Existen negacionistas del cambio climático pero también negacionistas de la existencia de una, hoy en día, soterrada lucha de clases. Los que interpelan contra la segunda se extienden por toda la izquierda advirtiendo de que eso es una antigualla. Como sumo hoy en día están los de arriba, los poderosos, y los demás que no tienen poder alguno. Esto es, establecen la diferenciación social en base a no se sabe bien qué misterioso poder. Son conscientes de que hay un grupo de domina, pero esconden el porqué de esa dominación. Y todo por no reconocer que sí, que dominan por su control de los medios de producción, por el control que ejercen como capitalistas y que ostentan su poder de clase porque explotan a la clase trabajadora. Esto para muchas personas en la izquierda es casi anatémico y con un tufo marxista que asusta.

La lucha para acabar con la dominación (incluso hablan de la libertad como no dominación de carácter republicana) se tiene que dar en los derechos civiles propulsados, en muchas ocasiones, por el simple deseo; contra el cambio climático; y en favor de la diversidad. Básicamente en esa triada caben todas las demandas postmodernas porque, esto no lo reconocen, han entregado cualquier otro tipo de lucha material y contra la base sistémica. No es nuevo que se diga que o hay pensiones privadas (dinero en manos de la fracción financiera), o los sistemas públicos no se sostienen. En la derecha lo tienen claro por estar en el lado de la clase dominante, pero muchas personas que se autonombran como vanguardia progresista se lo piensan y hasta intentan justificarlo. Pura lucha de clases.

Ahora la clase dominante ha decidido meter otro gol a la clase trabajadora, mediante un informe sobre el cambio climático la ONU ha decidido que sólo los ricos pueden comer carne ya que mantener vacas y cerdos provoca muchas emisiones contaminantes que acabaran con la vida en el planeta. La clase trabajadora debe comer, cuando puede comer con los nutrientes suficientes, lentejas, garbanzos, mazamorra o gachas, dejando sólo a los privilegiados el consumo de las proteínas animales. La ONU se sabe que no es más que un organismo burgués del buenismo al servicio de la clase dominante. Un parapeto de buenas acciones que esconde aberraciones y matanzas cuando le interesa. Y como órgano de la estructura de poder ha decidido que ya no comamos carne porque acabaremos con el planeta en el que quieren seguir viviendo la clase dominante, sus huestes y los esclavos que puedan necesitar. Lucha de clases pura y dura.

Si las fuerzas militares de Estados Unidos contaminan más que 140 países del orbe terrestre hay que callarse por dos motivos. Uno, el ideológico, están para salvaguardar la democracia liberal. Dos, el que se oculta, las fuerzas imperiales pueden hacer lo que quieran y la ONU no puede decir nada. Y si lo dice, como pasa en Israel, no se le hace caso. Lo del cambio climático es culpa de la clase trabajadora que ¡hasta come carne! Aunque no lo parezca con este tipo de informes lo que se echa por tierra son años y años de lucha desde la izquierda por condiciones de vida dignas (comer carne entre ellas), por una vida explotada pero sin penurias al menos. Hasta esto se quieren llevar por delante desde la clase dominante. Se han visto con fuerzas, han calibrado que la correlación de fuerzas les favorece y se han lanzado al cuello de la única clase que les puede confrontar.

¿No se lo creen? Aquí tienen a Marcos de Quinto, quien tiene muy claro que su clase está en guerra total contra la clase trabajadora, señalando a sus enemigos. “Trabajadores visibilizando sus reivindicaciones mediante la típica patada en el culo de otros trabajadores…” ha dejado por escrito. En primer lugar al hablar de visibilización, ese término de la izquierda postmoderna y blandita, se niega que la confrontación sea parte de la lucha por unos derechos. Son meras reivindicaciones como quien se queja de las aceras de su barrio. Una nadería que, en segundo lugar, además molesta a otros trabajadores que se van de vacaciones. Así se acaba con la fraternidad y la solidaridad entre las personas de la clase trabajadora. Se dice de forma directa, con la suficiente sutileza para que se inocule la mentira, que protestar es malo, que luchar por los derechos laborales es dañar a las demás personas, que no hay que insistir en la lucha de clases. Mejor rendirse hasta en lo mínimo.

El problema es que muchas personas hacen caso de este tipo de mensajes, da igual que la huelga sea de aviones, trenes u hostelería. La destrucción de la solidaridad de clase en la lucha desaparece. La fraternidad deviene enemistad. Y ¿qué dicen los partidos de izquierdas? En la mayoría de las ocasiones nada. Como mucho un meme, pero no se hace nada para contrarrestar la manipulación y la ofensiva contra la clase trabajadora. Luego se quejan que se les llame izquierda caviar, burguesía bohemia (bobos), traidores o izquierda cobarde. Pura lucha de clases lo que hacen desde la clase dominante que no tiene respuesta de algún tipo por la supuesta izquierda. Mientras tanto, la clase dominante, también alienta a los raritos y los defensores de causas peregrinas (veganos, antivacunas, animalistas, homeópatas y demás), pero que conectan con las pautas marcadas por el poder de clase. Ya saben ahora ni pensiones, ni sanidad, ni carne, ni protestar, sólo dejarse morir para que el planeta sea disfrutado por unos pocos.

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