Debe ser que el agua del Canal de Isabel II (ya no se llama así pero así se le seguirá llamando porque los madrileños no están a los cambios por culpa de las corruptelas) tiene algo extraño en su composición, algo que afecta principalmente a las personas de derechas. No cabe otra explicación ante la concentración de tanta incpacidad en esa franja de la política madrileña. En el sector de la izquierda andan a golpes todo el día (que si los posmodernos, que si los diversos, que si los populistas, que si los que no saben ni qué son), pero el cainismo tras el abandono de cualquier aproximación científica a la realidad es normal (incluso ha pasado en la derecha). Pero la derecha madrileña se lleva el premio gordo en esta época de clase política para echar de comer aparte.

Recuerden que cuando Albert Rivera llegó a la capital española parecía hasta liberal para acabar transformándose en el ser que es hoy. Lo mismo ocurre con diputadas y diputados, que al transcurrir de los meses y tomar el agua madrileña, acaban por creerse hasta importantes y con dotes intelectuales, y acaban dando pena. Pero la clase política madrileña, especialmente la de la derecha, ya estaba aquí cuando los demás llegaban. Ya llevaba años bebiendo al agua y respirando el aire tóxico por lo que deberían haber aprendido a convivir con el entorno, adaptarse o haber evolucionado. Da igual que hayan pasado tiempo en el extranjero viviendo, como es el caso de algún dirigente de Vox, los restos del agua quedan impregnados. La señora de las ranas y los sapos ya saben las majaderías que viene diciendo y las corruptelas que tuvo; algún ser extraño como Rosa Díez ya se sabe cómo ha quedado tras vivir un tiempo en Madrid. El único inmune parece M. Rajoy. El resto hacen de la inutilidad virtud porque no se puede explicar el espectáculo lamentable, contraviniendo incluso la legislación, que están ofreciendo.

Bien es sabido que la derecha patrimonializa las instituciones, creen que son suyas por derecho natural, pero de ahí a no cumplir ni con las leyes que desde la derecha se han dado es de manicomio o ser muy mediocre, o las dos. Resulta que en la Comunidad de Madrid tenían que convocar Pleno de Investidura de manera legal y el señor presidente, como su candidata tiene menos votos que el candidato de la izquierda, ha decidido convocar la sesión sin candidato/a. Esto supone que se llegará al día elegido (10 de julio) pudiendo votarse a dos o seis candidatos convirtiendo el propio pleno en una pantomima y llevándose la democracia representativa por delante. Como Isabel Díaz Ayuso tiene menos apoyos que Ángel Gabilondo, a la espera de que la ultraderecha se baje los pantalones, o quienes se rajen sean los dirigentes de Ciudadanos (como ya han hecho en Murcia), no se ha atrevido a señalar candidato.

Pero mejor aún ha sido la propuesta, a la que se ha acogido el diputado Alfonso Serrano (PP), de hacer un manifiesto para que haya un gobierno de centro derecha y liberal. Para eso debería estar algún partido en el centro, ese lugar inexistente al que todos los partidos adoran. Como cualquier dios vamos. Y  lo del liberalismo con lo económico no basta. Creen quienes han lanzado la campaña que esa presión hará que en Vox piensen en dar sus votos de forma gratuita a PP y Ciudadanos sin negociar ni una coma. Ya es complicado que en Vox piensen de forma racional, pero que cierta presión en las redes o manifiestos les haga pensar es aún más utópico. Rocío Monasterio no tiene nada que perder y, por otro lado, al no ceder a las presiones tiene el altavoz mediático que desean para seguir inoculando sus mensajes. Mientras en Ciudadanos quedan retratados, no sólo como cuñados, sino como más cobardes que la derecha cobarde, la ultraderecha logra sus propósitos. Aunque sean los mínimos, que tampoco están para pedir la rendición de Roma.

En el PP tampoco pueden tirar cohetes ni cargar toda la prueba de la culpa en Ciudadanos porque son ellos, con sus acuerdos que no cumplen (no han dado las concejalías firmadas a Vox), los que han provocado también este esperpento. Que la firma de un político o política del PP vale menos que una moneda de tres euros era conocido, pero pensaba Santiago Abascal que entre bomberos no se irían a pisar la manguera. Y más que pisarla a Vox no le han dejado ni acercarse a ella y acabarán pagando las consecuencias.

Todo es una completa inutilidad porque sus programas electorales en lo económico, que es lo importante al final, o lo que importa a los florentinos, botines y demás financieros de los partidos, son iguales. Desregulación de todo lo que se pueda e invasión, a cargo del erario público, de lo público. No es que primen la libertad sino que priman la acumulación por desposesión. Eso sí, la izquierda socialdemócrata, populista y postmoderna a verlas venir enfangados en la dialéctica cultural. Dándose codazos para salir en más fotos del Orgullo y ser los más de lo más, como demostró Manuela Carmena dejando abandonados los distritos de clase trabajadora. Gabilondo ni eso porque él está en ese lugar donde la metafísica se queda el perpetuidad del idealismo hegeliano.

La inutilidad que demuestran para lograr un acuerdo de mínimos cuando desde la derecha nadie reprocharía ese acuerdo, desde la izquierda dirían que han llevado a los fascistas a las instituciones (¡como si se hubieran ido alguna vez!), pero eso nunca le ha importado a la derecha. Siempre ha querido el poder para moralizar, explotar y dar las ganancias a sus amos. No son libres, ni lo pretenden ser, por lo que no tienen necesidad de aparentar el grado de inutilidad que demuestra Juan Trinidad, Ignacio Aguado (con sus tuits amenazando a Vox de hacer una pinza con el PSOE. ¡Sí como lo leen!) o los peperos que intentan poner paz entrambos.

Y para colmo José Luis Martínez Almeida y Begoña Villacís quitando maceteros por Madrid como símbolo de una lucha contra no se sabe bien qué. O prohibiendo conciertos de gente como Def con Dos por ser subversivos. Si es que no sólo son inútiles, ya que permitir el concierto les daría pátina de liberales, sino que son más carcas que José María Álvarez del Manzano o Alberto Ruíz Gallardón, que ya es decir. Si con no hacer nada ya tendrían mucho ganado, sólo tienen que fijarse en el carmenismo que con dos tontadas parecía que había cambiado la capital y, en realidad, era todo puro marketing de los biempensantes. Nunca menos políticas hicieron que pareciesen más. Pero como hay que hacer cosas nada mejor que meter la pata (cuando venga la multa de la UE por la contaminación que se la cobren a PP y Cs). Eso sí, no meten aún a Vox en los cargos importantes para que no les digan cosas cuando vayan al Orgullo, que el gaycapitalismo tiene mucha fuerza. La derecha inútil que luego intentan vendernos como la más capaz pero el agua de Madrid les debe afectar las neuronas… para mal claro.

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