Imagen: Fundación Felipe González

El “Pensamiento político de Felipe González”, así han calificado los escritores la entrevista que se le ha realizado en El País al expresidente del Gobierno de España. Felipe González en su salsa, con periodistas amables y amigos, desde su finca extremeña y haciendo lo que más le gusta en los últimos tiempos decir lo mismo que dicen los demás pero apropiándoselo. Algo que no es nuevo en el hombre que dirigió los destinos del país durante casi 14 años pues en su máximo esplendor ya se hablaba de un lenguaje maravalliano (por José María Maravall). Lo mismo que ha hecho en la entrevista que ayer nos ofrecieron, lo ha hecho desde que se retiró. Primero hablando de transiciones democráticas a los mexicanos, de terceras vías hacia el abismo a todo el que quería escucharle, de gobernanza global o del peligro de autodestrucción del capitalismo.

El expresidente del Gobierno se encuentra muy preocupado por el estado del Mundo, los problemas globales que acechan a toda la humanidad como en cambio climático, el descontrol capitalista o la ingobernabilidad existente entre los países. Los distintos lisonjeros han salido a loarle, no se sabe si por lo manifestado en la entrevista (nada nuevo), o por hacer la pelota a la directora del rotativo madrileño para que les aumente o les conceda columnas en el órgano oficial, nada de oficioso, de la progresía patria. En realidad el diario oficial de la bohemia burguesa y de los aspiracionales (por tomar la fórmula de Daniel Bernabé) y el que dictamina si se es un buen o mal intelectual progresista. Una preocupación que es cuando menos paradójica desde el propio titular entresacado de la entrevista: “El capitalismo triunfante está destruyéndose a sí mismo”. Al cabo de los años y de haber hecho abandonar al PSOE el marxismo y el socialismo, como ya contamos, González parece descubrir el materialismo histórico de Karl Marx, donde ya se advertía que la lógica capitalista llevaba a crisis periódicas y a la destrucción del propio sistema. Que el sistema no sea “sostenible desde el punto de vista socioeconómico” es algo que llevan siglos diciendo los intelectuales que a ello se han dedicado, pero González nos lo vende como si fuera un descubrimiento único. Y lo peor es que los entrevistadores se lo compran.

De ahí, de la falta de sostenibilidad socioeconómica pasa a la natural, al ecologismo pero lo que acaba por preocuparle mucho más es la destrucción del Orden Mundial. Lo que él cataloga de anomia internacional. Países que juegan desde un aspecto nacionalista, una Unión Europea a verlas venir, una lucha entre dos fuerzas globales mercantiles y militares (EEUU y China, aunque es curioso que no profundice en la influencia rusa en Europa) y una falta de principios y respeto de la organizaciones internacionales que los países se habían dado. Dice que EEUU controla algunos países europeos (se le olvida el control directo o indirecto de partidos en muchos de ellos) pero no se atreve a calificar de política imperialista pues sería renegar de su propio pasado como peso importante de la OTAN y las barbaridades que cometió, no contra el imperialismo soviético, sino dentro de los propios Estados europeos con las redes criminales para acabar con toda oposición de izquierdas (tipo Glaudio). Pero merece la pena analizar ese estado de anomia que nos dice González que se ha instalado en el orden capitalista.

El padre de la palabra anomia, Emile Durkheim, comento en su trabajo La división social del trabajo que el capitalismo conducía a la anomia social por su propia esencia. El individualismo del capitalismo, la competencia feroz o la acumulación constante de riqueza profundiza en las propias estructuras sociales para irlas carcomiendo hasta dejarlas vacías. Esto provoca que los lazos normativos que servían de pegamento social se destruyan y reine el individualismo donde sólo el interés propio más la fuerza del Estado para evitar que se maten las personas sean hegemónicos. No se ha llegado a ese reino ideal de los pensadores liberales/capitalistas (los utilitaristas querían algo de sociedad) donde lo máximo que se puede considerar es la sociedad civil (un entramado de organizaciones en defensa de sus propios intereses y controladoras del poder estatal), no la sociedad. Si se han percatado, los políticos actuales han asumido como propio ese lenguaje que enajena lo realmente social para hacerlo pasar por una estructura de poder como es la sociedad civil. Esa anomia si tomamos, siguiendo a Niklas Luhmann y su Teoría de Sistemas, a los países por subsistemas del sistema total, esto es como “sujetos” está también presente en el orden internacional porque la base del mismo es tan capitalista como en los Estados. Si el capitalismo destruye la normatividad estatal también lo hace con la internacional porque sigue su lógica inmanente.

A González le preocupa esto y se posiciona en el lado de los normativistas, esto es, los que hablan de Justicia Social o reglas para dar al capitalismo un rostro más amable pero que no contradicen, no ejercen en ningún momento la dialéctica, la base material del propio sistema, que en la finca se está a cuerpo de rey. Y al no tocar, ni raspar la base material de todo el entramado al final acaban participando, pues algo determina, no todo pero sí algo, en la construcción de la ideología dominante, la cual es individualista y ajena a toda normatividad. Sólo hay que escuchar a los neoliberales cómo abominan de cualquier control social, político o supraestatal. Boris Johnson y el Brexit no se explican sin hacer referencia a esta lógica del propio sistema, algo que olvida por completo Felipe González pues es parte del propio establishment sistémico. Es parte activa de la reproducción de las relaciones económicas e ideológicas del sistema constantemente, por eso no es extraño que, en contradicción con el deseo de una normatividad internacional y estatal, desee que Europa sea más tecnológica, que las personas sean más emprendedoras (individualismo) y que siga la acumulación de riqueza… pero de otra forma. Pura ideología dominante e incapacidad de observar que lleva en sí la contradicción del propio sistema.

Lo curioso es que se queja de la falta de normas en todos los niveles cuando él ha sido el impulsor en gran medida de esa anomia existente a nivel internacional. Es como si un asesino, que no se ha arrepentido de ello, nos diga cómo ha de ser el código penal, siempre lo pondrá de forma que él pueda seguir matando con menores penas. Quienes construyeron las bases del nuevo (des)orden mundial son culpables de lo que sucede. Dejaron al Imperio y al capitalismo sin freno y con toda la legitimidad del mundo para que el TINA (No hay alternativa en inglés) triunfase, mientras llenaban sus propias arcas con conferencias y asesoramientos diversos que incidían en reforzar la lógica del Capital. No fue otro sino González quien comenzó la concentración bancaria en España (¿recuerdan los bancos Atlántico, Bilbao, Vizcaya, Central, Hispanoamericano, Banesto, Caja Postal, Exterior de España, etcétera, que hoy ya no existen?), quien desindustrializó el país sin fomentar la alta tecnología sino que se le compraba a países como EEUU, Francia y Alemania (una forma de dar las gracias por la entrada en la CEE). Luego lo remataron Aznar, Rodríguez Zapatero y Rajoy, pero quien puso la base del cambio fue él.

Lo anterior no debe asustar si tenemos en cuenta que más que socialdemócratas González y Guerra eran en sí unos regeneracionistas, o unos nacionalistas como dijo la revista Time. Llegaron al gobierno con la intención de regenerar el país de años de atraso y llevar a cabo la revolución burguesa pendiente en España. De hecho el histórico militante socialista Luis Gómez Llorente (fundador entre otros de Izquierda Socialista) se apeó de la presencia institucional porque sabía que esas eran las intenciones del dúo andaluz. Normal que ahora la cúpula del PSOE y algunos de sus militantes vean con tan buenos ojos a Íñigo Errejón ya que está copiando el discurso de aquellos años de nacionalismo con tintes sociales. Sin duda hicieron buenas cosas para el país los gemelos socialdemócratas pero, a día de hoy, es paradójico que se quejen de todo aquello que se animaron a lanzar ellos mismos. González, de hecho, intenta robarse el lenguaje de autores marxistas como Immanuel Wallerstein hablando en el plano internacional del centro y la periferia y las periferias internas, cuando siempre han apoyado al centro y su imperialismo sobre una periferia que afectaba a España. Le parece mal lo hecho por la Unión Europea para salvar la última crisis, pero ahí abandona el método centro-periferia que le ayudaría a ver que si no se hizo de otra forma es porque le beneficiaba al centro y no a la periferia europea, donde Alemania y Francia sitúan a España e Italia pese a ser potencias económicas. O igual por eso.

El análisis de González, por tanto, es un conglomerado de todas las críticas que desde distintos puntos de la izquierda se viene haciendo al sistema capitalista. El expresidente lo mastica bien para regurgitarlo en forma de ideología dominante. Todo el discurso, que no el pensamiento, de González va encaminado a intentar volver a tiempos pretéritos con el avance tecnológico actual (se muestra pesimista respecto al control de la tecnológicas), a tiempos en los que las normas se cumplían en beneficio de los mismos pocos que ahora se benefician, pero había normas y el sistema no tenía fricciones sino que deambulaba contento y feliz hegemonizando todas las estructuras de la sociedad (provocando que todo se pudiera comprar y vender y generando la anomia). Quiere un capitalismo que beneficie a sus amigos sin tener que estar con constantes crisis económicas (que les hagan tener pérdidas millonarias en las bolsas mundiales), donde mande quien tiene que mandar (EEUU y UE), o donde la democracia burguesa no de paso a autoritarismos no vaya a ser que a la gente le dé por cambiar el sistema. En todo el largo texto ni una sola alternativa porque es parte de la propia clase dominante y detesta cualquier posibilidad de transformación hacia otro mundo que no esté controlado por ellos. Cuando el acontecimiento espera detrás de la esquina para poder generar una revolución que acabe con el reinado del capitalismo destructor de almas y cuerpos, González quiere controlarlo pero no desmontarlo. Quiere salvar el capitalismo de los amigos. Un conservador en todos los sentidos.

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