cuidar, de consumir y de realizar tareas domésticas. Una acción que pone encima de la mesa los trabajos invisibles que a diario desarrollamos y que pasan desapercibidos.

Esta nueva ola, ha logrado poner en el centro del tablero el feminismo y la necesidad imperiosa de reflexionar sobre el mismo. Somos muchas las que salimos a denunciar la violencia machista, la brecha salarial o el que los cuidados recaigan tan sólo en nosotras, sin embargo, es necesario agregar en nuestra lucha el concepto de interseccionalidad. No podemos mirar para otro lado, cuando a nuestra condición de género se le suman otras formas de opresión como es el racismo o la xenofobia, porque este movimiento no sólo está formado por mujeres blancas, sino por afrodescendientes, moras, latinas, asiáticas o kalís que peleamos cada día contra el patriarcado. Mientras el #Metoo cala en parte de la población estadounidense o española, otras formas de denuncia se producen en India o en Nigeria, pero todas tienen el mismo objetivo común.

Es necesario comprender por tanto que esto es un camino que debemos recorrer juntas, en la misma dirección. Una comunidad de lucha que responde a una reivindicación colectiva, asumiendo la interseccionalidad como parte del feminismo, porque el feminismo tiene que ser entendido siempre desde un enfoque global de género. Somos nosotras quienes sufrimos más la precariedad; quienes cobramos menos que nuestro compañero de al lado; quienes ocupamos menos puestos de dirección que ellos; somos quienes dejamos nuestros trabajos para cuidar de los nuestros y quienes realizamos más tareas domésticas y, sin embargo, somos las mujeres racializadas, las mujeres migrantes quienes más discriminación sufrimos. Y eso es un hecho innegable que nos sitúa como parte de la batalla que hay que dar en este país a favor de la igualdad y del reconocimiento del derecho a tener derechos. El derecho a ser ciudadanas.

No es casual que los trabajos más invisibilizados resulten ser los más precarios. El hecho de concebir los cuidados como algo natural, intrínseco a la mujer, provoca que estos no sean valorados y por tanto, que el pago por los mismos sea casi inexistente. Estos son mayoritariamente desempeñados por mujeres migrantes, quienes se ven abocadas, por la Ley de Extranjería, a aceptar en su mayoría, trabajos devaluados. Un ejemplo de ello son las trabajadoras domésticas, quienes en su mayoría no disponen de contratos, de horarios, ni de condiciones laborales justas, si las comparamos con el resto de trabajadoras y trabajadores, sin embargo, en esta lucha no se trata de quien está más discriminada, sino de poner en el centro la pelea contra el patriarcado que nos oprime a todas, independientemente de nuestro color de piel, acento o lengua y de conseguir que todas las mujeres, blancas, kalis, afrodescendientes, moras, latinas o asiáticas puedan realizar la huelga, entendiendo las complejidades a las que cada una debe hacer frente y aplicando diferentes estrategias que permitan sumarse a la misma.

Hay una lección que nos enseñó el 15M, y es si nos quieren en soledad nos tendrán en común. Sobran los motivos para unirnos a la huelga, sobran las razones por las que pelear para que exista igualdad. Es momento de tomar la palabra, de ocupar espacios…y de reivindicar la sororidad para combatir el machismo, y este sistema que nos está matando. También es momento de que las propias estrategias feministas incorporen la mirada racial. En este país habrá millones de mujeres precarias (migrantes) que ni siquiera podrán ejercer su derecho a la huelga. Salgamos por ellas y por nosotras y trabajemos para que el movimiento feminista sea interseccional.

Porque precisamente lo que el patriarcado quiere es que nos peleemos las penúltimas contra las últimas. Y no nos lo podemos permitir. Este 8M saldremos juntas a decir que si nosotras paramos, se para el mundo. 2018 será feminista o no será.

Dina Bousselham

Politóloga, responsable de Migraciones en Podemos Comunidad de Madrid

Carolina Elías

Abogada, presidenta de SEDOAC (empleadas domésticas del Servicio Doméstico Activo)

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