Sería por el año 2002/2003 cuando Ana Garrido estaba dejándose los codos para poder hacerse funcionaria de carrera del Ayuntamiento de Boadilla del Monte. Había ganado un concurso como Técnica de Juventud y quería consolidar la plaza. En esos momentos Ana era feliz con sus perros y con el esfuerzo realizado para asegurarse un futuro.

Obtuvo la plaza y, como siempre había hecho, se dedicó con empeño y buen tino a su labor municipal. Fuera de guerras de partidos y en favor de la ciudadanía de Boadilla. No contenta con eso, quiso desarrollar su carácter emprendedor abriendo una papelería, con vocación industrial, al albur del desarrollo empresarial que surgía en el municipio madrileño. Algo que complementase su vida como trabajadora municipal y no le costase un disgusto. Sin muchas pretensiones. Y, sin embargo, esa fue en parte su perdición. O más bien, la puerta por la descubrió lo oscuro y sucio de la política que desarrollaba el PP de Esperanza Aguirre.

 

Gracias a su pequeña tienda de suministros entendió y comprobó cómo se manejaban en la Gürtel. Y como se negó a jugar a ese juego y denunciarlo, su vida cambió radicalmente. Y de ser una ciudadana feliz y contenta, pasó a ser una apestada y a ser perseguida, incluso temiendo por su vida, por aquellos a quienes había denunciado. Para pasar el trago como mejor pudiese decidió solicitar una excedencia, ya que Arturo González Panero “el albondiguilla” le había degradado a las funciones básicas, e irse a trabajar en Costa Rica. De lo que mejor pudiese pero lejos del olor fétido que desprendía Boadilla del Monte.

Al volver y haber cambiado la alcaldía a manos de Antonio González Terol, creyó ingenuamente Ana que ya todo volvería a la normalidad. No sabía, en aquellos momentos, que en el PP dicen una cosa con la boca grande, pero de boquilla acaban apoyando a “los suyos” como en una entidad mafiosa. Y ella había quebrantado el silenzio stampa. Así que, después de sufrir un acoso laboral impresentable, solicitó la baja por enfermedad y denunció al Ayuntamiento por ese acoso sufrido.

Desde ese momento se ha dedicado a denunciar la situación en que se encuentran los denunciantes de corrupción en España, junto al teniente Segura entre otros, y a seguir desarrollando su faceta artística. Solo que esta vez no mediante la vía musical, sino mediante la confección y realización de Gotas de Alma. Piezas que va vendiendo por mercadillos y a través de internet. Porque esa es otra. A causa del acoso y la persecución recibida hubo de ir vendiendo el poco patrimonio que había ido haciendo en su vida. Muchas noches durmiendo en casa de amigos o amigas. Pasándolo mal para llegar a mitad de mes. Eso no se cuenta en estas historias. Así que los 100.000 euros que pagarán todos los vecinos de Boadilla de sus bolsillos gracias a sus alcaldes, le repondrán mínimamente de una vida machacada por tener ética y valentía.

En esta su última etapa de denunciante de una lacra social se han encontrado con gentes de todo tipo, pero especialmente políticos que no es que sea la clase de la que más fiarse porque viven pendientes de las encuestas. Se les han acercado todos los grupos políticos y todos les han prometido que sus reivindicaciones se plasmarán en una ley, pero la contingencia hace que sus esfuerzos vayan lentos. Y, por qué no decirlo, con algún grupo intentándoles manejarles para sus fines partidistas y mediáticos. La Justicia le ha dado la razón, la ciudadanía no sabe aún cómo darle las gracias.

Llega el tiempo de volver a la felicidad exenta de problemas no personales. De disfrutar de la vida con tranquilidad. De no mirar debajo del coche o hacia los lados temiendo que te pase algo, un accidente provocado o algo peor. Llega el tiempo en que Ana Garrido sea Ana otra vez. Ana y nada más que Ana. Siempre estará para ayudar a quienes como ella han dado ejemplo de un compromiso ético y ciudadano, pero recuperar su anonimato tampoco es algo a descartar. Seguramente no vuelva a la música, pero sí la disfrutará tranquila, mientras se tumba leyendo un libro y pensando que cualquier tiempo pasado fue peor. Ana Garrido una mujer que luchó (lucha) desde un compromiso ético que debería ser ejemplo.

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