Quien está acostumbrada a dar órdenes y que se lleven a cabo no suele tolerar bien que le ordenen. Menos cuando quien lo hace es parte del cuñadismo patrio. Inés Arrimadas, que es catalana o andaluza según el contexto (realmente es española, muy española), se propuso marcar las líneas a la presidenta de la Junta de Andalucía Susana Díaz y parece que ha salido escaldada. Porque el rapapolvo de la socialdemócrata ha sido de los que hacen época. Arrimadas, con esa chulería de salvavidas que suele utilizar, ha exigido a Díaz que acabe los aforamientos ya, en este mismo momento, si quiere que los presupuestos del año que viene salgan adelante. Y lo dijo al lado de quien no ha hecho más que ser la alfombra sobre la que ha pasado toda la legislatura Díaz, Juan Marín.

Una cuestión que no deja de ser una minucia simbólica y a Díaz poco o nada le costaría hacerlo, ha servido para que Díaz les diga a Arrimadas y a Albert Rivera, que últimamente comienza a ver andaluces por todos lados, que en Andalucía las cosas se deciden en Andalucía, ni en Madrid, ni en Barcelona. Que si Marín tiene algún problema que se lo diga a ella directamente mirándola a los ojitos, le ha faltado decir. Los dirigentes de Ciudadanos se piensan que con el apoyo de ciertos medios de comunicación ya les vale para hacer cuñadismo e ir marcando el paso a todo el mundo. Con la chulería propia de quien piensa que todo lo sabe, o todo lo puede, y no son más que unos reprimidos que harían las delicias de Freud. Por eso quieren marcar el paso a Díaz, quien, perdonen la expresión, tiene los suficientes ovarios para decirles cuatro verdades. Que, además, por el poder que acumula en Andalucía van a ser extendidas a lo largo y ancho de la región.

Tampoco conocen los parámetros de la política andaluza los dirigentes del partido catalán que utiliza la clase dominante para quitar a las izquierdas del poder. Esa política es muy distinta de la que se lleva a cabo en Cataluña, donde ellos y ellas están más entrenadas. Por eso intentar entrar en la política andaluza con chulería, con prepotencia y con demagogia sólo puede llevarles a darse de bruces con un muro. Y más cuando quieren que Andalucía se pliegue a las órdenes de Madrid/Barcelona. Algo que no se le ocurrió ni a Felipe González, ni a José María Aznar, por ejemplo. Andalucía se ha levantado, desde la autonomía, frente a las imposiciones del gobierno central cuando lo han visto así. Y frente a Ciudadanos, que además van de asustaviejas, puede que esas palabras produzcan un resultado peor.

Además es sencillo. Que Juan Marín, que sólo habla contra Díaz para decir “aforamientos”, “ley electoral”, pero calla con todas las demás políticas que lleva adelante la Junta de Andalucía, presente una Proposición de Ley para quitar los aforamientos y fuerce a Díaz a negociar al menos. No tiene por qué hacerlo el gobierno siempre. La oposición naranja puede trabajar un poco y no estar viviendo del momio sin decir nada. Pero Marín sabe que va a ser muy difícil descabalgar a Díaz y quiere seguir a su vera viviendo bien y sin hacer nada. Algo que Arrimadas y Rivera o no saben o no entienden. Es más, este tipo de presiones sólo sirven para que la presidenta de la Junta tome de forma más sencilla la decisión que ya tenía, convocar elecciones cuanto antes.

Error el cometido por Arrimadas y Rivera por ser chulos y prepotentes. Díaz hasta el momento tenía a sus bases calladas contra Ciudadanos. Incluso la televisión pública ha sido amable con Marín y sus “mudos y mudas”. Provocar a Susana Díaz supone que Canal Sur y los medios de comunicación regionales comiencen a ser críticos con Ciudadanos hasta que no consigan ni dos diputados. Ese poder lo tiene la presidenta de la Junta de Andalucía y lo puede utilizar contra Ciudadanos, algo que agradecería Moreno Bonilla del PP. Lo mismo que hacen con Izquierda Unida y Podemos podrían hacer con Ciudadanos… y raro que no lo vaya a hacer en breve.

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