Las más de 300.000 familias afectadas por la intervención del Banco Popular y la posterior incautación de su patrimonio se están encontrando con la falta de apoyo de los partidos políticos españoles, sobre todo los de la izquierda. Respecto a los conservadores —Partido Popular y Ciudadanos—, por su ideología liberal y de defensa del libre mercado, es entendible que no se inmiscuyan en la defensa de los afectados. Va implícito en su ADN la defensa de las élites empresariales y financieras. Sin embargo, la izquierda está siendo cómplice de esta operación del capitalismo más cruel con su silencio más absoluto y por dejar abandonados a las más de 300.000 personas del pueblo a su suerte.

En el último artículo de nuestro compañero Esteban Cano se desentrañan los puntos más importantes de la oferta que el Santander está haciendo a los afectados por la incautación del Popular. En el propio folleto que el banco cántabro ha presentado a la Comisión Nacional del Mercado de Valores se pueden leer aspectos como que «los bonos de Fidelización presentan complejidades que las hacen generalmente no convenientes para inversores minoristas como los beneficiarios». Si ya se reconoce que se trata de un producto complejo que no puede ir orientado al perfil de cliente al que se está dirigiendo la acción comercial nos encontramos ante una presunta estafa similar a la de las preferentes. Por otro lado, a los clientes que por su necesidad se vean obligados a firmar un producto enmarcado en una operación cruel y perversa, tal y como Cano explica en su artículo, se les obliga a firmar que conocen la complejidad del producto y que eximen de responsabilidad al Santander. ¿Se puede ser más sibilino? Llegados al punto en el que nos encontramos, evidentemente, hay que esperar un ensañamiento mayor con los más de 300.000 afectados.

Ante este ataque frontal del capitalismo más radical, ¿dónde está la izquierda? ¿Qué están haciendo? Han solicitado comparecencias del ministro Luis de Guindos o pidieron alguna que otra explicación en el Parlamento Europeo. Poco más. ¿Tanto le debe el PSOE al Santander? ¿Dónde está Podemos y su corriente anticapitalista? ¿Dónde están Urbán y Teresa Rodríguez? Se ha producido un ataque de la «casta» hacia el pueblo y no han movido un dedo.

El nuevo PSOE de Pedro Sánchez presume de ser la nueva izquierda o, simplemente, de ser de izquierdas. No lo están demostrando y se han convertido en cómplices de lo que los poderes económicos y las dictaduras privadas han hecho al pueblo al que dicen defender porque esas 300.000 familias son pueblo. Todo el mundo conoce los favores que el Santander le ha hecho en el pasado al Partido Socialista con refinanciaciones o condonaciones millonarias que a cualquiera de los mortales, empresario o particular, le hubieran sido denegadas. ¿Tan grande fue el favor que paraliza cualquier acción de defensa a quien, por ideología y decencia, están obligados a amparar? El cómplice silencio del PSOE da a entender que lo que afirman Pedro Sánchez y sus seguidores no es más que una burda añagaza.

El padre de Pedro Sánchez trabajó en el Banco Popular, como él mismo ha declarado, y fruto de eses trabajo le dio la formación para que alcanzara el lugar que ocupa ahora. Le dio disciplina, seriedad y dignidad. El incansable trabajo de su padre en el Popular hizo que Sánchez se forjara como hombre, como político y como una persona que debería saber de los sacrificios que un padre hace para que un hijo tenga una vida plena. Muchos de estos accionistas y trabajadores, compañeros de su padre, puedan ser afectados. Por esa sensibilidad y esa identidad con los empleados del Popular que han sido víctimas de esta operación y que lo han perdido todo, por empatía con ellos, Pedro Sánchez debería de estar mucho más implicado en resolver este tema que en permitir que con su cómplice silencio que esta atrocidad del Santander y de las dictaduras privadas supere al pueblo que lucha y se sacrifica día a día por el bienestar de sus familias.

Respecto a Podemos la cosa es más grave. Lo ocurrido con el Banco Popular y el Banco de Santander es una operación del capitalismo más salvaje y cruel promovida por los poderes financieros, políticos y económicos tanto de España como de Europa y, además, de los bancos custodios norteamericanos, los mismos que financiaron a Donald Trump y a Clinton. Sin embargo, el partido de Pablo Iglesias está de brazos cruzados. Ellos que siempre presumen de defender a la ciudadanía, de no depender de los bancos para mantener su independencia política e ideológica, o de defender las causas de la sociedad civil, en el caso de los afectados del Banco Popular ni siquiera se han pronunciado públicamente. Deben pensar en Podemos que las víctimas del rescate al Santander son parte de la «casta» más «casta», pero no es así. Cuando en Diario16 hablamos de las más de 300.000 familias afectadas nos estamos refiriendo a los minoristas no a los grandes potentados, nos estamos refiriendo a trabajadores, a pensionistas, a pequeños autónomos, no a especuladores profesionales que mueven millones de euros mientras se desayunan un croissant y un café con leche. Es decir, hablamos de la ciudadanía, del pueblo. Podemos acusa y ha acusado de que las instituciones están diseñadas desde 1978 para dar la espalda al pueblo. El partido de Pablo Iglesias está ahora en esas instituciones y está actuando en este caso de igual manera. Y todo esto, además, con el agravante de tener entre sus corrientes ideológicas el anticapitalismo. Por tanto, el progresismo del pueblo que defienden en Podemos también es una burda mentira.

La obligación moral, ideológica y política de la izquierda es ponerse del lado de los oprimidos por los poderes y las élites. En el caso de los 300.000 afectados del Popular tanto el PSOE como Podemos se han posicionado en la defensa del Santander porque su silencio en este tema es el más claro ejemplo de complicidad con las dictaduras privadas que coartan y destruyen nuestra democracia.

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