Muchas personas han estado defendiendo, desde la lógica, la posición de Pablo Iglesias de una coalición de Gobierno con el PSOE con el fin de garantizar un núcleo duro de diputadas y diputados durante la legislatura. Personas que deben nada al máximo mandatario de Podemos, que son circundantes a sus ideas o que simplemente defienden la unidad de la izquierda. Han mirado para otro lado cuando se hablaba del matrimonio Ceaucescu porque entendían que era una cuestión interna del partido morado y que no incumbía a lo que sucedía fuera. Muchas personas han tragado sapos y culebras con la personalidad de Iglesias por el bien de la izquierda pero hoy ha tocado fondo ese apoyo por dos cuestiones.

Primera, lanzar una votación a las bases de Podemos con dos preguntas claramente tendenciosas, donde se parece indicar que la opción que viene defendiendo el dirigente máximo es la que habría que votar para legitimarle ante Pedro Sánchez. A lo que hay que añadir que no es el momento de preguntar a las bases ahora, cuando ya han pasado más de dos meses después de las elecciones. Algún politólogo mediático y algún político de esos que llevan cuarenta años en el momio han visto en la acción una falsedad populista porque rompería la negociación en sí, ya que sólo se debería preguntar cuando se hubiesen ejecutado las negociaciones Y la realidad es que ha tardado bastante en preguntar porque debería haber tenido la opinión de las bases antes de sentarse y de llamarse con el vencedor de las elecciones. Si se quiere ser democrático, si se quiere que las bases sean parte fundamental de las decisiones, hay preguntarles antes sobre el sentido de la negociación a llevar a cabo, no cuando todo está cerrado. Una vez cerrado un acuerdo se violenta a las bases y se les impide votar en libertad. Pero no pidamos a los analistas del sistema que piensen más allá de los intereses de clase que llevan insertos en su mente.

La segunda acción, lamentable, ha sido lanzar en las redes (dirán que no desde la cúpula, pero todo el mundo conoce cómo se ejecutan las acciones en Podemos) la petición de salida de Teresa Rodríguez de Podemos. #fuerateresarodriguezdepodemos es el eslogan elegido por el núcleo pensante. Una más que sumar a las peleas por la exclusividad dentro de Podemos. A ella y a Kichi (ganador en Cádiz) se la tienen jurada desde que montó Adelante Andalucía y, para mal de males, la confluencia ha funcionado mejor que en el resto de España los diversos acuerdos y retahílas de nombres. ¿Envidia? Puede ser. ¿Ganas de tapar una voz discrepante y con peso? También. Y todo porque Rodríguez ha dicho que no piensa votar en la votación abierta por Iglesias, ya que la considera un fraude completo. Algo que ha expuesto de manera muy argumentada.

El primer argumento versa sobre la forma: “Las opciones son abiertamente tendenciosas. La pregunta debería ser: pacto de gobierno con el PSOE sí, no o abstención, y dar los detalles del pacto que se somete a consulta”. Tiene razón en que así sería mucho más lógica la consulta. Tres opciones con su explicación del porqué de las cosas. Algo lógico y normal entre seres civilizados. Por si no quedaba claro ha extendido su explicación sobre las formas: “Olvida otras opciones posibles y es, lamentablemente, un verdadero insulto a la inteligencia que denota falta de confianza en los argumentos que se tienen para defender un pacto a toda costa”.

También ha criticado el fondo de la propia consulta: “Importa el para qué, si no hay derogación de las reformas laborales, de la ley mordaza, del 135, de la LOMCE, si no hay lucha contra el cambio climático si no hay derogación de la austeridad sólo servirá para regalarle nuestros logros y asumir las contradicciones de un PSOE históricamente habituado a defraudar”. Lo que piensan muchísimos militantes y votantes de Podemos, así como de toda la izquierda en general. Sin tener claro el para qué de poco sirve coaligarse o ceder a las pretensiones de Sánchez. Y en la consulta no hay ese para qué. “Espero sinceramente estarme equivocando, pero no será por no haber planteado mis argumentos con claridad y sin trampas” ha terminado Rodríguez poniendo el dedo en la llaga.

Desde la cúpula de Podemos, viendo a sus propios compañeros de partido como enemigos de la causa pablista, no han tenido mejor idea que, en vez de rebatir los argumentos, cerrarse y lanzar a sus huestes en las redes contra la política andaluza. En vez de debatir, además sobre un tema importante, mejor comenzar una caza de brujas o de disidentes políticos. Esto acaba dando la razón a todos aquellos y aquellas que vienen señalando a Iglesias y demás equipo como dirigentes que se han elevado tanto por encima de la realidad y creen ser los únicos en tener la verdad que ven a cualquiera que discrepe como un peligro. Lo curioso del caso es que Alberto Garzón, que es parte de la votación final, no haya dicho ni esta boca es mía para apoyar o rebatir la argumentación. De hecho no ha dicho nada, pese a ser la cabeza visible de IU, sobre cómo se están llevando las negociaciones. Ha cesado como activista y no es más que un seguidor de Iglesias más. Al final será peor el remedio que la enfermedad.

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