Han perdido el norte, el sur, el este y el oeste. Así es como cabe calificar hoy a la actitud de los dirigentes del procès en Cataluña. Desde que la bufonada de la proclamación en el Parlament acabó con Carles Puigdemont huyendo como un cobarde dejando en la estacada a sus compañeros de gobierno, poca salida tenían salvo ejercer el gobierno y reconducir la situación de una región que se viene desangrando por la incapacidad de gobierno de quienes están al frente de la misma. El apoyo que han recibido los políticos presos, por algo que parece a toda vista excesivo para el “supuesto” delito cometido, no está siendo tenido en consideración por Quim Torra y demás conmilitones. Hoy en día, por lo que dicen desde principalmente el PDeCAT, ningún partido de izquierdas puede apoyar el procès.

Quim Torra se lanza a pedir una solución “a la eslovena”, es decir, separarse de España a las bravas y si es necesario con el uso de la fuerza. No es que en Eslovenia hubiese 70 muertos como han advertido algunos opinantes, sino que la república balcánica era homogéneamente eslovena algo que no es Cataluña. Si Eslovenia pudo separarse, además de por el interés que había en la cancillerías europeas y en EEUU de destruir Yugoeslavia como se vería con Kosovo, es porque la práctica totalidad de la población deseaba esa separación por tradición, cultura y etnia. Algo que no sucede en Cataluña. La “guerra de los diez días” no se produciría nunca en el antiguo condado del reino de Aragón, sino más bien una entrada del ejército con la venia de la Unión Europea y la OTAN. Además de no contar con el apoyo de la mayoría de la población que allí habita. Por tanto Torra sólo debe buscar sangre, ya que el sentido común parece que no lo utiliza. O si piensa que el gobierno del PSOE no sería capaz de mandar al ejército es no saber con quién te estás jugando las habichuelas.

Podría ser la “salida eslovena” la boutade semanal del president y quedarse nada más que en eso. Pero está el huido de Bruselas que tiene su propia estrategia como es lograr que expulsen a España de Unión Europea por no respetar los derechos humanos y oprimirle a él mismo y sus amigos. Es incomprensible que estas cosas las pueda decir Puigdemont salvo que, como se junta con los partidos de extrema derecha europeos, le hayan prometido un apoyo que recibiría el cordón sanitario del resto de países. O igual piensa pedir ayuda a Vladimir Putin, que todo es posible. Lo que demuestra, empero, es que le importa muy poco la gente de Cataluña. Lean esta respuesta a la crítica sobre las huelgas que tiene la comunidad catalana: “Una de las estrategias del Gobierno español es impedir que hagamos república y también que hagamos buena autonomía. Si Catalunya dispusiese de los recursos y las competencias para gestionar esos recursos a los que tiene derecho, sin tocar la Constitución, probablemente muchas de las protestas habrían decaído antes”. La culpa es no tener competencias dice sin que se le caiga la cara de vergüenza. No hay un problema de gestión, de haber robado durante años las arcas públicas (el famoso 3%), del austericidio que aplicaron a lo social mientras nutrían a las cosas del procès.

No crean que se queda ahí la cosa sino que intenta convencer a las personas que el procès se “a partir del momento en que las exigencias y las demandas sociales no se pueden atender en el marco autonómico”. Justo por ello un partido de izquierdas En Comú Podem ha hecho otras políticas en favor de las personas sin problema y bajo el mismo marco legal que la Generalitat. Que no se pagase a las farmacias por falta de fondos no es una cuestión autonómica sino de mala gestión, algo que es incapaz de asumir Puigdemont. Y todo porque las cosas sociales, como buen neoliberal y burgués catalán, le importa lo justo. No tiene el dinero para hospitales, escuelas y demás temas, según la fábula del huido a Bruselas, por culpa de la “monarquía del 155”. Lo que le han venido criticando los partidos de izquierdas (los de la derecha españolista se han sumado sólo por molestar no por voluntad política) resulta que es culpa de los demás. Cuando le decían que se preocupase antes de esos temas que de las embajadas, ahí callaba.

En esta situación de huida hacia delante sin importarles las personas, las demandas de la clase trabajadora, donde no huyen del uso de la violencia física contra el otro, contra el que no quiere legítimamente la independencia, ningún partido de izquierdas puede apoyar eso. Parece que la charla de Pablo Iglesias con Oriol Junqueras no ha servido para refrenar a Torra y conmilitones. No es que se apoyen los presupuestos o no, sino que están dispuestos a morir matando en el amplio sentido de la expresión. No hay más que leer el manifiesto de Bandera Negra. Cuando se pierde el razonamiento, ningún partido de izquierdas, ni ningún demócrata puede defender el derecho a la autodeterminación como solución. Lo que era una petición legítima, en cuanto la violencia hace presencia, deja de estar encima de la mesa. Están intentando provocar a los partidos de derechas para ver si arrastran al gobierno hacia la violencia porque el procès está herido y sin salida posible. Y ahora que ERC parece que da un paso al lado e intenta encauzar las demandas nacionalistas, los burgueses del PDeCAT salen con el odio y la violencia.

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