La primera respuesta a la pregunta realizada es obvia, no haberles votado. Pero no es tanto el haber votado al PP, a Ciudadanos y los neofascistas, que también, sino a las personas que encabezan cada una de las candidaturas. Analizadas por lo que dicen y hacen se hace incomprensible que los hayan elegido en sus partidos (gracias a que no hay democracia interna) y que las personas hayan validado a tal cantidad de incompetentes. En su vida más allá de la política igual se manejan con soltura y donaire, igual hasta sólo tienen saberes laborales (en el caso de la pepera no), pero en política demuestran que como poco no dan la talla.

De Isabel Díaz Ayuso se ha escrito de todo y todo malo. Durante la campaña electoral conocimos a una candidata que mostró una completa incapacidad para gestionar lo público, para tener una idea cercana a algo parecido al bien común, que sólo sabe cuatro eslóganes pero en cuanto se sale del guión es un esperpento completo. Da miedo que esta mujer pueda llegar a tener un presupuesto de 20.000 millones de euros. Ya de entrada se ha gastado en sus propuestas más dinero del que va a poder ingresar en sus cuatro años de gobierno juntándolos todos, pero le da igual porque está en otra cosa, en hacer de la política un bochorno continuo y que la desafección permita a la derecha gobernar por siglos. Y de paso insultará a catalanes, vascos, navarros y valencianos.

Rocío Monasterio es neofascista y ultracatólica. Quiere volver al siglo XIX cuando se podía explotar hasta la muerte a la clase trabajadora, la gente era temerosa de dios y los nobles y empresarios campaban a sus anchas. Y todo en una unidad universal de destino que es España. Nada nuevo bajo el sol porque son los hijos de los fascistas (incluso de los fascistas cubanos) que, salvo lo económico, quieren acabar con la democracia liberal, con la izquierda y con lo que se les ponga por delante. Y todo esto no le molesta al PP porque son hijos e hijas de quienes son.

Quien ha sorprendido es Ignacio Aguado porque se le tenía por tener algo de cerebro y capacidad. Siempre ha sido un sinsorgo pero lo que decía, más allá de las consignas partidistas, no era algo alocado. Cuñadista sí, pero no loco. Hasta que ha llegado esta semana y ha comenzado a decir cosas incongruentes y a meter la pata sin sonrojarse. Igual la nueva melena turca que luce le viene afectando pero decir que es liberal y progresista y aceptar los votos de los neofascistas y sentarse con ellos (como ha hecho Gabilondo por cierto) igual es incongruente. Decir que es liberal y afirmar que con Ángel Gabilondo no va ni a cenar porque es socialdemócrata y amigo de Pedro Sánchez es para lobotomizarlo y ver si hay algún bicho dentro. Pero lo mejor ha sido su campaña contra Correos.

Se quejó de que el PSOE se gastaba 200.000 euros para casi no cambiar el logo de Correos. Metedura de pata antológica pues es un contrato del PP y una decisión de ese mismo partido. Le han puesto la cara roja y el hombre no sólo no ha cejado en el empeño, sino que se ha lanzado a criticar que se hayan renovado los uniformes con el antiguo logo y que haya que cambiarlos por el nuevo. “Hace menos de un año, Correos cambió los uniformes a 25.000 trabajadores. Ahora, con el “nuevo” logo tendrán que volver a cambiarlos…igual que el rotulado de miles de buzones, furgonetas, papelería, etc. Es indignante como dilapidan el dinero público” ha escrito en tuiter. Y lo ha dejado por escrito sin percatarse de que esos dilapidadores del dinero público son sus socios de gobierno, el PP. Cuando se produjeron todos los hechos Albert Rivera estaba en amor y compaña con M. Rajoy y le pudo decir que no gastase de forma loca. Incluso Aguado podría haber presentado una Proposición No de Ley (PNL) para pedirlo y no sobre estupideces que es lo que le gusta.

O tiene mucha cara, o la inteligencia brilla por su ausencia pero criticar al partido con el que te sientas a negociar para gobernar diciendo que es lo mejor, muy de persona capaz no es. Criticar las políticas del PP pero sentir un amor tan profundo por sus dirigentes y repartirse los cargos no demuestra que la inteligencia comunicativa sea lo suyo. Decir que el PP despilfarra y vetar a los demás partidos salvo a ese partido sólo demuestra que Aguado tiene necesidad de pillar cargo público de cualquier forma. Porque no vaya a ser que pongan a Inés Arrimadas al frente de Ciudadanos, le dé por cambiar cargos y Aguado caiga en la purga. De ahí que si es consejero o vicepresidente se salva por los pelos, nunca mejor dicho. Es puro egoísmo o que le gustan los neofascistas y los hijos del franquismo de Alianza Popular.

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