Ni un día, por no decir ni unas horas la clase dominante ha dejado de ejercer como tal. En muchas ocasiones lectoras y lectores nos dicen que nuestros análisis son un tanto exagerados al hablar del poder del establishment, de la clase dominante, de la fracción dominante del bloque en el poder y demás conceptos utilizados para demostrar que, bajo este sistema democrático liberal, se esconde realmente un poder que controla todo. Ese poder curiosamente coincide con un grupo de personas que tienen conciencia de sí mismos, de ser los que mandan y por qué mandan. Un análisis sin más puede dejar a las personas un tanto descontextualizadas, pero cuando se topan con noticias como las de ayer, todo cobra sentido y lo que explicábamos se aclara. Y no exagerábamos cuando afirmábamos que la clase dominante quería un tipo de gobierno, es más hasta nos hemos quedados cortos.

Ha sido Ana Patricia Botín, representante de la fracción financiera, la primera en pedir mediante un informe ad hoc que, por el bien de España, el futuro gobierno sea entre PSOE y Ciudadanos. En virtud de una necesidad de estabilidad política, pues la inestabilidad de los últimos años ha provocado, según dicho informe, una caída de la cotización bursátil del Ibex-35 de un 70%. O lo que es lo mismo, les ha hecho más pobres a ellos y ella, no al país. Y claro, como no tienen bastante con la extracción de rentas, necesitan además dominar el ámbito especulativo para que las personas apuesten a “ahorrar” (así lo llaman demagógicamente) mediante el posicionamiento de sus dineros sobrantes en bolsa. Están tiesos de liquidez, como venimos contando desde hace meses, y necesitan incorporarlo de alguna forma.

“La coalición entre PSOE y Ciudadanos probablemente complacería a los mercados financieros dado que la postura liberal de Ciudadanos sería mejor recibida que el populismo de Unidas Podemos” dice en informe señalando el camino correcto que deben tomar ambos partidos. Lo curioso es que ambas formaciones políticas dependen del Banco de Santander, por el robo organizado del Banco Popular, debido a sus deudas financieras. Además, de por las presiones y relaciones que tienen los dirigentes con los miembros del establishment financiero y empresarial. Así, que rápidamente la clase dominante intenta subvertir la voluntad popular expresada en votos y deseos. El “Con Rivera No” de las bases socialdemócratas no existe más que como volición que tampoco se cumplirá esta vez. O eso es lo que desean.

Pero no sólo ha sido Botín quien ha animado al pacto PSOE-Cs sino el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, quien ha afirmado: “Nos encontraríamos muy cómodos con un Gobierno de centro izquierda […] que proporcione estabilidad y moderación”. Blanco y en botella. También los directores de los medios de comunicación de la derecha han salido a clamar por un pacto PSOE-Cs que genere estabilidad ante la situación de crisis económica que se atisba en lontananza. Bieito Rubido de ABC ha afirmado en un artículo titulado “Sentido de Estado” que “lo mejor que le puede ocurrir ahora mismo a España es que Ciudadanos acepte integrarse en un gobierno de coalición con el PSOE, aunque ello suponga tragarse todas las promesas en sentido contrario que su líder lanzó en campaña, una y otra vez. El viejo aserto de que en política no hay amigos eternos ni enemigos permanentes vuelve a confirmarse. El sacrificio lo tiene que hacer Albert Rivera, aunque no soporte a Sánchez. Solo así podemos analizar con una luz de esperanza los resultados de ayer. Solo así nuestro país puede encarar un tiempo de estabilidad y reformas que aliente a la sociedad española y que nos permita crecer como país próspero y gobernable, en el que los políticos no traten de rescatarnos de la miseria, sino de propiciar las condiciones idóneas para generar riqueza”. Toda una declaración de intenciones respecto a una reforma contraria a la de los derechos sociales como se podría presumir con Podemos.

El Mundo, La Razón y los diversos digitales más vinculados al mundo económico piden a Albert Rivera que se baje del burro del cordón sanitario a Sánchez y se avenga a negociar un gobierno de coalición. El caso más llamativo es el de Pedro J. Ramírez, verdadero factótum naranja en la prensa de derechas, que hasta ha hecho un video pidiendo cordura y sentido de la responsabilidad a ambos políticos. Las respuestas desde los cuarteles generales han sido negativas… de cara a la galería. Saben desde hace tiempo en ambas casas que esto podía pasar porque les habían avisado desde la clase dominante. Aquí lo hemos recordado en diversas ocasiones, una al comienzo de la precampaña (“Rivera ya tiene tractor para pactar con Aitor”) y otra después de los debates electorales (“Nadie cree que Sánchez y Rivera no acaben pactando”), nadie nos creía y, sin embargo, lo que decíamos ya está aquí. Las presiones han comenzado y, como narramos hace tiempo, a José Luis Ábalos no es que se le interpretasen mal sus palabras, sino que consciente por sus reuniones con los peces gordos de la fracción constructora del Ibex-35 sabía que tendrían que llegar a algún tipo de transacción. ¿Cuál? Seguridad en la defensa de la acción de gobierno en los medios afines y control de Rivera y sus gentes. Ábalos ya avanza que hablarán con todos y negociarán con todos, pese al feo de Rivera de no llamar a Sánchez, por lo que Ciudadanos ya se vislumbra como socio preferencial en algunas cuestiones sino todas.

No dirán nada hasta que pasen las elecciones autonómicas y locales por pura estrategia política y porque la acción parlamentaria no comienza hasta días antes de votar. No tienen la necesidad de pactar nada hoy, ni mañana, ni hasta dentro de un mes cuando comience la legislatura. Hasta entonces puede alardear de no quererse, de no poderse ni ver, de querer un gobierno monocolor (que tampoco se lo permitiría Unidas Podemos porque eso supondría querer negociar sólo con ellos los social y el resto de materias con la derecha); y los otros de situarse como la única y verdadera primera fuerza de la oposición. Todo un teatro en esta sociedad del espectáculo para entretenernos mientras escondidos entre las bambalinas se cuece lo que sucederá realmente. El aviso de hoy de la clase dominante, que ha salido en tromba y aumentará en próximas fechas, es sólo el primer aviso de que la verdadera voluntad que debe estar presente en las cabezas de los dirigentes políticos de PSOE y Ciudadanos no es la popular, ni la nacional, sino la de ellos y ellas.

Mientras los ciudadanos se entretienen con sus aspiraciones a ser clase media y obtener más rentas; mientras toda su vida acaba girando en torno a la adquisición de fetiches; mientras comen banderas y cagan identidades; la clase dominante tiene conciencia de clase en sí y para sí. Saben quiénes son y por lo que están unidos. La clase trabajadora, ensimismada en sus fetiches y sus identidades diversas, carece de esa conciencia necesaria para que no le roben la voluntad que expresa en esta democracia limitada que es la liberal representativa. Sin conciencia de clase no hay lucha de clases, aunque una clase en concreto, la clase dominante, esté llevándose todos los triunfos, precarizando a las personas, quitándoles sus formas de sustento y, además, impidiendo que su voluntad política sea representada. En esta ocasión van a poner todo su arsenal en esta lucha, veremos si Sánchez y Rivera claudican, porque no nos equivocamos cuando lo advertimos, como tampoco cuando lo advirtieron Iglesias y Garzón.

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