Un repaso por los titulares y crónicas de los medios de la derecha española (casi todos), o lo que es conocido como La Caverna, deja bien a las claras cómo piensan, cuáles son líneas editoriales, por mucho que las quieran esconder en muchos caso. Da igual ABC, Cope, La Razón, Ok Diario, El Independiente, El Español, Libertad Digital, EsRadio, El Confidencial, Vozpopuli o los diversos regionales, todos han visto más peligro social en un mechero (como mucho) lanzado en Alsasua contra Albert Rivera, que en un señor que tenía unas cuantas armas en su casa y pensaba atentar contra el presidente del Gobierno. Todos han visto acciones terroristas en Navarra y locura en Tarrasa. Todos, francamente, ponen en duda la información sobre el atentado pero quieren hacernos creer que en Alsasua hubo personas que corrieron peligro sus vidas. Así es la Caverna mediática, siempre en defensa de “su” España. La de los poderosos.

Hay un hecho claro y contrastado. Que un señor quería asesinar a Pedro Sánchez y tenía un pequeño arsenal en su casa. Evidentemente, muy bien de la azotea no debe estar, como no lo está casi nadie que comete atentados terroristas o magnicidios. Pero eso no quiere decir que estén locos y sean buenas personas, como se ha esgrimido en los medios de la derecha en su totalidad. Una forma de edulcorar un peligro, tal vez no el de este señor, pero que es patente están agitando todos esos medios cavernícolas. Los terroristas o magnicidas no están locos en sí, sino que existe toda una construcción social alrededor que se inserta en sus mentes y les impulsa a actuar. En unos casos es una religión radical, en otros Federico Jiménez Losantos o Eduardo Inda. No están locos, pero socialmente se le impulsa a una situación que en momentos de plena racionalidad, de plena deliberación democrática, de ser seres humanos racionales no ocurre.

En este peligro social, que ha sido comentado desde Moncloa, tienen mucho que ver políticos y medios de comunicación. Tanto Pablo Casado como Rivera, por no hablar de los neofascistas, están alentando el odio y la violencia constantemente desde sus poltronas. Algo que es amplificado y aumentado desde columnas, portadas, programas de radio y televisión. El caso de este hombre, hijo del último regidor franquista de su localidad por cierto, es un producto social de esa Caverna mediática y política que basa toda su acción en alimentar la violencia para decir que sólo ellos pueden atajarla. No quieren ver peligro en lo que este señor decía y pensaba hacer, pero nadie puede decir que dándose las condiciones no lo hubiese hecho. Desde luego un poco estúpido sí que es porque no se suelen contar estas cosas. Unabomber no dijo nada, ni quien ayer asesinó a algo más de una decena de personas en un bar en EEUU, pero eso no es para minusvalorar el peligro. Salvo que te llames Javier Negre y te dediques al periodismo cavernario y de carroña, por ejemplo.

Nada como un negacionista para alimentar el odio cavernario: “Que la izquierda trate de vender como un francotirador experto a este tirador de medio pelo q decía ser astronauta y q pedía ayuda por Whatsapp para matar a Sánchez es de broma. Pero es la excusa para echarle la culpa a la derecha de la crispación” ha escrito en Twitter como pueden ver más arriba. Un tirador de medio pelo que tenía equipo para matar a alguien a 1.500 metros es una forma de no querer ver el daño que están causando personas como él al alentar la violencia y mentir constantemente. También vendía Negre el domingo pasado que las hordas etarras estaban casi a punto de hacer morir por lapidación a Rivera, cuando ni la policía vio las piedras, ni los vídeos lo mostraron. Lo mejor es que los cavernarios siempre se ponen la venda antes de herirse al ver que les acusarán de crispar. Y no sólo de crispar sino de procurar un caldo de cultivo social para que este señor u otro crea legítimo matar a un presidente del Gobierno o a cualquier político de izquierdas por el hecho de serlo. Y para justificar su proeza mental y quitarse de encima el sambenito de carroñero y derechoso, acude a retuitear a Martu Garrote, que como se sabe es anti-Sánchez y últimamente le da por justificar a la Caverna. Y como Antonio Maestre le hubiese descubierto sale a hablar de violentos de extrema izquierda que nada tenían que ver con esto.

No es más que un ejemplo de cómo funciona la Caverna. No podemos decir que el francotirador, por malo que sea, no es un peligro. No tanto por él como por la sociedad que se está creando gracias a los cavernícolas mediáticos y políticos. Las palabras de Moncloa diciendo que hay que calmar todo un poco van en esa dirección. Pero esto les importa poco a las derechas españolas. Quieren sangre, necesitan sangre para vender su odio en condiciones. Y la Caverna para lograr visitas y audiencia. Una conjunción perfecta para que cualquiera acabe realmente cometiendo un atentado. Así se comprende que un radical de extrema derecha amenazase a Alberto Garzón, que ahora tiene que ir con escolta, en plena calle. No es culpa de que el dirigente de Izquierda Unida haga un discurso contra el sistema, que es lícito y legítimo, es culpa de dirigentes políticos que criminalizan a sus contrincantes y de los medios de comunicación que están con ellos redoblando el esfuerzo. Alsasua fue un ejemplo de esa práctica política allí había peligro por todos lados porque era la izquierda, hoy ninguno porque está loco. El problema es que aquello y esto está siendo provocado por los mismos: la Caverna.

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