A Juan Carlos Girauta hay que valorarle que nunca se esconde y habla claro. No es político de eufemismos, parábolas o subterfugios. Al contrario es directo, vehemente y no se anda por las ramas. Si tiene que decirle a un contrincante que es un ser despreciable se lo dice sin tapujos. Eso mismo ha hecho ayer en una columna escrita para intentar tapar la crisis que se ha abierto en Ciudadanos no tanto por las dimisiones, que no dejan de ser plasmaciones de algo más profundo, como por la imposibilidad de cerrar un acuerdo de Gobierno con el PSOE como vienen pidiendo sus jefes financiadores. En El Español, medio de cabecera de Ciudadanos y de la clase dominante, Girauta ha dejado claro que mantienen un odio feroz a Sánchez y Puigdemont. Eso sí, vean estos nombres como símbolos, porque no habla el neotoledano de cuestiones íntimas que se pueden inferir.

Odian a Pedro Sánchez porque entienden en Ciudadanos, como bien expresa Girauta, que se ha vendido al secesionismo catalán. Entienden que Sánchez se ha bajado los pantalones, con tal de seguir en el poder, ante no sólo quieren destruir España, sino que han destrozado Cataluña y están imponiendo un estado totalitario con adoctrinamiento y utilización de los aparatos ideológicos para conseguir sus fines: la independencia. “Y fue entonces cuando conocimos al verdadero Pedro Sánchez, el político marcado por un temible espíritu revanchista, el presidente que no desaprovechó una sola semana, en nueve meses de gobierno, para otorgar concesiones a los separatistas”. En la frase en negrita se resume ese odio hacia quien, entiende el diputado naranja, engañó a todo el mundo. Si tiempo ha respetó las líneas rojas que le marcaron desde el partido las baronías, una vez fuera de juego éstas podía hacer lo que quisiese sólo por seguir montado en el Falcon es lo que explica el neotoledano.

Olvida Girauta que lo que en Ciudadanos ven como concesiones (los 21 puntos que pusieron los pelos como escarpias a muchas personas a izquierda y derecha), en otros ámbitos es visto como una forma de comenzar algún tipo de diálogo con los secesionistas. Bien para que cesen en sus mefistofélicas propuestas, bien para que se reconstruya la convivencia que, como bien sabe el neotoledano, está destrozada. Un odio recorre las calles y plazas de Cataluña. Un odio que, por cierto, han contribuido a alimentar Girauta y sus compañeros de partido. Especialmente Albert Rivera desde hace unos años. Por muy totalitario que sea el pensamiento de Quim Torra o de Carles Puigdemont tampoco hay que calentar día sí y día también los ánimos. El procés es un sindiós de parte de la burguesía catalana y, por ello, controlan los aparatos ideológicos. Esos mismos que, aunque Girauta fuese presidente, no podría controlar en sí. Ha debido olvidar, o jamás lo leyó, el marxismo de su juventud que utilizaba para ligar. Las relaciones sociales están influenciadas por las relaciones de producción y por el control de los aparatos ideológicos. Si cerrase TV3, que sería como un orgasmo para él, daría lo mismo. Desde otros medios habría ideologización de las personas. Por tanto, no quiere ver Girauta que el problema es mucho más global que lo que admiten en Ciudadanos.

Odian a Sánchez porque va a indultar a los secesionistas presos. Lo dice claramente: “cómo se negó a responder, pese a nuestros numerosos intentos, sobre su disposición a indultar a los golpistas en caso de que fueran condenados”. No pueden entender, porque la política de parte de la gente de Ciudadanos es de resentimiento y odio al que piensa diferente o les contradice, que no responda a algo que no se sabe si ocurrirá, ni en qué condiciones ocurrirá. La subversión constitucional del voto de la DUI tiene un castigo que determinarán los tribunales, pero no fue un golpe de Estado. Y no por el uso de la violencia o no, sino porque proclamaron la República Catalana y se fueron a su casa o a tomar unas copas. Nada más. Fue una simple proclamación que no tuvo ningún efecto administrativo, práctico o social. Por tanto elevar a rango de destrucción de España una cuestión simbólica, preocupante sí, pero sin ningún tipo de efecto no hace que se tenga razón. Bastante destruye la clase política actual España y no se dice que haya golpes de Estado todos los días. De hecho, salvo a los catalanes y a las gentes que sienten odio dentro o rencor, al resto lo del juicio del procés sinceramente, ni fu, ni fa.

Tiene razón cuando afirma que no apoyarán a Sánchez porque “con plena transparencia y responsabilidad, hicimos pública nuestra decisión antes y durante la campaña electoral. Se trata de un serio compromiso, profundamente meditado, que adquirimos ante los 4.200.000 españoles que escogieron nuestra papeleta”. Lo hicieron. Establecieron ese cordón sanitario con el presidente del Gobierno y ya fueron criticados por ello. Pero si algo tiene la política es que los contextos provocan que el dogmatismo, aunque en el caso de Ciudadanos es producto de su conformación como secta naranja, se vuelva inservible. Mantener los principios es fundamental, sin duda, y una renuncia es una claudicación, pero esto no es una cuestión de principios porque si fuese otro el candidato del PSOE seguramente ya habrían negociado el Gobierno, es estratégica. Y lo que la clase dominante les pide es que la cambien por un bien mayor: España. Esa palabra que no se les cae de la boca ni cuando van al baño, desaparece como por arte de magia en cuanto enfrente está Sánchez. Si no les gustan ni los nacionalistas pre-ilustrados (así califica al PNV), ni los bilduetarras, ni los secesionistas, ni los populistas de extrema izquierda (porque los de extrema derecha sí le gustan), ni quieren que estén en el poder ¿por qué no pactan con Sánchez? Porque piensan gobernar España algún día.

Finalizando explica su razonamiento: “Nuestra convicción de que sólo alcanzando la Presidencia del gobierno podremos proceder a las profundas reformas estructurales, de regeneración y modernización que precisa España, rompiendo el hechizo paralizante de los descreídos y adentrándonos con paso firme en la próxima revolución industrial mientras garantizamos las libertades, el Estado del bienestar y la unidad nacional”. Lo malo es que no ha debido querer enterarse de que por ese camino Ciudadanos está muerto. A Adolfo Suárez le cerraron todas las puertas, así que con ellos la clase dominante no va a tener piedad. Fíjense que hasta Pablo Casado está callado porque está viendo cómo se consume Ciudadanos y cómo se consuma la acción de los poderosos. Girauta se queja del “coro abrumador” que clama contra ellos, el problema es que ese coro tiene sus corifeos y estos están ahí por mandato de la clase dominante. Lo que significa que en breve igual en Ciudadanos no va a quedar ni el portero para cerrar. Mientras, Girauta con su locuacidad para explicar las cosas nos enseña que no apoyan a Sánchez porque le odian. Sin más.

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