Los aspirantes del PSOE a la Secretaría General están en plena campaña en su carrera hacia las primarias. La recogida de avales es la primera batalla y los acólitos de Susana Díaz airean su ventaja en este terreno sobre los demás candidatos. No en balde tiene el apoyo del viejo aparato (especialmente de Rodríguez Zapatero), apoyo que se hizo visible en su multitudinaria presentación en Madrid. Por cierto, ¿qué pintaba allí Alfonso Guerra aunque asistiera cariacontecido?

Los partidarios de Pedro Sánchez denuncian en privado maniobras turbias del susanismo militante, tales como llamadas de coacción a los afiliados para que den su aval a Susana y afiliaciones masivas en algunas agrupaciones locales. Hablan incluso de ‘agrupaciones patera’ donde han aparecido un buen número de nuevos afiliados, en su mayoría inmigrantes sin arraigo ni tradición en el Partido Socialista. Como ejemplo dicen que estos inmigrantes, afiliados por sorpresa, no conocen a otro Pablo Iglesias que no sea el de la coleta.

Susana Díaz y Pedro Sánchez parece que son los que tienen más opciones de ganar las primarias aunque Patxi López fue el primero en anunciar su candidatura y muchos se malician que fue para disuadir a Sánchez, un Sánchez que lo promovió como Presidente del Congreso y de cuya ejecutiva formaba parte.

Así las cosas aparece otra vara de medir: la participación de los afiliados en los actos de campaña. En los de Pedro Sánchez las asistencias son bastante considerables. Incluso en A Coruña llegó a jugársela convocando a la misma hora que se jugaba el Depor-Real Madrid, sin que el evento deportivo le mermara el aforo.

Pero la incertidumbre sobre quién será el próximo secretario general del PSOE, con la consiguiente duda sobre cuál será el modelo de partido, ha calado ya, y mucho, entre los posibles electores de los socialistas, al margen de los temores desatados entre los militantes que ven, con verdadero pánico en algunos casos, la posible llegada al poder efectivo del partido de Susana Díaz.

En las charlas de café, entre quienes se declaran de izquierdas y próximos al socialismo, el temor es quedar huérfanos de líder y partido a los que votar porque no están dispuestos a votar a Podemos, especialmente después de las últimas actuaciones de Pablo Iglesias como la fantasmagórica moción de censura, que es una bomba de relojería en la línea de flotación del PSOE, lejos de poner en aprietos a Mariano Rajoy.

La pregunta más habitual en esos corrillos es la siguiente: Y si gana Susana, ¿a quien votamos? 

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