En este tiempo de mentiras prefabricadas, de estupideces de los políticos, de meapilas wagnerianos, de llegada de los neofascismos y de dominio de todas las actividades humanas por la bioideología capitalista parece que los principios se han olvidado. Al menos aquellos principios democráticos que surten los valores comunes que deberían sustentar esta democracia liberal imperfecta. Algo que escandalizaría y haría temblar los cimientos de cualquier régimen político occidental parece que en España es tomado como un simple suceso, como algo chusco, como algo sin importancia. Y la verdad es que, pensándolo bien, lo que se ha producido con la conspiración contra Podemos es un verdadero golpe de Estado. Un intento de subvertir la voluntad popular en beneficio de unos pocos, en este caso el PP, Ciudadanos y la clase dominante, y limitar la democracia.

Explica en su último libro Francis Fukuyama (Identidad, Deusto), un pensador del establishment y liberal por lo que no es sospechoso, que los dos pilares de la democracia liberal están vinculados a la dignidad de las personas mediante la libertad y la igualdad. Libertad del poder estatal y para poder elegir libremente la participación política mediante el voto a uno u otro partido (una visión simplista que nos sirve para analizar el golpe). La igualdad estaría vinculada a los derechos políticos y la consideración de todas las personas como similares. Un clásico liberal por otra parte. El problema, incluso planteado en estos términos liberales, es que la conspiración contra Podemos, alentada desde los intersticios estatales y de los poderes económico y político, lo que pretendía era acabar con la dignidad de esas personas que querían una alternativa. Desde el establishment se ha actuado contra ese mínimo principio democrático de considerar que las opciones de cada cual son válidas y necesarias para el debate.

La unión entre el poder económico, político y mediático para acabar con una formación política mediante el robo, la extorsión, las mentiras, las difamaciones y cambiar la opinión pública, mientras se aparentaba normalidad al invitarles a comer, como hacían desde Atresmedia, supone que la élite en el poder, el bloque en el poder, no piensa permitir ningún tipo de posibilidad alternativa a lo que decidan en beneficio propio. Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero, entre otros, fueron demonizados con mentiras y falsedades, fueron espiados hasta en lo más íntimo, para destruirles y que no pudiesen ni acercarse al poder político. Machacados sin piedad por Eduardo Inda, y otros directores de periódico que difundían las infamias de aquel, en una caza sin cuartel financiada desde el Estado para evitar cualquier posibilidad alternativa. Incluso, si lo piensan bien, la salida a la palestra de los neofascistas es consecuencia de aquello, de ese golpe de Estado contra la ciudadanía que comenzó en 2015 y parece no haber terminado aún. En cuanto Ciudadanos y el PP han dejado de servir como muros de contención, el establishment ha sacado de la guarida a la bestia de siete cabezas. Y han cabildeado con algunos cuadros de Podemos que marcharon hacia otro partido.

Un golpe de Estado contra la ciudadanía porque no permiten que ésta se exprese con total libertad dentro del marco democrático liberal que han impuesto como único posible. Mientras entretienen con sainetes televisivos, mientras se hace noticia de lo chusco y lo anecdótico, sabemos que ha habido una conspiración (incluso algunos de esos famosos esbirros televisivos del establishment lo niegan aún, como Ana Pastor) para impedir el pluralismo político. El miedo a perder los privilegios, el miedo a que se desvele cómo domina la clase dominante, el miedo a una alternativa más que necesaria por cuanto se ha visto que el Sistema salva antes a los poderosos que al pueblo, ha lanzado a ese poder que se oculta tras medios de comunicación y políticos comprados al golpe de Estado.

Estamos en sistemas políticos mediáticos, en sistemas políticos espectaculares, en sistemas políticos al servicio de los intereses de quien puede doblarles el brazo, que en esta época es la aristocracia del dinero, especialmente financiero, y no quieren que lo sepamos, ni lo derribemos. Han escondido los problemas de la clase trabajadora bajo la mentira de una clase media a la que están arruinando y explotando y cuando eso no ha bastado han puesto en primera plana los problemas de identidades diversas. El autobús del PSC es buena prueba de ello. Ponen como un gran problema democrático los problemas de la diversidad, de la que sacan buen rédito económico por cierto, para esconder su poder y que los problemas materiales reales, los fundamentales, son culpa de quien no llega. La culpa del otro por no ser emprendedor, aunque los que han comprado la milonga acaban estresados, muertos en vida, agotados y en el mismo lugar que ocuparían pero autoculpándose.

Y como no quieren que el chiringuito de la dominación se les acabe nada mejor que utilizar todo el poder que tienen para destruir la democracia y dar un golpe de Estado y pasarse a las medidas autoritarias. Sacan a los neofascistas para virar todo el tablero hacia la derecha, hacia la nación, hacia lo diverso, para que la esclavitud siga presente en la sociedad actual. Una forma como otra de alienación, pero que cuando surgió Podemos no tuvieron tiempo y golpearon a la democracia. Porque la democracia les importa como mera máscara y apariencia. Y lo peor de todo es que desde partidos que se dicen de izquierdas callan. Salvo Manuel Mata del PSPV, aunque es un hombre íntegro, cabal y de izquierdas. Ha demostrado la clase dominante que la democracia es la que ellos quieren que se llame así, más bien es la policía como dice Rancière.  No hay más posibilidad que votar, nos dicen, a los que no se salen de la línea, o a las bestias que ellos controlan, como pasó con Benito y Adolf hace años.

Se ha perpetrado un golpe de Estado en España y nadie parece escandalizarse. Al final nos vamos a merecer lo que tenemos. Pero, viendo la parte positiva, la conspiración Inda-Villarejo es un arma contra el establishment para aquellos que aún piensan que hay más formas de democracia, que hay una alternativa al Imperio, que otro mundo es posible y que la clase trabajadora, el día que se quite el velo, se levantará de nuevo. Mientras nos enredan con banderas y espectáculos lamentables, porque la calidad de la clase política es cada vez menor. Un golpe de Estado que hay que denunciar hoy, mañana y pasado. Porque si ayer fue contra Podemos, igual mañana es contra otro. Igual contra ti, piénsalo.

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