“La suma de todos los sueldos pagados en España el año pasado fue de 550.272 millones de euros. (…)  El peso de los salarios en el conjunto de la economía española cae hasta el 47,3% del PIB, el más bajo desde hace 30 años. (…) Justo antes del comienzo de la crisis, la parte de la riqueza del país que se destinaba a pagar nóminas estaba en el 50,1% en 2008. (…) A partir de ese momento ha ido bajando hasta los niveles actuales”. El Producto Interior Bruto en 2018 ascendió a 1 Billón 208.248 euros. Un punto porcentual del PIB está en torno a los 12.000 millones €. La pérdida salarial global ha caído un 2,8 % lo que representa una pérdida de masa salarial de 33.600 millones de € que pasan del sudor de la frente del trabajador al bolsillo del empresario.

La presidenta de Banco Santander, Ana Botín, percibió una remuneración total de 11,01 millones de euros, durante el pasado año, lo que supone un 4% más que los 10,58 millones de euros que recibió en 2017, según consta en el informe anual de la entidad. Recibió en metálico 6,245 millones, un 10% más, en tanto que el dinero destinado a la hucha para su jubilación se redujo un 54,3%, hasta 1,234 millones. Se da la circunstancia de que fue este año el ejercicio completo en el que Santander gestionó también Banco Popular”.  El salario base actual está en 900 € mes, es decir, en 14 pagas = 12.600 euros al año. Las personas más ricas como Ana Botín ganan más de 873 veces lo que percibe un asalariado a sueldo base.

Un pequeño número de personas maneja todos los negocios en beneficio de la Banca y el Gran Capital y en detrimento de la clase trabajadora, que es la que realmente produce. He realizado una breve investigación de las 5 primeras empresas del mundo y del Estado español con mayor número de empleados que se insertan en los cuadros de abajo.

El Consejo de Administración en las grandes empresas o el director en las pequeñas son un bajo número de personas (1, 3, 6, 10 ..),   las que componen la dirección y luego están las masas trabajadoras que podemos decir que en algunas grandes empresas la mano de obra son millones, como muestran las siguientes tablas:

 

Empresa: Ranking mundial año 2014 Empleados:
1.- Wal Mart Stores 2.120.000
2.- State Grip 1.486.000
3.- China National Petroleum 1.117.345
4.- U.S. Postal Service   785.929
5.- Sinopec   634.011

 

Empresa:         Ranking español 2015  Empleados:
1.- Grupo A.C.S.   83.750
2.- El Corte Inglés   80.930
3.- Mercadona   76.000
4.- Corporaciòn Mondragón   63.000
5.- Correos   50.000

El número de personas que gestionan una empresa es muy pequeño comparado con el número de asalariados que es enorme. ¿Quién toma las decisiones y a favor de que clase?  Bajo el capitalismo las decisiones las toma una “minoría” en contra de la “mayoría”.

¿Y quién tiene que vivir con las decisiones tomadas? La mayoría abrumadoramente más numerosa que son los asalariados. ¿Es eso Democracia?  Eso es una dictadura laboral capitalista de las mafias de los Poderes Fácticos.

La Democracia obrera socialista sería posible cuando cada  persona pueda tener su voto para acordar los planes de trabajo, como se hace en algunas cooperativas democráticas  de trabajo asociado. Trabajé en una de ellas 12 años con 65 compañeros cooperativistas y las decisiones se tomaban en Asamblea General cada mes, con rendimientos de cuenta, con igualdad salarial total, con elección y revocabilidad de cargos.

Tendríamos que tener el mismo derecho a votar para elegir a la Dirección de cualquier proyecto de trabajo  como lo hacemos en una cooperativa democrática o  para elegir al Alcalde de cada pueblo y a cualquier cargo de la empresa pública y privada, sobre todo, votando el programa o proyecto que mejor nos convenza, para llevarlo a cabo en el plazo acordado.

Porque en democracia se deberían tomar las decisiones que nos afectan para la convivencia con las que tenemos que coexistir y puedes protestar cuando consideres que una dirección lo hace mal o incluso intentar cambiarlo cuando cometa errores, pero para ello se necesita acordar un procedimiento justo y democrático o  cuando nos llamen a las urnas de nuevo  votar para cambiar a los que dirigen y no cumplen. En una empresa  no se puede protestar aunque veas que están incumpliendo la Ley porque existe la política del terror del despido libre y represión de derechos laborales. El Patrón en el lugar del trabajo toma decisiones que tienes que cumplir sin ningún tipo de votación.

Qué interesante sería un país gobernado por una auténtica democracia social efectiva y participativa.  Sin embargo en los países que se llaman “Democráticos”, es claro que se ejerce la Dictadura del Capital que aplica el Patrón contra sus asalariados y el Gobierno a sus “ciudadanos” que en realidad son tratados como “súbditos” y en algunos casos como “esclavos”.

El asalariado termina su jornada laboral y bajo esa aparente “democracia burguesa”  piensa que fuera existe “democracia” pero durante sus 8, 10 o 12 horas de trabajo el trabajador se ve sometido a la “dictadura patronal”, y luego le queda poco tiempo mientras va y vuelve al puesto de trabajo, quedando pocas horas para dormir, para la familia, el ocio y la cultura.

En una Democracia Socialista sana, el método de decisión por los votos debería ser introducido si de verdad estamos convencidos que sería un modelo más justo y mejor para el bien común.

Está claro que si una persona no llega a comprender la necesidad de ser profundamente “democrático y solidario” (se pretende pero luego no se cumple hasta las últimas consecuencias), los cambios profundos necesarios no podrán conseguirse, porque esto es tarea de la mayoría abrumadora de los asalariados, que tendremos que dotarnos de una nueva cultura democrática de participación enfocada al bien común.

La ideología de la clase dominante nos hace creer que la prosperidad de las empresas repercute en la prosperidad de todo el pueblo, pero eso es una falsedad, porque el capitalista nos roba las plusvalías y tiende a pagar lo menos posible, e incluso a veces por debajo del límite de una supervivencia mínima digna violando el salario mínimo que es totalmente insuficiente.

El liberalismo extendió la mentira, incrustándola a sangre y fuego en el cerebro de las masas desde la infancia, haciéndonos creer que las transacciones comerciales de todas las empresas afectan a la mejora de toda la ciudadanía y diciéndonos que estamos en un modelo “democrático” pero esto deja mucho que desear.

No vemos ningunos cambios fundamentales en los últimos 10 años que nos dura la crisis, más bien experimentamos como clase trabajadora bastantes retrocesos, con respecto a las conquistas que hicimos en la Transición, donde se llegaron a plantear e incluso a conseguir importantes reivindicaciones;  en algunos convenios se consiguió aprobar cláusulas para repartir algún porcentaje de los beneficios.

Antes se fomentaba más la economía social,  el cooperativismo y la solidaridad por los asalariados, cuestión casi olvidada en la actualidad por este  “sindicalismo domesticado” actual que ha abandonado la lucha político-social, quedando anclado en las garras del sistema con poca capacidad de crítica, porque las organizaciones están vacías y se tendrían que hacer mirar las direcciones cuál es la causa de tal estancamiento.

Los aparentes logros del inicio de la Transición han saltado por los aires y estamos observando un proceso muy reaccionario que está exterminando las conquistas, derechos y avances conseguidos con luchas y huelgas, algunas de ellas muy duras e incluso dramáticas, por la actuación de las fuerzas represivas que venían directas del franquismo.

La unidad en la acción en las luchas de la Transición entre socialistas, comunistas, anarquistas y cualquier trabajador que se considerase simplemente progresista o demócrata era admirable.

No importaba que unos fuesen reformistas y otros revolucionarios porque el objetivo y las reivindicaciones en una huelga o en una lucha, eran los mismos para toda la clase trabajadora.

Son las diferencias de las Direcciones sindicales y políticas entre reforma o revolución con sus disputas, las que dividen a la clase trabajadora porque hay demasiado sectarismo y oportunismo.

Eso ha seguido dividiendo al movimiento obrero de una forma tan terrible y paralizante que el nivel de conciencia de clase, que mayormente se fortalece en las luchas sociales, cayó de una forma peligrosa, pero ahora empieza de nuevo la clase trabajadora a ejercer los músculos y los batallones pesados del movimiento obrero empiezan a despertar a la lucha.

El empeoramiento de las condiciones de  trabajo indigna e impacienta a los asalariados, que sin saber si es reformista o revolucionario, se siente mucho más a la izquierda que sus direcciones y se ve obligado a luchar para recuperar lo que siente que le han estado robando durante estos largos años de crisis capitalista.

La pérdida salarial y del nivel de vida de las masas han sido tremendos por el robo que ha representado la aplicación de la Contra-Reforma Laboral del PP que desarrolló el Gobierno Rajoy.

Cada vez más trabajadores se están dando cuenta que el problema  básico es el sistema de reparto injusto y explotador que representa el capitalismo, que se radicaliza más tomando posiciones neofascistas con el surgimiento del Trifachito, que trae una política cada vez más injusta a favor de  privatizaciones y grandes capitales a los cuales defienden y sirven, como vemos ya en Andalucía.

Este sistema injusto está contaminado por la corrupción institucional heredada del franquismo y podrido hasta los  tuétanos,  carcomido por las putrefactas cloacas del Estado, que nunca fueron desinfestadas y las leyes laborales castigan al trabajador honrado que se parte el lomo para sacar adelante su familia mientras los corruptos se van de rositas.

La grave situación que sufre la juventud, sobreexplotada y que entiende que le han robado el futuro es intolerable,  mientras que la Justicia tarda 10, 15 y hasta 20 años en condenar los actos de corrupción,  porque lo dejan que “prescriban” o por “defecto de forma”,  la mayoría salen absueltos y encima, la lista de evasores de esos más de 2.000 ladrones de guante blanco,  siguen siendo secretas desde antes de Montoro, con Montoro y después de Montoro, que convierte en cómplice a ojos de la ciudadanía a todo Gobierno que no haya querido evitarlo.

El colmo de las injusticias después de tanto que han robado los empresarios, que apenas pagan impuestos en relación a lo que lo hacen los trabajadores, es la situación en la que quedan las personas que van al paro con más de 45 años, porque hasta los 30 ó 35 se les pide mucha “experiencia” y luego dicen que ya son mayores y quedan como desecho.

Muchos jóvenes bien preparados, terminan de estudiar y hasta con 2 y 3 carreras, con idiomas,  han tenido que estar de camareros, o salir al extranjero o en trabajos mal remunerados lo cual es una terrible injusticia que crea a su vez una tremenda frustración que más temprano o más tarde se expresará en rabia, indignación y frustración con luchas espontáneas y explosivas que aterrorizarán a los responsables de tantas injusticias, por lo que necesitamos organizarnos mejor.

Si nos mandan de nuevo a las urnas, ese cabreo se podría expresar en abstención abriéndoles el paso triunfal a las derechas “Trifachitas”. La movilización y la lucha contra la reacción es lo que nos podría dar la Victoria, pero para ello, las “direcciones responsables del fracaso de la investidura”, deberían prepararse para movilizar a la clase trabajadora, defendiendo un programa de izquierdas, unidos en la acción en  calles y  el Parlamento, porque divididos nos llevarán a la derrota.

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