El sábado 25 de Mayo se cumplió la jornada 28 de la rebelión popular en Francia, conocida como la de los “Chalecos Amarillos” y a pesar de una considerable baja de participación, debido al desgaste y la represión, el número de manifestantes sigue siendo importante y numeroso.

Las permanentes marchas sabatinas se iniciaron como una protesta contra el presidente Emmanuel Macron, saliendo a las calles de Francia con una reivindicación de protesta por la subida de impuesto sobre los combustibles, pero por la nefasta política de engaños y represión, ahora luchan claramente por la dimisión del Presidente.

Se calcula que se unieron al movimiento en torno a 300.000 manifestantes, que se distinguieron por sus característicos chalecos de seguridad fluorescentes, que es obligatorio por Ley llevar en todos los vehículos.

El Presidente Macron está cada día más desprestigiado y es  visto como un agente al servicio del capital, cuando se hacía pasar por socialdemócrata junto a la corriente del otro “presunto socialdemócrata” Manuel Valls y su pandilla del PSF. Este último, ex Primer Ministro de Francia, fue enviado por los capitalistas a Cataluña y entró con desfachatez en las listas del derechista Cs para disputar del brazo de Arrimadas y Rivera la Alcaldía de Barcelona.

Valls y el Cs se llevaron ayer 26-5  un estrepitoso fracaso con unos resultados del 8,75 % sobre el censo de Barcelona, lo que representa una nueva derrota al conseguir solo 99.494 votos del censo total de 1.142.444 votantes de la capital de Cataluña, en esa incomprensible maniobra de este elemento que viene de presidir una República Francesa a defender una Monarquía españolista contra los republicanos de Cataluña.

Todos esos profesionales al servicio de la clase dominante infiltrados en las filas de la izquierda durante años, se han quitado la máscara y aparecen como lo que siempre han sido, “mercenarios liberales al servicio de capitalismo mafioso”, pero están fracasando ante el empuje de las luchas sociales y la retirada de apoyos populares.

Es importante analizar, aunque someramente, esta lucha de los “Chalecos Amarillos” donde podemos decir que es ya un suceso que representa un paso adelante en las luchas sociales, no solo en  Francia, sino a escala europea y mundial.

Un avance que debiera ser entendido en cada país donde se abuse por parte de los gobiernos, como han hecho la ciudadanía francesa, que no hay que olvidar que “Francia es la Cuna de la Revolución”, que llevan más de medio año luchando cada sábado con un potente movimiento social, que han venido manifestándose en grandes y pequeñas ciudades de todo el país, a veces en 700 localidades simultáneamente.

Gente que no estaba representada por ningún partido político, gente normal que nunca habían estado activos sindicalmente en la mayoría de los casos, se colocaron sus Chalecos Amarillos y se lanzaron a la lucha.

Cada persona en Francia tiene su Chaleco Amarillo porque la Ley dice que si tienes un vehículo debes llevar uno reflectante para ponértelo en caso de avería para señalización.

Debes ponértelo por motivos de seguridad y así también los triángulos rojos como aquí en nuestro país, para señalizar ante casos de paradas y salida del vehículo.

Así que casi todos llevan sus chalecos lo que fue una gran idea ponérselos para protestar y salir a las calles unidos y sincronizados. Eso comenzó hace ya muchas semanas porque la “indignación” de la población explotó a causa de que los dirigentes políticos no les hacían ningún caso ante sus protestas.

El Presidente Macron dijo en plan oportunista que estaba preocupado por el Medio Ambiente y quería mejorarlo abordando  la cuestión ecológica. Para ello puso un  nuevo impuesto sobre los combustibles, al gasoil,  la gasolina… En otras palabras, el Presidente de repente descubría el ecologismo que nunca había mencionado antes y exigió hacer pagar a toda la población un nuevo impuesto a toda persona  que echara combustible o llenara el tanque de su coche, pero sin que ese impuesto  afectase a las grandes multinacionales que son las responsables de la contaminación.

De una forma injusta cargaba el coste de ese impuesto directamente sobre el bolsillo de la población trabajadora y no sobre ese oligopolio de las energías que es el responsable de la depredación del planeta y que es manejado al servicio de los archimillonarios.

Las masas francesas se rebelaron y dijeron: “Basta ya. Eso es inadmisible”.  Era la gota que colmaba el vaso y las masas se negaron a soportar ese impuesto con la excusa de la mejora ecológica. Se negaban a que el pueblo pagara esa tasa y exigían que pagasen los ricos, los corruptos, los explotadores, los abusadores….  Y comenzó la batalla.

Durante meses el Gobierno Macron no hizo nada por resolver el conflicto, solo reprimir, atacar y encarcelar a más y más activistas, pensando que no sucedería nada y que lo controlaría todo pues estaba confiado en cortar la lucha pronto, pero se equivocaba.

La prensa burguesa manipulaba y llenó el país de noticias falsas, diciendo que eran cuatro gatos y despreciaban la realidad. Aumentaba la represión, machacaban al pueblo con las fuerzas policiales y militares, pero en vez de aplacar la lucha y derrotarla, la encendían cada vez más.

Hubo muertos baleados por la policía que daba síntomas de no poder controlar el conflicto tan masivo de todo un pueblo que crecía y crecía; prohibieron las manifestaciones por las grandes avenidas del centro de Paris, pero todo era inútil.

Un sábado tomaron la decisión que las próximas tres semanas no habría manifestaciones, lo que  probaba que aquello ya no era un juego en el que estaban involucrados sino una lucha muy seria y que había que estar mejor organizados. Quisieron negociar, pero el Gobierno les despreciaba.

Traten de imaginar el enorme trabajo que se requiere hacer para que durante semanas y semanas, ya la 28,  ser capaces de mantener la lucha de un masivo movimiento coordinándolo en muchas ciudades.  ¿Cómo era eso posible?

Convocaron una Asamblea en las afueras de París de todas las zonas en lucha. Cada una envió a dos delegados por cada ciudad, con el acuerdo feminista de: Una mujer y un hombre.

Se reunieron más de mil delegaciones representando a cientos de ciudades y elaboraron y publicaron un  Manifiesto de lo que reivindicaban y cómo defenderlo.

Las tres semanas siguientes tendrían que ser para mejorar e informar a todo la población e invitarles a participar y organizarse, para evitar la dispersión de uno por aquí y otro por allá.

La próxima manifestación se convocó para el sábado siguiente y el objetivo sería pedir la dimisión para derribar al Gobierno Macron en la jornada de lucha mundial del Primero de Mayo, hablando de internacionalismo de clase.

En el Manifiesto podía leerse lo que era una de las cuestiones más importantes. La frase en el documento oficial del Manifiesto aprobado en la Asamblea decía:

“Reconocemos que a lo que nos enfrentamos en Francia es un sistema global y ha llegado la hora de romper con el capitalismo. (En francés decía: “Il faudra sortir du capitalisme” = Será necesario salir del capitalismo).

Esta lucha representa el más potente movimiento de masas espontáneo en años desde la Revolución del Mayo de 1968, afectando a toda Francia y tendrá repercusiones en otros países.

El pueblo francés ha sacado la conclusión durante medio año de lucha que el “problema es el capitalismo” y exige con firmeza que se vaya Macron. No quieren ya negociar con él. Ya no admiten las promesas falsas de reformas pues se sienten engañados y traicionados.   Así que esto es lo que pasa en Francia y las luchas en todo el mundo están cada vez más cerca. Ningún país podrá eludirlas porque las crisis venideras de este capitalismo corrupto y en descomposición serán terribles porque este modelo es una enorme fábrica de paro y desigualdad.  Las formas no serán todas iguales, podrán ser diferentes, más radicales, más moderadas, más largas o más cortas, porque hay una cosa que está clara: En la mayoría de los países, el pueblo tiene “chalecos amarillos” o de otros colores, porque el color es lo de menos y exigirán un giro hacia la izquierda  para resolver las cuestiones sociales mediante reformas democráticas, pero si le cierran ese camino, los procesos revolucionarios serán inevitables porque bajo el capitalismo no hay salida para la humanidad.  .  En cada país de Europa y en cualquier momento saltarán explosiones sociales como las ocurridas en Francia y como ocurrió con las “Primaveras Árabes”,  las recientes luchas en Argelia o el conflicto en Cataluña y se podrían contagiar de país en país.  Los tiempos quieren cambios y se tendrán que hacer, por las buenas o por las malas. Y como dice el refrán popular: “Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar”.

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

19 + 14 =