Lo ideal sería vivir en un Edén donde no hubiese ningún tipo de escisiones, de confrontaciones, de antítesis, de disyuntivas sociales al fin y al cabo, pero eso sólo se encuentra en la antropología religiosa. La realidad es bien distinta y las sociedades democráticas tienen inmanentemente la protesta como mecanismo de exposición de las escisiones sociales que provoca el sistema en sí. Unas fricciones sistémicas que la clase política debería asumir como normales, por muy desagradables que puedan resultar, pero que no dejan de ser la expresión de una parte de la ciudadanía y un triunfo de la libertad. Justo esa misma palabra que no se les cae de la boca cuando se refiere a sus acciones es negada a los demás cuando la ejercen.

Cuando se niega esa capacidad de libertad de expresión, cuando se criminaliza al que disiente, cuando se quiere una sociedad callada y amordaza, entonces, justo en ese preciso momento, se está ante personas autoritarias. Un autoritarismo que han reflejado los dos grandes partidos de la derecha trifásica que pululan estos días por los pueblos y ciudades de España solicitando la confianza mediante el voto a la ciudadanía. Un autoritarismo de sonrisa fácil, verbo grácil (aunque cada vez más en desuso) y fotos con niños y niñas que saca su verdadero ser en cuanto un grupo de personas protesta en su cara. Esto ha sucedido en la pradera de San Isidro a donde han acudido los prebostes de la derechita a ganarse unos votos cuando la PAH ha protestado por los desahucios que se producen en la Comunidad. Por cierto, si se nos permite un inciso, no hay nada más ridículo que políticos con sus farfusas intentando imitar el gracejo chuleril de las gentes de Chamberí de toda la vida. Porque es mentira que los madrileños se vistiesen así para ir a las fiestas populares, algunos lo hacían y el resto iba como podían. Aunque el bombín siempre fue un tocado muy utilizado.

La Plataforma Antidesahucios se plantó en la pradera para pitar y lanzar consignas frente a la clase política que allí se congregó. Especialmente con la parte de la derecha que les insulta y apoya siempre a los bancos y fondos buitres sin siquiera molestarse en ofrecer una alternativa ocupacional. De hecho, son tan socialmente agresivos en la derecha que tienden a llamarles okupas, cuando son personas que se han quedado sin trabajo, o tienen uno basura que no les alcanza y en muchas ocasiones son expulsados de sus propias casas. Así que okupas no son, sino personas que por culpa del sistema capitalista se quedan en la calle y con las que habría que tener, si no solidaridad, al menos cierta condescendencia. Al final son ciudadanos protestando por un problema que existe en las grandes concentraciones urbanas con suma frecuencia.

La derecha cañí, empero, saca su rostro más autoritario cuando enfrentan una protesta. Así les ha sucedido a Begoña Villacís, Albert Rivera, José Luis Martínez-Almeida, Isabel Díaz Ayuso y Pablo Casado. No han soportado que les griten y protesten por las políticas que vienen desarrollando sus partidos en la región durante estos últimos años. Todos han respondido con acusaciones de totalitarismo, de incivismo, de agresión, de todo lo malo habido y por haber, cuando han sido gritos y protestas (seguramente algún insulto se ha escapado pero siendo Madrid, tierra de los insultos, es connatural al lugar en el que se estaba). Rápidamente los medios de la caverna han salido en defensa de sus políticos (si hubiese sido a Sánchez u otros dirían que se lo merece) manipulando imágenes y exagerando todo. Especialmente con el caso de Villacís porque está embarazada. Sabiendo que va a parir el viernes lo lógico, con el calor que hacía en la pradera, era haberla evitado el sofocón del clima y de la pitada. Como pueden ver, sorprendentemente, en video que mostramos de El Mundo, ni ha habido empujones, ni nada por el estilo. Es más han sido sus propios compañeros y escoltas los que le han agobiado.

Albert Rivera no ha tardado en tuitear e insultar a la ciudadanía que protestaba: “Así son los radicales totalitarios: no respetan ni a una mujer embarazada de 9 meses como Begoña Villacís. Lo único que han conseguido con su escrache de San Isidro es quedar retratados de nuevo. #NoNosCallarán y les vamos a ganar en las urnas el #26M. ¡Viva la libertad!”. Radicales totalitarios le vale al de Ciudadanos para Puigdemont o para ciudadanos que les increpan, demostrando no tener mucha capacidad lingüística, ni conceptual. Utiliza el victimismo de “una embarazada” a la que no han hecho nada más que gritar y pitar, algo propio el victimismo de parafascistas que se ocultan bajo máscaras liberales. Y lo gracioso, como les adelantábamos, es que recurre a la libertad para negar la libertad de expresión del otro. Dice ser liberal y John Stuart Mill, que sí lo era, le diría que las protestas sin agresiones son un beneficio para la sociedad. No es un escrache es una protesta que va en el sueldazo de cargo público.

Parece, especialmente entre la derecha, que ser cargo público concede cierto halo de divinidad que debe ser respetado por la muchedumbre (ellos no utilizan ciudadanía para la discrepancia), la cual se debe someter a los designios que marque esa clase política que se eleva por encima de la sociedad misma. Pues no señor Rivera, en su sueldo como representante, repetimos representante, está incluido el aguantar pitadas y gritos de protesta. Y si no le gustan es bien sencillo, se vuelve a Caixabank a vender producto financieros tóxicos como hacía antes. Y ¡cómo no! La candidata-Pop de mordiscos tobilleros también se ha lanzado a atacar a los totalitarios y populistas. ¡Verás el día que yendo por Madrid algún madrileño le diga que es gilipollas! Además regodeándose en la “g”, dirá que los madrileños son totalitarios también.

Y la otra parte de la derecha, esa que busca el centro sin encontrarlo, y que realmente no es más que un movimiento reaccionario del aznarismo también ha tenido su ración de protestas. Y como no podía ser menos, también se han quejado. José Luis Martínez-Almeida, después de quitarse la farfusa y dejar de hacer el ridículo, ha subido un video donde les pitaban en la caseta del PP. “Ningún escrache va a poder callarnos. No van a poder con nosotros. ¡A seguir! A defender la libertad de España y a ganar el #26M” ha escrito en twitter. Lo curioso es que haciendo apología de su libertad de expresión incide en negársela a los que protestaban. Defender la libertad en España o en Burundi, algo que Martínez-Almeida y otros no parecen entender, supone hacerlo para todos, incluidos, más si cabe, los que protestan. Y no iban contra ustedes sino en favor de esas personas que por la gestión que han dado desde el PP se encuentran en una situación de pobreza. Claro que eso igual no lo sabe porque se pasa el día buscando atascos en la moto para hacer videos. Isabel Díaz Ayuso, que debía estar enferma, no ha dicho nada y en Cuarto Milenio están investigándolo. Eso sí, se ha vestido con ropa “típica” de chulapo no se sabe muy reclamando qué, porque a la misa bien que acudió con vestido, aunque si toquilla.

El premio, eso sí, se lo ha llevado Alfonso Serrano que ha señalado a Podemos (sin pruebas) de ser el causante de las protestas y ha calificado a los desahuciados como okupas. No es extraña esa fijación para el insulto con la clase trabajadora. Todo el PP está trufado de un elitismo, en algunos casos contranatura, que prima los intereses de la clase dominante frente a los del resto de la ciudadanía. Por eso al desahuciado, al que un fondo buitre le sube el 400% el alquiler o el banco le quita su casa sin buscar soluciones, le llaman okupa, porque están ocupando propiedades de sus amos, de los mandan sobre ellos realmente, no de quienes les han votado. Hay que ser mala persona para decir que alguien que no tiene donde ir y van a echar de su casa es un okupa, pero en el PP son así. Y claro dice que han prometido más okupaciones sin aportar prueba alguna, como si su palabra bastase.

Que te griten y piten es desagradable, y si estás embarazada puede suponer un estrés muy grande cuando en dos días das a luz, pero los políticos, del signo que sean, deben comenzar a aprender que deben aguantar eso y todas las protestas que les vengan. El pueblo puede expresarse libremente aunque esté equivocado. Y si fuesen políticos con cierto grado de madurez intelectual y personal habrían acudido a charlar con esas personas aguantando de verdad. Va en el cargo preocuparse por las personas que están siendo administradas y más cuando las tienes delante. Que tienen últimamente la piel muy fina y la cara muy grande. Lo que es innoble es insultarlas y calificarlas de totalitarias pidiendo que se callen y no vayan más a protestar. Eso es autoritarismo y negación de esa palabra “libertad” que no se les cae de la boca pero que no saben realmente su significado.

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