Detrás de la hojarasca que están moviendo estos días los medios de propaganda del establishment sobre la coalición local más estrambótica, que lo único que pretende es tener entretenidas a las masas con el espectáculo y que no se vea lo que hay detrás, se está cociendo en los mentiros de la clase dominante una estrategia de altos vuelos. Se hacen proyecciones, habituados como están a hacerlas en sus empresas, de los posibles aconteceres políticos estatales. Porque así, sin que nadie se haya dado cuenta, llevamos casi dos meses sin que siquiera se haya planteado algo parecido a un acuerdo pre-gubernamental. Con excusas y amagos de negociación quienes han sido elegidos para representar la soberanía general están a otras cuestiones menos importantes que ganarse el sueldo trabajando en lo que deben. Y esto comienza a molestar en el establishment y a la Troika.

Que José Luis Ábalos diga que van a convocar en breve el pleno de investidura, cuando antes habían dicho que a finales de julio, no es baladí y sí un reflejo del enfado que existe en la clase dominante. No tanto porque ganen o pierdan ellos, que lo hacen en esta interinidad, sino porque pierde todo el mundo al estar completamente descolgados de todo lo que pasa a nivel internacional. La cuestión geoestratégica se está moviendo, incluyendo el intento de falsa bandera de EEUU con Irán, y la comercial muchísimo más. Se vislumbra ya una crisis de sobreproducción y en España está la clase política dedicada a mirarse al espejo y a vetar a los demás. Esto está molestando a los poderosos tanto como al pueblo, de ahí que Pedro Sánchez, dejando de lado las estrategias de camarlengo monclovita, se lance a convocar sin tener resueltos los posibles votos necesarios.

Ayer Ignacio Varela, desde El Confidencial, avisaba a Sánchez sobre la necesidad de hacer algo, de moverse en el sentido que quisiera (el autor prefería algo más naranja), pero con un programa firme. Esto de intentar jugar a criminalizar a los demás si no le apoyan porque sí e intentar sacar rédito en unas elecciones, porque le pasó a Rajoy, es no saber analizar los hechos y las coyunturas concluía el columnista. El camarlengo monclovita quería forzar la situación y ha tenido que salir Ábalos, que está en constante contacto con una fracción de la clase dominante, a decir que la investidura se presentará cuanto antes. Un cambio en la estrategia que puede provocar un giro inesperado en los apoyos que pudiera tener Sánchez. En el establishment manejan estos escenarios y, como adelanto, en todos no está Albert Rivera.

Primer escenario. Se pierde la primera votación de la investidura.

Se plantean en las zonas nobles de la clase dominante que Sánchez, al comprobarse que no logra formar una alianza estable con Pablo Iglesias (según cuentan en la reunión secreta del lunes disertaron sobre el significado del gobierno de cooperación sin llegar a acuerdo alguno, o lo que es lo mismo Sánchez le dijo que no quería ministros morados a ser posible), que el presidente en funciones no logre salir investido. Sería la segunda vez, record en España, que no lo consigue pero abriría la puerta a movimientos que ya se están perfilando en la clase dominante. Todo esto quedaría por los suelos si se consigue la investidura pero, a día de hoy, eso está más lejos de lo que quieren contar de verdad porque ni programática ni ministerialmente han avanzado algo.

En el PSOE no quieren poner sobre la mesa un programa de gobierno con Podemos que pueda ser debatido en los medios de comunicación y provocar un desgaste de Sánchez siendo probables unas nuevas elecciones. Al presidente y a algunos ministros les están intentando hacer ver desde el establishment que con el 34% de los escaños es una locura intentar un gobierno en solitario por la inestabilidad que eso generaría, como pasó en la última legislatura de M. Rajoy. Y más estando la situación catalana tan enquistada como está. No sería extraño que cada vez que le dicen eso al máximo mandatario filtrase sus reuniones con Iglesias como amenaza de otra posibilidad que no está cerrada. Ábalos, que es más político que el camarlengo, empero, sabe que el partido se está jugando ya y que nadie les garantiza ganar unas nuevas elecciones. Si se llega a ellas Sánchez sería el máximo responsable y lo difundirían así en TODOS los medios de comunicación. Una campaña insoportable.

Segundo escenario. Se fuerza la máquina para que Rivera caiga como presidente de Ciudadanos.

La segunda parte del escenario que maneja el establishment, si Sánchez no logra la investidura (o incluso si la logra con el apoyo de ERC) es aumentar la maquinaria mediática crítica para hacer caer a Albert Rivera. Como advertimos antes, en los cálculos del establishment no encaja el dirigente catalán, aunque sí Ciudadanos. Si se fijan, aprovechando la lección de Manuel Valls en Barcelona, los ataques a Rivera han comenzado a extenderse por todos los medios de la derecha mediática. Francesc de Carreras o Arcadi Espada como fundadores y primeros apoyos de Rivera ya han salido a criticarle y decirle claramente que se está equivocando. Salvador Sostres le ha calificado de incompetente sin más. Pero, y esto es importante, las críticas directas a la persona de Rivera han llegado desde El Imparcial y El Español. Estos dos medios son el boletín oficial del apoyo del establishment a Ciudadanos y ya han dado el primer aviso al “chaval”.

Lo dijimos hace meses, no le quieren al frente de “su” partido que para eso han puesto mucho dinero. Y ahora le van a hacer caer. Al “pequeño Bonaparte” (como le llama un poderoso de la construcción) no le dejarán ni llegar a la isla de Santa Elena. Ya le han avisado Pedro J. Ramírez y Victoria Prego de que o se aviene a razones, o caerá antes de que finalice el verano. Porque la campaña ha comenzado y aumentará de intensidad. Como es evidente al establishment no le preocupan sus pactos con Vox, lo ven hasta lógico y normal, lo que sí que no entienden es la manía que ha tomado a Sánchez. Saben que hay un odio personal, un creerse más que el propio personaje que le han dejado crear, un no haber entendido que, al fin y al cabo, no es más que un títere de lo que mandan de verdad. Si se fijan Inés Arrimadas no vio problema alguno con la actuación de Valls, pero al día siguiente fue reconvenida en la reunión de la dirección de Podemos para que atacara al político hispano-francés.

Rivera ha conseguido enfadar a la fracción constructora de la clase dominante porque el programa de expansión económica por vía de la demanda (infraestructuras y servicios) les conviene para tener flujo de caja y contratos con los que poder tener cierta estabilidad ahora que los proyectos internacionales van a bajar. Rivera también ha enfadado a la fracción financiera de la clase dominante porque no ha hecho caso a las advertencias de Ana Botín y sus edecanes de la CEOE que han pedido estabilidad mediante un gobierno de coalición o un pacto de gobierno que dote de estabilidad por cuatro años a España. Rivera ha llegado a enfadar a unos cuantos dirigentes, precisamente los más conectados con el establishment, por su cuñadismo y su cerrazón en querer ser el Califa en lugar del Califa. Realmente el dirigente naranja se ha creído que puede ser el líder de toda la derecha española y su secta que le rodea (muy cerrada y pelota al máximo) se lo reconfirma. Mientras que otros dirigentes con más capacidad analítica observan que los pactos con el PP han resucitado al PP, que Ciudadanos no ha ganado poder territorial y que la principal función que tenían en el sistema se evapora.

Tercer escenario. Un Ciudadanos sin Rivera apoya a Sánchez.

Cuando el presidente del Banco de Sabadell pidió un Podemos de derechas, reclama un partido liberal al estilo europeo que, de no ganar las elecciones por él mismo, pudiese ser el eje vertebrador a derecha (PP) e izquierda (PSOE) de la estabilidad política necesaria. Evitar que los nacionalistas echados al monte tengan capacidad de decisión o que la izquierda radical de Podemos pueda ejercer influencia en la economía política. Si Sánchez se niega a meter a Podemos en el Gobierno no es por algún tipo de personalismo, eso sólo lo tiene con Iglesias, pero aquí se habla del partido, sino que es porque le han avisado en esas reuniones semanales que tiene con distintos empresarios y gentes de la Troika de que por ahí mal camino. Ahora que ha enganchado el sillón monclovita no lo va a soltar tan fuerte. De ahí que, tanto Ábalos como él mismo no hayan puesto reparos a pactar con Ciudadanos. Ojo con Ciudadanos.

Si logran cargarse al dirigente naranja, que no va a ser fácil (aunque algún as guardan en la manga), Ciudadanos dirigido por Arrimadas (a la que han explicado en Bilderberg por dónde tiene que caminar) o por algún otro dirigente más moderado y fuera del círculo de exaltados de Rivera (tipo Garicano) negociaría con Sánchez un acuerdo gubernamental. Todo sobre el límite de nuevas elecciones para provocar que la militancia del PSOE apoye el acuerdo (ya apoyó el 80% el anterior) y Ciudadanos no se vea directamente implicado en el nuevo gobierno. Lo que no quiere decir que pasado el tiempo y, por necesidad, acabasen incorporándose al gobierno personas de Ciudadanos. A la militancia socialdemócrata se le diría que al no estar Rivera ya no se incumple el “Con Rivera No” y que, además, Pablo Iglesias es un radical que nada más que quiere cargos (aunque estos ya lo difunden las redes socialistas).

Cuarto escenario. Nuevas elecciones.

Si no pudiesen acabar con Rivera y hubiese que ir a nuevas elecciones porque el nacionalismo no apoya (y con una posible sentencia condenatoria a los secesionistas encima de la mesa), la clase dominante utilizaría todo su arsenal mediático, todos sus aparatos ideológicos para acabar con Ciudadanos como sea. Lo mismo que intentaron con Podemos pero desde el poder y contra uno de los suyos. Como hemos contado párrafo antes ya están en ello y no van a parar con cualquier excusa. De repente un día dejará de aparecer con Griso o Quintana, o aparecerá para ser criticado duramente. Día tras día le atacarán desde todos los medios hasta que Ok Diario saque el bombazo final.

Sánchez y Ábalos conocen perfectamente las intenciones del establishment y están jugando, legítimamente, a sus dos opciones. Bien hacen tragar sapos y culebras a Iglesias (nada de ministros morados) y ERC se abstiene, bien dejan a la clase dominante que haga su trabajo. No va a llorar quien recibió esas mismas andanadas hace un tiempo para abstenerse con Rajoy y sabe que la clase dominante puede hacerlo y más con Rivera. De hecho, sentiría un gusto especial el presidente porque odia con todas sus fuerzas al dirigente naranja pues le puso en evidencia con el plagio de su tesis. No lo perdona y es conocido que Sánchez es rencoroso y las guarda. Y aun cuando se estuviese gobernando un año, año y medio con Podemos y demás partidos, saben en el PSOE que el deseo de los que mandan es que Ciudadanos acabase entrando en el mismo (una especie de Gobierno de Salvación). Eso sí, sin Rivera al frente ya.

Todo esto no son más que los pensamientos que tienen en la clase dominante respecto a Rivera y el fin del cuñadismo ideológico. Arrimadas ya sabe en qué terreno se juega y espera su turno, como lo van a empezar a hacer otros gota a gota. Estos son los escenarios que manejan porque ven cómo el propio Sánchez cada vez está más lejos de Podemos. La Troika tiene controlada el área económica y con un partido liberal sensato entienden que el tema catalán se podría resolver de mejor forma. Además tener ciento ochenta y tantos diputados no es para despreciarlo. Ya advertimos que el establishment quería un gobierno PSOE-Cs y están en el camino de conseguirlo, tanto que ya preveían la caída de Rivera. Y, de momento, Ábalos ya ha comenzado a pedir abstenciones como pistoletazo de salida.

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